
Durante años, Presto fue una de las marcas conocidas por los colombianos cuando se trataba de comer hamburguesas. Pero hoy la empresa que maneja esta cadena atraviesa una de las situaciones más difíciles de su historia: la Superintendencia de Sociedades ordenó su liquidación judicial después de que fracasara su intento de reorganizar las deudas.
La noticia deja una pregunta: ¿cómo puede una empresa que vende millones de pesos en hamburguesas terminar en esta situación?
Para entenderlo, hay que mirar sus cuentas.
Las cuentas que ayudan a explicar la crisis
Según las cifras publicadas sobre la empresa, durante 2025 Presto tuvo ingresos de aproximadamente $109.078 millones. Sin embargo, terminó ese año con pérdidas de $6.349 millones.
¿Qué significa eso?
Imaginemos que una empresa recibe $100 por vender sus productos, pero entre comprar los ingredientes, pagar los salarios, los arriendos, los servicios públicos y cubrir los demás gastos termina gastando más dinero del que le queda.
Aunque haya vendido mucho, el negocio puede terminar perdiendo plata.
Eso ayuda a entender lo que ocurrió con Presto: tener clientes y vender hamburguesas no era suficiente para garantizar que el negocio estuviera funcionando bien financieramente.
Una deuda de $31.000 millones
El otro problema eran las deudas.
Presto había entrado en un proceso para tratar de ponerse al día con sus acreedores, es decir, las personas y empresas a las que les debía dinero.
En abril de 2026 se aprobó un acuerdo para reorganizar obligaciones por cerca de $31.000 millones. La idea era darle tiempo a la compañía para pagar y permitirle continuar trabajando.
Pero hay una diferencia importante: que los acreedores acepten esperar para recibir su dinero no significa que la empresa ya esté salvada.
La compañía también necesita tener dinero para comprar los alimentos, pagar a sus empleados, cubrir los arriendos y mantener abiertos sus restaurantes.
Si el dinero que entra no alcanza para cubrir esos gastos y las obligaciones que siguen venciendo, la crisis puede continuar.
Eso fue lo que terminó poniendo en peligro el plan de recuperación de Presto.
¿Por qué no pudo recuperarse?
La empresa no logró sostener su acuerdo de reorganización y enfrentó problemas para cumplir sus obligaciones.
En términos sencillos, intentó organizar sus deudas para seguir funcionando, pero no consiguió superar las dificultades económicas que tenía.
La liquidación judicial es el paso que busca resolver esa situación mediante la administración y venta de los bienes de la compañía para atender las obligaciones pendientes, de acuerdo con las reglas legales.
Esto no significa que los $31.000 millones sean exactamente el dinero que perdió la empresa. Son obligaciones económicas reportadas dentro del proceso de reorganización.
Tampoco significa que todo el dinero que recibió por sus ventas se haya convertido en ganancias. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas diferentes.
¿Van a desaparecer las hamburguesas Presto?
No necesariamente.
La liquidación de la empresa que opera la cadena no significa, por sí sola, que la marca tenga que desaparecer para siempre.
La posibilidad de vender el negocio se ha planteado como una alternativa para evitar el cierre de los restaurantes. Si aparece un comprador dispuesto a invertir y mantener la operación, algunos o todos los establecimientos podrían tener una oportunidad de continuar.
Pero todavía no se puede asegurar que eso vaya a ocurrir.
Si no aparece una solución viable, los restaurantes podrían cerrar y muchas personas vinculadas al negocio, incluidos trabajadores y proveedores, podrían verse afectadas.
Una lección para cualquier negocio
Lo que está pasando con Presto deja una enseñanza que también aplica a las pequeñas tiendas, los restaurantes de barrio y los negocios familiares.
No basta con vender mucho. También hay que saber cuánto cuesta producir, cuánto dinero queda después de pagar los gastos y cómo se van a cubrir las deudas.
Un restaurante puede estar lleno de clientes y, aun así, tener problemas si sus gastos son demasiado altos o si no consigue suficiente dinero para pagar sus compromisos.
La historia de Presto demuestra que una marca reconocida no está libre de las dificultades económicas.
La pregunta que queda en el aire
Presto tiene una historia conocida por muchos consumidores colombianos, pero ahora su futuro depende de lo que ocurra durante el proceso de liquidación y de si aparece un comprador que pueda mantener vivo el negocio.
La pregunta ya no es solamente cuántas hamburguesas vende una marca.
La pregunta es si el dinero que recibe alcanza para pagar lo que cuesta mantenerla funcionando.
Porque, al final, una empresa no sobrevive solamente por ser famosa. También necesita que sus cuentas funcionen.