La inteligencia artificial ya llegó a Colombia: el gran reto es aprender a controlarla y protegerla.

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ANDICOM 2026 puso sobre la mesa dos desafíos que parecen lejanos, pero que terminarán afectando la vida cotidiana de los colombianos: el uso responsable de la inteligencia artificial y la preparación del país frente a la computación cuántica.

Cartagena, 1 de septiembre de 2026. — Cuando se habla de inteligencia artificial, muchas personas todavía piensan en robots, aplicaciones que escriben textos o herramientas capaces de crear imágenes y videos. Pero la discusión que comenzó este martes en Cartagena, durante ANDICOM 2026, demuestra que la conversación ya está en otro nivel.

El verdadero debate ahora es cómo va a utilizar Colombia la inteligencia artificial, quién va a controlarla y cómo vamos a proteger nuestra información cuando la tecnología sea todavía más poderosa.

Y esto no es un asunto exclusivo de los grandes empresarios o de los ingenieros. Tiene relación directa con el ciudadano que tiene una cuenta bancaria, con el trabajador que teme que una máquina pueda reemplazar parte de su empleo, con el pequeño comerciante que quiere utilizar tecnología para vender más y con cualquier persona que entrega sus datos a una empresa o a una entidad pública.

Por eso lo ocurrido en el primer día de la agenda académica de ANDICOM 2026 merece atención.

El país está entrando en una nueva etapa.

Durante el CINTEL AI Forum se habló de algo que puede parecer complicado: la gobernanza de los agentes de inteligencia artificial.

Pero detrás de esa expresión hay una idea muy sencilla.

Si una inteligencia artificial comienza a tomar decisiones o realizar tareas de manera autónoma, alguien tiene que establecer las reglas.

¿Quién responde si se equivoca?

¿Qué información puede utilizar?

¿Cómo se puede comprobar por qué tomó una determinada decisión?

¿Hasta dónde puede actuar sin que intervenga un ser humano?

Estas preguntas serán cada vez más importantes.

Colombia no puede cometer el error de pensar que modernizarse significa simplemente comprar tecnología.

Modernizarse también significa saber utilizarla y establecer límites.

Una inteligencia artificial puede ayudar a una empresa a ser más productiva, pero también puede equivocarse. Puede facilitar el trabajo de una entidad pública, pero también puede utilizar información de manera inadecuada si no existen controles.

Por eso la gobernanza de la IA no debe verse como una barrera para la innovación.

Por el contrario, es la condición para que la sociedad pueda confiar en esa tecnología.

¿Y qué significa esto para el colombiano común?

Mucho.

Pensemos en algo tan cotidiano como solicitar un crédito.

En el futuro, cada vez más entidades podrán utilizar inteligencia artificial para analizar información y determinar si una persona puede acceder a determinados servicios.

Ahora imaginemos que el algoritmo se equivoca.

¿Quién reclama?

¿Quién revisa la decisión?

¿Puede una persona exigir que un funcionario intervenga?

Ese es el tipo de preguntas que Colombia tendrá que responder.

Lo mismo puede ocurrir con la contratación laboral, los seguros, la educación, los servicios públicos y muchas otras actividades.

Por eso la inteligencia artificial no solamente debe ser eficiente.

También debe ser transparente, segura y responsable.

El segundo desafío puede parecer todavía más lejano.

Mientras Colombia comienza a discutir cómo gobernar la inteligencia artificial, los expertos también están mirando hacia una tecnología que puede cambiar las reglas de la seguridad digital: la computación cuántica.

Aquí es donde aparece el concepto de ciberseguridad poscuántica.

Explicado de manera sencilla, nuestros sistemas digitales utilizan actualmente métodos de cifrado para proteger información.

Ese cifrado ayuda a proteger nuestras comunicaciones, nuestras transacciones bancarias, documentos y datos personales.

Pero la computación cuántica podría llegar a tener una capacidad de procesamiento capaz de poner en riesgo algunos de los mecanismos de seguridad que hoy utilizamos.

Por eso aparece una preocupación conocida como “capturar hoy, descifrar después”.

Alguien podría obtener información cifrada hoy y conservarla hasta que la tecnología permita descifrarla.

