
En la carrera por dominar la inteligencia artificial, las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo fortunas. Construyen centros de datos, compran equipos especializados, contratan expertos y desarrollan sistemas capaces de responder preguntas, crear contenidos y realizar tareas que antes requerían horas de trabajo humano.
Pero Apple parece entender que, en este negocio, no todo consiste en tener la inteligencia artificial más poderosa. También importa quién tiene al cliente en sus manos.
Y ahí es donde la compañía del iPhone juega con ventaja.
El negocio no está solamente en inventar, sino en llegar a la gente
Pongamos un ejemplo sencillo. Imaginemos que una empresa desarrolla una máquina capaz de hacer un trabajo extraordinario, pero no tiene dónde ofrecerla ni cuenta con una gran cantidad de clientes. Otra compañía, en cambio, tiene millones de compradores, tiendas y una marca reconocida en todo el mundo.
¿Cuál de las dos tiene una posición más favorable para hacer negocios?
Apple se parece a la segunda empresa. Su principal ventaja es que millones de personas utilizan sus dispositivos todos los días. Cuando alguien compra un iPhone, también entra en un mundo de servicios, aplicaciones y herramientas que Apple controla en buena medida.
Esto le permite negociar desde una posición privilegiada con otras compañías que quieren llevar sus servicios hasta esos usuarios.
En otras palabras, Apple no necesita fabricar todo lo que una persona utiliza en su teléfono para beneficiarse económicamente de ese mercado.
Mientras otros gastan una fortuna, Apple puede negociar.
Empresas como Google y Microsoft han destinado enormes recursos al desarrollo de inteligencia artificial. OpenAI, por su parte, también necesita inversiones importantes para mantener y mejorar sus modelos.
Detrás de cada respuesta que ofrece una inteligencia artificial hay sistemas informáticos, equipos especializados, consumo de energía y personal altamente calificado. Todo eso cuesta dinero.
Apple puede desarrollar sus propias herramientas y, al mismo tiempo, apoyarse en tecnología de otras compañías cuando le resulte conveniente.
Un ejemplo es la integración de ChatGPT en determinadas funciones de Apple Intelligence. Esta colaboración permite ofrecer capacidades de inteligencia artificial a los usuarios de Apple sin que la compañía tenga que desarrollar por sí sola cada una de ellas.
Eso no significa que Apple no invierta en inteligencia artificial. Lo hace. La diferencia está en que puede combinar sus inversiones con acuerdos externos y aprovechar una base de clientes que ya tiene construida.
El verdadero poder: tener al cliente
Aquí aparece el punto más interesante del negocio.
Durante años, las empresas tecnológicas han competido por desarrollar mejores productos. Sin embargo, también han descubierto que controlar la forma en que las personas llegan a esos productos puede generar un enorme poder comercial.
Pensemos en una tienda de barrio. El fabricante puede producir el mejor artículo, pero necesita que alguien lo distribuya, lo exhiba y lo ponga al alcance del comprador.
En el mundo digital sucede algo parecido. Una empresa puede tener una inteligencia artificial extraordinaria, pero necesita encontrar usuarios que la utilicen.
Apple tiene millones de dispositivos funcionando en todo el mundo. Para una compañía de inteligencia artificial, llegar a los propietarios de esos equipos puede representar una oportunidad comercial enorme.
Por eso, el valor de Apple no está únicamente en sus teléfonos. También está en la relación que mantiene con sus clientes y en su capacidad para ofrecerles nuevos servicios.
Ahora bien, eso no significa que todas las empresas deban pagarle automáticamente a Apple por aparecer en sus dispositivos. Los acuerdos comerciales dependen de las condiciones que negocien las partes.
¿Y cómo gana dinero Apple con esta estrategia?
La respuesta no se limita a cobrar por utilizar una inteligencia artificial.
Si las nuevas funciones hacen que un iPhone sea más atractivo, una persona podría decidir comprar un equipo nuevo en lugar de conservar el antiguo o cambiarse a otra marca.
Además, Apple puede fortalecer su negocio de servicios y negociar acuerdos con compañías que buscan distribuir su tecnología a través de sus dispositivos.
Es decir, la inteligencia artificial también puede servir para vender más teléfonos, mantener a los clientes y reforzar un negocio que ya existe.
La apuesta consiste en aprovechar la inteligencia artificial para hacer más valioso el ecosistema de Apple, sin asumir necesariamente todos los costos de desarrollar cada tecnología disponible.
Pero esta estrategia también tiene riesgos.
Apple no tiene asegurado el éxito.
Si depende demasiado de empresas externas, puede quedar expuesta a cambios en los precios, las condiciones comerciales o las decisiones de sus socios. Además, si sus competidores ofrecen mejores herramientas o los usuarios empiezan a preferir otros dispositivos, su ventaja podría reducirse.
También tiene que demostrar que sus funciones de inteligencia artificial son realmente útiles para el consumidor. De poco sirve tener millones de teléfonos en circulación si las personas no utilizan las nuevas herramientas o no encuentran razones para comprar productos más recientes.
Por eso, la estrategia no consiste simplemente en gastar menos. Consiste en invertir donde considera que puede obtener mejores resultados y aprovechar al máximo los recursos que ya tiene.
CONCLUSIÓN: en la inteligencia artificial, el que tiene al cliente también tiene poder
La competencia tecnológica suele presentarse como una batalla para descubrir quién crea la inteligencia artificial más avanzada. Sin embargo, hay otra pelea que puede ser igual de importante: quién controla el acceso a los consumidores.
Google y Microsoft buscan desarrollar tecnología y vender sus servicios a millones de personas y empresas. Apple, además de desarrollar sus propias herramientas, puede aprovechar su enorme presencia en el mercado de dispositivos para integrar tecnología ajena y reforzar su negocio.
La lección empresarial es sencilla: no siempre es necesario fabricar todo para ganar dinero; en ocasiones, el negocio está en controlar el camino que conecta al productor con el cliente.
En la economía digital, tener una buena tecnología es importante. Pero tener millones de personas dispuestas a utilizarla puede convertirse en una ventaja todavía mayor.
Y esa es precisamente la posición que Apple intenta aprovechar en la carrera por la inteligencia artificial.