Dora Aarón Tapia: “La insolvencia necesita volver a humanizarse”

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En los procesos de insolvencia suele hablarse de acreedores, deudores, plazos, normas y porcentajes de pago. Sin embargo, pocas veces se pone sobre la mesa un elemento que puede marcar la diferencia entre una solución y un fracaso: el factor humano.

Ese fue el mensaje central de Dora Aarón Tapia durante su intervención en la Cumbre Internacional de Insolvencia y Bienestar Financiero, donde planteó una reflexión que invita a repensar la forma en que Colombia está abordando los procesos de insolvencia.

Su tesis fue clara: la insolvencia se ha deshumanizado.

Más allá del cumplimiento de la ley, Tapia sostuvo que las negociaciones entre acreedores y deudores se han convertido, en muchos casos, en procesos excesivamente mecánicos, donde las cifras terminan pesando más que las personas. Según explicó, detrás de cada deuda existe una historia distinta: familias que perdieron sus ingresos, empresarios afectados por una crisis económica o ciudadanos que, por diferentes circunstancias, llegaron a una situación financiera insostenible.

Negociar no debería convertirse en una batalla

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue su análisis sobre las barreras que enfrentan muchos deudores al momento de negociar.

La conferencista aseguró que existen políticas de recuperación de cartera tan rígidas que prácticamente hacen imposible alcanzar acuerdos. En lugar de facilitar una salida, algunas condiciones terminan cerrando cualquier posibilidad de negociación.

Desde su perspectiva, la conciliación debería ser un espacio para construir soluciones y no un escenario donde una de las partes imponga condiciones imposibles de cumplir.

El estigma del deudor

Otro de los puntos que planteó fue el trato diferente que reciben las personas naturales frente a los empresarios.

Mientras un empresario suele ser visto como alguien que atravesó una dificultad económica, una persona natural muchas veces carga con el estigma de ser considerada irresponsable o incluso fraudulenta por el solo hecho de acudir a un proceso de insolvencia.

Para Tapia, esa percepción resulta injusta. La insolvencia no fue creada para proteger a quienes actúan de mala fe, sino para ofrecer una segunda oportunidad a quienes realmente enfrentan una crisis financiera.

El mito del “cartel de la insolvencia”

Durante su intervención también abordó una de las críticas que con frecuencia aparecen alrededor de estos procesos: la idea de que existe un supuesto “cartel de la insolvencia”.

La conferencista recordó que algunos abogados fueron sancionados por actuaciones irregulares, pero advirtió que esos casos no pueden utilizarse para desacreditar a todos los profesionales que trabajan en esta especialidad.

En su concepto, las malas prácticas pueden presentarse en cualquier rama del Derecho y la insolvencia no es la excepción. Generalizar solo contribuye a generar desconfianza en un mecanismo que busca resolver conflictos económicos de manera legal.

La deuda también tiene un impacto emocional

Quizá el momento más reflexivo de su conferencia llegó cuando recordó que las consecuencias del sobreendeudamiento no son únicamente económicas.

La presión financiera puede afectar la salud mental, romper familias, deteriorar relaciones personales e incluso llevar a algunas personas a tomar decisiones extremas.

Por eso insistió en que los procesos de insolvencia no pueden perder de vista la dimensión humana de quienes llegan buscando una solución.

Eso no significa desconocer que algunas personas intentan aprovecharse de la ley. La propia conferencista reconoció que esos casos existen. Sin embargo, advirtió que no representan a la mayoría de los deudores y que no deberían convertirse en la regla para tratar a todos con desconfianza.

Más diálogo, menos estigmas

En el imaginario colectivo, muchas veces los bancos terminan siendo vistos como los “malos de la película” cuando se habla de insolvencia.

Sin embargo, el análisis planteado por Dora Aarón Tapia fue más amplio. En lugar de señalar culpables, propuso fortalecer la negociación, la conciliación y la empatía entre todas las partes involucradas.

El reto, según explicó, consiste en encontrar un equilibrio que permita proteger los derechos de los acreedores sin perder de vista que detrás de cada expediente existe una persona que busca recuperar su estabilidad económica.

Una reflexión que trasciende el Derecho

La intervención de Dora Aarón Tapia dejó una idea que va más allá de los códigos y las normas jurídicas: la insolvencia no debería entenderse únicamente como un procedimiento legal, sino como una herramienta de recuperación financiera y social.

Humanizar estos procesos no significa favorecer al deudor sobre el acreedor. Significa reconocer que las mejores soluciones suelen construirse cuando las partes dialogan, negocian con buena fe y entienden que, detrás de cada deuda, siempre hay una historia humana que merece ser escuchada.