Puede parecer ciencia ficción, pero precisamente por eso los expertos están diciendo que la preparación debe comenzar antes de que exista una crisis.

Colombia no puede esperar a que el problema aparezca

Este punto es fundamental.

Cambiar la seguridad digital de un país no es como actualizar una aplicación en un teléfono.

Colombia tiene bancos, hospitales, empresas de telecomunicaciones, entidades públicas, universidades y miles de compañías que manejan información sensible.

Si esos sistemas tienen que migrar hacia nuevas tecnologías de seguridad, será necesario hacerlo de manera organizada.

Por eso CINTEL viene impulsando una Mesa Sectorial de Criptografía Poscuántica, en la que participan entidades públicas, empresas y academia.

La idea es comenzar a construir desde ahora las recomendaciones que permitan al país prepararse.

Eso es prevención.

Y en materia de seguridad digital, prevenir puede ser muchísimo menos costoso que reaccionar después de un ataque o de una vulnerabilidad.

¿Qué gana Colombia con todo esto?

Aquí está la parte que más debería interesarnos.

La tecnología no es importante simplemente porque sea moderna.

Es importante cuando mejora la vida de las personas y hace más fuerte al país.

Una inteligencia artificial bien utilizada puede ayudar a una empresa colombiana a producir más con los mismos recursos.

Puede ayudar a una pequeña compañía a competir con empresas mucho más grandes.

Puede facilitar procesos del Estado.

Puede mejorar servicios.

Puede ayudar a analizar grandes cantidades de información.

Y puede abrir nuevas oportunidades laborales para personas capacitadas en estas tecnologías.

Pero existe otra ganancia que muchas veces pasa desapercibida: la competitividad internacional.

El mundo está entrando en una economía en la que los países que sepan aprovechar la inteligencia artificial tendrán ventajas sobre aquellos que se queden atrás.

Colombia necesita estar en ese grupo que adopta la tecnología, no en el grupo que simplemente observa cómo otros países avanzan.

Pero también hay una responsabilidad social

Aquí aparece uno de los grandes retos.

No podemos hablar de inteligencia artificial solamente desde la perspectiva de las grandes compañías.

Colombia tiene millones de trabajadores, pequeños comerciantes, emprendedores y personas que todavía tienen dificultades para acceder a tecnología y educación de calidad.

Si la inteligencia artificial se concentra únicamente en quienes tienen dinero y conocimiento para utilizarla, la brecha social puede hacerse todavía mayor.

Por eso el país necesita invertir también en educación digital.

No solamente necesitamos ingenieros.

Necesitamos trabajadores de todas las áreas que sepan convivir con estas herramientas.

Un contador debe entender cómo puede utilizar IA.

Un periodista debe conocer sus riesgos.

Un abogado tendrá que comprender sus implicaciones.

Un empresario debe saber cómo proteger los datos de sus clientes.

Y un ciudadano común debe saber qué ocurre con la información que entrega cuando utiliza una herramienta digital.

El mensaje de ANDICOM es más grande que la tecnología

La agenda que comenzó este 1 de septiembre en Cartagena plantea una discusión que Colombia no puede aplazar.

La inteligencia artificial puede convertirse en una extraordinaria oportunidad para aumentar la productividad y generar desarrollo.

Pero esa oportunidad solamente será positiva si viene acompañada de reglas claras, educación, seguridad y responsabilidad.

Y la discusión sobre computación cuántica demuestra algo todavía más importante: en tecnología, esperar a que llegue el problema puede significar llegar demasiado tarde.

Colombia tiene ahora la posibilidad de prepararse.

Puede desarrollar talento.

Puede fortalecer sus empresas.

Puede proteger mejor la información de sus ciudadanos.

Puede modernizar el Estado.

Puede crear nuevas oportunidades económicas.

Pero para conseguirlo necesita entender que la transformación tecnológica no consiste solamente en tener acceso a las últimas herramientas.

Consiste en tener la capacidad de utilizarlas para construir un país más productivo, más seguro y con mayores oportunidades para todos.

Ese es, quizás, el verdadero significado de ANDICOM 2026.

La inteligencia artificial ya no es el futuro.

Es el presente.

Y el gran desafío para Colombia no es decidir si quiere entrar en ese futuro.

Es decidir qué papel quiere jugar en él.