Cómo pasar de empleado a CEO: 5 historias de éxito y riqueza.

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Durante años se ha repetido que para crecer profesionalmente hay que cambiar constantemente de empresa, buscar un mejor salario y aprovechar cada oportunidad para dar el siguiente salto. Sin embargo, existen historias que muestran que también puede existir otro camino: permanecer durante décadas en una misma compañía, asumir nuevas responsabilidades y participar, directa o indirectamente, en el crecimiento de ese negocio.

Los casos de ejecutivos como Mary Barra en General Motors, Satya Nadella en Microsoft, Bob Iger en Disney y Elliott Hill en Nike muestran una característica común: ninguno llegó a la cima de un día para otro. Sus carreras estuvieron construidas sobre décadas de experiencia, cambios de responsabilidades y una evolución profesional dentro de organizaciones que terminaron confiando en ellos para ocupar las posiciones más importantes.

Uno de los ejemplos más llamativos es el de General Motors. Mary Barra ingresó a la compañía siendo muy joven y comenzó trabajando en áreas operativas. Con el paso de los años ocupó diferentes cargos hasta llegar a la dirección ejecutiva. En 2014 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de CEO de uno de los grandes fabricantes de automóviles del mundo.

La historia de Satya Nadella tiene otra particularidad. Llegó a Microsoft como ingeniero en 1992 y durante más de dos décadas fue ascendiendo dentro de la organización. Su conocimiento de áreas como computación en la nube terminó siendo determinante para su nombramiento como CEO en 2014. Bajo su liderazgo, Microsoft experimentó una transformación profunda y aumentó de manera extraordinaria su valor en el mercado.

Bob Iger también construyó su carrera de manera progresiva. Antes de convertirse en uno de los hombres más importantes de Disney, trabajó en televisión y fue adquiriendo experiencia dentro de la industria del entretenimiento. Su etapa al frente de Disney estuvo marcada por decisiones estratégicas de enorme impacto, entre ellas las adquisiciones de Pixar, Marvel, Lucasfilm y posteriormente 21st Century Fox.

En Nike aparece otro ejemplo de una carrera prácticamente construida dentro de una sola compañía. Elliott Hill comenzó como becario y fue pasando por diferentes posiciones durante décadas. Después de retirarse, regresó a la empresa para asumir como CEO en 2024.

Estos casos tienen algo en común, pero también esconden una lección que muchas veces se pierde cuando se cuentan estas historias: permanecer muchos años en una empresa no garantiza convertirse en millonario ni mucho menos en CEO.

La verdadera diferencia está en cómo evolucionó la carrera.

El salario no fue necesariamente la mayor fuente de riqueza

Cuando se habla de grandes ejecutivos suele pensarse inmediatamente en salarios de millones de dólares. Pero una parte importante de la riqueza de los altos directivos de grandes compañías puede estar relacionada con acciones, opciones sobre acciones y otros mecanismos de compensación vinculados al desempeño de la empresa.

Y aquí aparece una idea fundamental para entender cómo funciona la creación de patrimonio.

Un salario se recibe y se gasta. Una participación en una empresa puede aumentar de valor mientras la compañía crece.

Por eso, alguien que recibe una compensación basada parcialmente en acciones durante muchos años puede terminar acumulando un patrimonio muy superior al que tendría únicamente con su salario.

En otras palabras, no solamente trabajaron para la empresa: terminaron participando económicamente en el crecimiento de la empresa.

La importancia de no empezar desde la cima

Hay otro elemento que merece atención.

Ninguno de estos casos demuestra que sea necesario comenzar siendo ejecutivo para llegar a la dirección. Al contrario, varias de estas historias muestran que conocer la operación desde abajo puede convertirse en una ventaja profesional.

Trabajar cerca de los productos, los clientes, los trabajadores y los procesos internos permite conocer una compañía de una manera diferente a quien llega directamente desde afuera.

Eso puede explicar por qué algunas grandes corporaciones prefieren promover a personas que llevan años dentro de la organización.

Conocen la cultura, conocen los problemas y entienden cómo funciona el negocio.

Pero tampoco significa que nunca haya que renunciar

Aquí está probablemente la conclusión más importante.

La historia de estos ejecutivos no debería interpretarse como un mensaje de “nunca renuncies”.

Hay personas que necesitan cambiar de empresa para aumentar sus ingresos, adquirir nuevas habilidades o encontrar mejores oportunidades. Permanecer en un lugar donde no existe crecimiento también puede convertirse en una trampa.

La verdadera lección es diferente:

si una empresa ofrece posibilidades reales de crecimiento profesional y, además, permite participar en su creación de valor, quedarse puede convertirse en una estrategia patrimonial.

La permanencia tiene sentido cuando viene acompañada de evolución.

Del trabajador al propietario

Quizás la enseñanza más interesante de estas historias no está en el cargo de CEO.

Está en la transformación de la relación con la empresa.

Una persona puede comenzar vendiendo productos, trabajando en una línea de producción, como ingeniero o en un cargo administrativo. Pero si con el tiempo adquiere responsabilidades, aumenta su capacidad de decisión y recibe participación accionaria, su relación económica con la compañía puede cambiar completamente.

Pasa de ser solamente un trabajador a convertirse también en beneficiario del crecimiento empresarial.

Y ahí está una de las grandes diferencias entre ganar dinero y construir patrimonio.

Ganar dinero depende principalmente de cuánto se recibe.

Construir patrimonio depende de cuánto se conserva, cuánto se invierte y cuánto puede crecer ese capital con el paso del tiempo.

La lección para el trabajador común

Evidentemente, no todas las personas tendrán la oportunidad de convertirse en CEO de una multinacional. Pero la enseñanza sí puede aplicarse a cualquier trabajador.

Antes de aceptar un empleo, no solamente habría que preguntar cuánto pagan.

También sería importante preguntar:

¿Hay posibilidades de crecimiento?

¿La empresa ofrece bonos o participación en acciones?

¿Puedo adquirir nuevas habilidades?

¿Existe una carrera profesional dentro de la organización?

Porque un empleo puede ser simplemente una fuente de ingresos mensuales o puede convertirse en una plataforma para construir una carrera y, eventualmente, un patrimonio.

Las historias de estos cinco ejecutivos demuestran que las grandes fortunas no siempre comienzan con grandes cargos.

A veces comienzan con un puesto aparentemente pequeño, una oportunidad, muchas decisiones acertadas y algo que resulta cada vez más difícil de encontrar en el mundo laboral moderno: la capacidad de pensar a largo plazo.

La gran pregunta, entonces, no es si hay que quedarse o renunciar.

La pregunta es otra:

¿Lo que estoy haciendo hoy me está acercando a tener más ingresos, más experiencia y más patrimonio dentro de diez o veinte años?

Porque trabajar durante décadas puede ser una oportunidad extraordinaria.

Pero solamente cuando el tiempo también está trabajando a favor del trabajador.