¿Por qué Movistar deja LATAM?

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Hay empresas que desaparecen de un país porque quiebran. Otras se van porque pierden clientes. Pero también existen compañías que deciden marcharse porque, aunque todavía tienen millones de usuarios, consideran que su dinero podría producir mejores resultados en otro lugar.

Eso es lo que ayuda a explicar la transformación que está viviendo Telefónica, la multinacional española propietaria de Movistar.

La empresa ha comenzado a desprenderse de varias de sus operaciones latinoamericanas. Vendió sus negocios en Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador y Colombia, entre otros movimientos, y avanzó en la salida de México y Venezuela. Las fechas y las condiciones de cada operación son diferentes, pero la dirección general es clara: Telefónica quiere reducir su presencia en buena parte de Hispanoamérica y concentrarse en mercados que considera estratégicos.

Pero ¿por qué una empresa que durante años apostó por América Latina ahora quiere reducir su presencia en la región?

1. El problema de ganar dinero en pesos y convertirlo a euros

Para entender esta historia hay que empezar por algo que parece complicado, pero es sencillo: el valor del dinero cambia de un país a otro.

Telefónica es una empresa española. Sus accionistas, sus decisiones financieras y buena parte de sus objetivos corporativos se miden en euros. Sin embargo, cuando Movistar vende planes de telefonía en Colombia, recibe pesos colombianos; en Argentina, pesos argentinos; y en Chile, pesos chilenos.

Imaginemos que una operación gana 100.000 millones de pesos colombianos. Si el peso pierde valor frente al euro, esa misma cantidad de dinero representa menos euros cuando se convierte para presentar los resultados de la compañía.

En otras palabras, el negocio puede seguir vendiendo servicios y recibiendo dinero, pero ese dinero puede valer menos para la casa matriz.

Este riesgo se conoce como riesgo cambiario.

En países donde la moneda sufre fuertes devaluaciones, el problema puede ser todavía mayor. Argentina es un ejemplo de las dificultades que puede generar la inestabilidad monetaria para una multinacional que necesita evaluar sus resultados en una moneda extranjera.

Sin embargo, hay que aclarar algo: la devaluación no significa automáticamente que un negocio sea malo. Una empresa puede compensarla aumentando sus ingresos, ajustando sus precios o reduciendo sus costos. El problema aparece cuando no logra compensar suficientemente esos efectos.

2. Tener millones de clientes no significa ganar mucho dinero

Este es uno de los puntos más importantes de la historia.

Cuando vemos a Movistar, pensamos en una empresa enorme: millones de líneas móviles, clientes que pagan mensualmente, tiendas, antenas y servicios de internet.

A primera vista, parece un negocio que debería producir muchísimo dinero.

Pero vender mucho no es lo mismo que ganar mucho.

Pensemos en una tienda de barrio. Si vende millones de pesos en productos, pero debe pagar la mercancía, el arriendo, los servicios, los salarios y los préstamos, lo que realmente importa es cuánto dinero le queda después de cubrir sus obligaciones.

En las telecomunicaciones ocurre algo parecido, aunque a una escala mucho mayor.

Movistar necesita invertir constantemente en antenas, redes de fibra óptica, equipos, licencias de espectro, tecnología y mantenimiento. También debe pagar personal, proveedores, impuestos y otros gastos de operación.

A esto se suma que los clientes esperan cada vez más datos móviles, mejor cobertura y mayor velocidad, sin que necesariamente estén dispuestos a pagar mucho más por sus planes.

Por eso, una compañía puede tener una enorme cantidad de usuarios y, al mismo tiempo, considerar que el dinero que obtiene de ese mercado no compensa suficientemente lo que debe invertir para mantenerse competitiva.

La pregunta no es solamente cuánto vende Movistar, sino cuánto gana realmente y cuánto dinero necesita seguir poniendo para sostener el negocio.

3. La guerra de precios: conseguir clientes también cuesta dinero

En América Latina, las empresas de telecomunicaciones compiten por ofrecer más gigas, mejores planes, cobertura más amplia y promociones para atraer usuarios.

Para el consumidor, esa competencia puede resultar beneficiosa porque le permite encontrar mejores ofertas.

Pero para las empresas representa un desafío.

