¿Vuelve la esperanza para comprar vivienda? Esta es la propuesta de Camacol y el nuevo programa Casa Milagro.

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Para millones de colombianos, tener una vivienda propia sigue siendo uno de los sueños más difíciles de alcanzar. Los altos precios, las tasas de interés, el costo de la cuota inicial y la reducción de los subsidios han hecho que muchas familias simplemente renuncien a comprar casa.

Ese es el panorama que hoy preocupa al sector de la construcción y que llevó a Camacol a presentar una propuesta para reformar el programa de subsidios de vivienda, mientras el gobierno entrante de Abelardo De La Espriella anunció que quiere relanzarlo bajo el nombre de Casa Milagro.

Pero la pregunta más importante es: ¿qué significa todo esto para una familia colombiana?

La construcción atraviesa uno de sus momentos más difíciles.

El presidente de Camacol, Guillermo Herrera, presentó cifras que muestran una fuerte desaceleración del sector.

Los nuevos proyectos de vivienda están disminuyendo, las ventas siguen cayendo y cada vez se inician menos obras de construcción.

Esto no solo afecta a las constructoras. También impacta a miles de trabajadores que viven de este sector, como albañiles, maestros de obra, ingenieros, arquitectos, electricistas, plomeros, transportadores y fabricantes de materiales de construcción.

Cuando se construyen menos viviendas, también se genera menos empleo.

Según Camacol, Colombia terminó construyendo cerca de 109.000 viviendas durante el último año, una cifra similar a la registrada hace quince años.

En otras palabras, el sector constructor perdió gran parte del crecimiento que había logrado durante la última década y media.

Cada vez menos familias pueden comprar vivienda

Quizás el dato que más preocupa no tiene que ver con las constructoras, sino con las familias.

Camacol asegura que durante los últimos cuatro años más de 140.000 hogares desistieron de comprar vivienda, y la mayoría buscaba adquirir una vivienda de interés social (VIS).

¿Por qué ocurrió?

Porque muchas personas ya no cumplen los requisitos para acceder a un crédito, los subsidios disminuyeron y el costo de financiar una vivienda aumentó.

El gremio incluso afirma que antes ocho de cada diez hogares de menores ingresos podían acceder a una vivienda, mientras que hoy esa posibilidad se habría reducido a poco más de dos hogares de cada diez.

Si esta percepción refleja la realidad del mercado, significa que el sueño de tener casa propia se ha alejado para miles de colombianos.

¿Qué propone Camacol?

La propuesta no consiste simplemente en entregar más subsidios.

La realidad es que el Estado también enfrenta problemas económicos y no dispone del mismo presupuesto de años anteriores.

Por eso Camacol plantea algo diferente: hacer que el programa cueste alrededor de un 40 % menos al Gobierno, pero sin dejar de beneficiar a las familias.

¿Cómo?

La propuesta busca dirigir mejor los recursos.

En lugar de repartir ayudas de la misma forma, plantea concentrarlas en los hogares que realmente tienen menores ingresos.

También propone dejar de utilizar únicamente el SISBÉN como criterio de selección y verificar directamente los ingresos de las familias.

Además, plantea priorizar el subsidio para la cuota inicial, que suele ser uno de los mayores obstáculos para comprar vivienda, y reducir algunos apoyos adicionales, como ciertos subsidios a la tasa de interés.

La idea es que el mismo presupuesto alcance para beneficiar a más personas.

¿Qué ganaría una familia si esta propuesta funciona?

Para quienes sueñan con comprar vivienda, los beneficios podrían ser importantes.

Si el programa logra focalizar mejor los recursos, más hogares de bajos ingresos podrían recibir ayuda para completar la cuota inicial y acceder a un crédito hipotecario.

Eso significaría que muchas familias que hoy pagan arriendo podrían tener una nueva oportunidad para convertirse en propietarias.

También podría aumentar la oferta de vivienda nueva, ya que las constructoras tendrían mayor demanda y más incentivos para desarrollar nuevos proyectos.

¿Y qué gana la economía?

Aquí aparece un aspecto que muchas personas pasan por alto.

Cuando se construye una vivienda, no solo gana quien la compra.

También trabajan empresas que producen cemento, acero, ladrillos, vidrio, pintura, puertas, ventanas y acabados.

Se movilizan transportadores, ferreterías, diseñadores, arquitectos, ingenieros y miles de trabajadores de diferentes oficios.

Por eso la construcción suele considerarse uno de los sectores que más empleo genera en Colombia.

Si el mercado de vivienda vuelve a crecer, también podría aumentar el empleo y mejorar el movimiento económico en muchas regiones del país.

La tecnología también quiere transformar la construcción

Camacol no solo habló de subsidios.

El gremio presentó además una hoja de ruta para incorporar inteligencia artificial en el sector constructor.

Aunque la mayoría de las empresas considera que esta tecnología será fundamental en el futuro, muy pocas la utilizan actualmente.

La idea es que la inteligencia artificial permita diseñar proyectos con mayor precisión, reducir desperdicios de materiales, optimizar tiempos de construcción y disminuir costos.

Si esas mejoras se consolidan, el beneficio no sería únicamente para las constructoras. También podría traducirse en proyectos más eficientes y, en el largo plazo, en viviendas con procesos de construcción más rápidos y competitivos.

El reto del nuevo gobierno

El gobierno entrante de Abelardo De La Espriella ha prometido construir un millón de viviendas y reactivar los subsidios mediante el programa Casa Milagro.

Sin embargo, anunciar una meta es apenas el primer paso.

El verdadero desafío será encontrar los recursos para cumplirla, mantener la estabilidad de las finanzas públicas y lograr que las ayudas lleguen realmente a quienes más las necesitan.

El análisis

La propuesta de Camacol parte de una realidad que pocos discuten: cada vez es más difícil para una familia colombiana comprar vivienda propia.

El debate no es solamente cuántos subsidios entregar, sino cómo utilizar mejor el dinero disponible para beneficiar al mayor número posible de hogares.

Si el nuevo programa Casa Milagro logra combinar subsidios bien focalizados, una mayor construcción de vivienda y reglas claras para acceder a los beneficios, miles de familias podrían volver a tener una oportunidad real de dejar el arriendo y convertirse en propietarias.

Pero si las promesas no se traducen en recursos suficientes y una ejecución eficiente, el riesgo es que el déficit de vivienda continúe creciendo y que el sueño de la casa propia siga alejándose para buena parte de los colombianos.

En últimas, esta discusión no es solo sobre construcción o subsidios. Se trata de decidir si Colombia puede volver a ofrecerles a las familias la posibilidad de construir patrimonio, estabilidad y un mejor futuro a través de una vivienda propia.