
En el mundo de los negocios existe una regla que pocos empresarios pueden ignorar: la confianza tarda años en construirse, pero puede perderse en cuestión de horas. Eso fue precisamente lo que ocurrió con el empresario y cofundador de Rappi, Andrés Bilbao, quien terminó convertido en tendencia nacional tras publicar una oferta laboral que fue interpretada por miles de personas como una invitación a trabajar sin recibir un salario.
La publicación, realizada en LinkedIn para su empresa 30X, buscaba un creador audiovisual con “hambre de aprender” y “ganas de crecer”. Sin embargo, la frase que desató la tormenta fue una muy sencilla: “Ojo, esto no es pago”. Esa expresión fue suficiente para que las redes sociales reaccionaran con dureza y cuestionaran el mensaje que estaba enviando un empresario reconocido del ecosistema tecnológico colombiano.
Una publicación que chocó con la realidad laboral
El debate fue inmediato porque la convocatoria apareció en un contexto donde miles de jóvenes profesionales denuncian dificultades para conseguir empleos dignamente remunerados.
Para muchos usuarios, la publicación transmitía la idea de que la experiencia debía ser suficiente compensación por el trabajo realizado, un mensaje que fue considerado desconectado de la realidad económica de quienes necesitan un ingreso para vivir.
Las críticas no tardaron en multiplicarse y en redes sociales aparecieron comentarios calificando a Bilbao como un “vende humo”, una expresión popular utilizada para describir a personas que, según sus críticos, prometen grandes oportunidades sin ofrecer beneficios reales. Ese calificativo surgió entre numerosos usuarios como una reacción a la forma en que fue presentada la oferta, aunque también hubo quienes defendieron al empresario y pidieron esperar una explicación antes de sacar conclusiones.
El costo de una mala comunicación
Lo más llamativo del episodio no fue únicamente la publicación, sino la velocidad con la que la crisis escaló.
En comunicación de crisis existe un principio conocido: cuando un mensaje es ambiguo, el público llena los vacíos con su propia interpretación.
Eso fue exactamente lo que ocurrió.
En cuestión de horas, la conversación dejó de ser una oferta laboral para convertirse en un debate sobre la cultura empresarial, el valor del trabajo y la responsabilidad de los líderes de compañías que tienen una enorme influencia sobre miles de emprendedores.
El giro inesperado: borrar el mensaje y pedir disculpas
Ante la avalancha de críticas, Andrés Bilbao eliminó la publicación y posteriormente reconoció públicamente que el mensaje nunca debió publicarse.
En declaraciones entregadas a Semana, afirmó que la publicación fue producto de errores operativos y asumió la responsabilidad como fundador de la compañía. También señaló que la convocatoria sí contemplaba un pago desde el inicio, pero que esa información nunca apareció en el texto que se hizo viral, lo que llevó a que el público entendiera que se trataba de un trabajo completamente gratuito.
Su explicación incluyó una frase que resume la magnitud del error:
“El post que vieron nunca debió existir.”
Con esa declaración, el empresario terminó reconociendo que la comunicación había sido equivocada.
Cuando pedir disculpas ya no basta
Aunque las disculpas son un paso importante en cualquier manejo de crisis, no siempre logran reparar inmediatamente el daño reputacional.
En la economía digital, la reputación es uno de los activos más valiosos de un emprendedor. Un error de comunicación puede permanecer durante años porque las capturas de pantalla, las publicaciones y las discusiones continúan circulando incluso después de que el contenido original haya sido eliminado.
En ese sentido, el mayor desafío para Andrés Bilbao no será demostrar que la vacante sí tenía remuneración, sino reconstruir la confianza de quienes interpretaron inicialmente que promovía el trabajo sin pago.
Más allá de la polémica, este episodio deja una lección para cualquier empresario, creador de contenido o líder de organización: la comunicación también hace parte del producto que una empresa ofrece.
Una sola frase mal redactada fue suficiente para generar una crisis nacional, obligar a borrar una publicación y terminar ofreciendo explicaciones públicas.
También demuestra que las redes sociales se han convertido en un mecanismo de control ciudadano capaz de exigir rectificaciones cuando consideran que un mensaje resulta contrario a las expectativas sociales.
En un mercado donde la confianza es tan importante como el talento, la credibilidad puede convertirse en el recurso más difícil de recuperar una vez que se pone en duda.