Si un operador reduce sus precios para atraer clientes, sus competidores pueden responder con promociones similares. El resultado puede ser un mercado en el que todos necesitan invertir y competir constantemente, mientras el ingreso que reciben por cada usuario no crece al mismo ritmo.

Además, los clientes pueden cambiar de operador si encuentran una oferta más económica o un servicio que les conviene más.

Esto obliga a las compañías a gastar dinero en captar nuevos usuarios, conservar los actuales y mejorar sus redes.

La situación no es idéntica en todos los países: cada mercado tiene sus propias condiciones, competidores y regulaciones. Sin embargo, la presión competitiva ayuda a explicar por qué tener una marca conocida y millones de clientes no garantiza una rentabilidad suficientemente alta.

4. Las telecomunicaciones son un negocio que nunca deja de exigir inversiones

Una empresa de telefonía no puede instalar sus antenas y olvidarse de ellas durante veinte años.

La tecnología cambia. Los usuarios consumen más datos, aparecen nuevas necesidades y los operadores deben modernizar sus redes para ofrecer servicios competitivos.

La llegada del 5G, por ejemplo, requiere inversiones en infraestructura, equipos y espectro, dependiendo de las condiciones de cada mercado.

También hay que ampliar la capacidad de las redes, mantener la cobertura en las ciudades y llegar a zonas donde prestar el servicio puede ser más costoso.

Todo eso requiere capital.

Y aquí aparece una dificultad: si una empresa invierte miles de millones en una red, necesita generar suficientes beneficios durante los años siguientes para recuperar esa inversión y obtener una rentabilidad atractiva.

Si ese rendimiento no alcanza las expectativas de la compañía, puede decidir reducir sus operaciones o venderlas a otro grupo empresarial.

Eso no quiere decir que las redes no sirvan o que el negocio no tenga futuro. Significa que la empresa debe decidir dónde le resulta más conveniente utilizar su dinero.

5. La razón financiera que resume buena parte de la decisión

En el lenguaje empresarial existe un concepto llamado coste de capital.

Dicho de manera sencilla, es el rendimiento que una empresa necesita obtener de su dinero invertido para justificar el riesgo y el costo de financiar esa inversión.

Imaginemos que una compañía invierte 100 millones de euros en un negocio y considera que, por el riesgo asumido y el costo de financiarse, debería obtener una rentabilidad anual del 10 %.

Si ese negocio produce una rentabilidad del 5 %, puede generar ganancias contables y aun así no alcanzar el rendimiento que la empresa considera adecuado.

Ese es el punto: un negocio puede ganar dinero y, sin embargo, no ser suficientemente atractivo frente a otras alternativas.

Telefónica ha explicado que la rentabilidad de buena parte de sus operaciones en Hispanoamérica no compensaba suficientemente el coste del capital. Por eso, la empresa ha optado por desprenderse de varios negocios en lugar de seguir destinando recursos a mercados que no considera prioritarios.

No se trata únicamente de preguntarse si Movistar gana o pierde dinero en un país. También hay que preguntarse si esa inversión ofrece mejores resultados que otras opciones disponibles para Telefónica.

6. ¿Por qué no irse también de Brasil?

Esta pregunta ayuda a comprender que la decisión no consiste en abandonar toda América Latina.

Telefónica mantiene una presencia importante en Brasil, donde opera principalmente bajo la marca Vivo.

La compañía ha decidido concentrar sus recursos en cuatro mercados considerados estratégicos: España, Alemania, Reino Unido y Brasil.

¿Por qué Brasil sí y otros países no?

La respuesta está en las diferencias entre mercados. El tamaño de la operación, la posición competitiva, las oportunidades de crecimiento, los resultados financieros y las necesidades de inversión pueden hacer que un país resulte más atractivo que otro.

Brasil representa un mercado de gran escala para Telefónica. Por eso, la estrategia no es necesariamente salir de América Latina como región, sino reducir la exposición a determinadas operaciones y concentrarse en aquellas que considera más importantes para su futuro.

No todos los países tienen el mismo peso dentro de la empresa, ni ofrecen las mismas perspectivas de rentabilidad.

7. ¿Y qué gana Telefónica al vender sus empresas?

Vender una operación permite recibir dinero por un negocio que, de otro modo, seguiría exigiendo inversiones y recursos administrativos.

Ese dinero puede destinarse a reducir deuda, fortalecer las finanzas de la compañía o invertir en los mercados que considera prioritarios.

También puede disminuir su exposición a determinados riesgos cambiarios, económicos y regulatorios.

Sin embargo, una venta no significa que todo ese dinero se convierta automáticamente en ganancia. Hay que tener en cuenta el precio de venta, el valor contable del negocio, las deudas y otros compromisos relacionados con la operación.

Además, una empresa que se retira pierde los ingresos futuros que habría obtenido de esa filial. Por eso, la decisión depende de si el dinero recibido y los recursos liberados compensan lo que deja de percibir.

En el caso de Telefónica, la estrategia consiste en concentrarse en menos mercados y utilizar su capital de una manera que considera más eficiente.

8. ¿Qué significa esto para Colombia?

La salida de Telefónica de Colombia no significa que los clientes de Movistar vayan a quedarse automáticamente sin servicio.

La operación colombiana pasó a Millicom, el grupo que también controla Tigo en el país. La venta abre una nueva etapa para el negocio y plantea preguntas sobre la integración de las operaciones, las inversiones futuras, la competencia y la experiencia de los usuarios.

Para los clientes, lo importante será observar qué ocurre con los precios, la cobertura, la calidad del servicio, la atención y las condiciones de sus contratos.

Para los trabajadores y proveedores, la atención estará puesta en los cambios organizativos y en las decisiones que tome el nuevo propietario.

Y para el mercado colombiano, existe otro interrogante: cómo cambiará la competencia si las redes, los clientes y las capacidades de dos operadores quedan bajo un mismo grupo empresarial. Estos procesos deben desarrollarse dentro de las reglas y condiciones regulatorias correspondientes.

La salida de un propietario extranjero no implica necesariamente que desaparezca la marca, ni que se cierre la operación. Significa que cambia quién controla el negocio y quién toma las decisiones sobre su futuro.

9. ¿Significa que América Latina es un mal negocio?

No necesariamente.

América Latina tiene millones de consumidores, una enorme demanda de conectividad y oportunidades para desarrollar servicios digitales. Las telecomunicaciones siguen siendo esenciales para las familias, las empresas, el comercio y los gobiernos.

Pero una cosa es que un mercado tenga potencial y otra es que todas las compañías obtengan la rentabilidad que esperan.

Una empresa puede decidir que un negocio es atractivo para un competidor local, pero no para ella. Otra compañía puede tener menores costos, una estructura financiera diferente o una estrategia que le permita aprovechar mejor esa operación.

Por eso, el hecho de que Telefónica venda una filial no demuestra, por sí solo, que esa filial sea inviable.

Lo que sí demuestra es que la multinacional considera que, bajo sus propias condiciones financieras y estratégicas, puede ser más conveniente vender que continuar operando.

Y esa diferencia es fundamental para entender lo que está sucediendo.

Conclusión: Movistar no se está retirando por una sola razón

La salida de Telefónica de varios mercados latinoamericanos es el resultado de una combinación de factores: el riesgo de las monedas locales frente al euro, la presión competitiva, las elevadas necesidades de inversión y, especialmente, una rentabilidad que la empresa considera insuficiente frente al capital que necesita mantener comprometido.

La compañía está apostando por concentrar sus recursos en España, Alemania, Reino Unido y Brasil, mientras vende o reduce su presencia en otras operaciones.

En términos sencillos, Telefónica está tomando una decisión empresarial: dejar de invertir en determinados mercados para dedicar más recursos a aquellos en los que espera obtener mejores resultados.

La historia también deja una lección para cualquier negocio, desde una tienda de barrio hasta una multinacional: vender mucho, tener muchos clientes y ser una marca reconocida no siempre significa que una inversión sea la más conveniente.

Porque al final, en los negocios no solo importa cuánto dinero entra. También importa cuánto cuesta producir esos ingresos, cuánto capital se necesita para mantenerlos y qué rendimiento obtiene el propietario por cada peso o euro que invierte.

La pregunta que deja esta historia no es si América Latina necesita telefonía móvil. La necesita y cada vez más. La pregunta es quién está dispuesto a invertir el dinero necesario para prestar ese servicio y qué rentabilidad espera obtener a cambio.