Barranquilla se enyesó con US$350 millones: ¿otra deuda más?

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Mientras muchos barranquilleros escucharon la noticia de que la ciudad obtuvo US$350 millones mediante la emisión de bonos sostenibles, pocos entendieron realmente qué significa este anuncio y por qué ha sido considerado un hecho histórico.

La primera aclaración es importante: Barranquilla no recibió un regalo ni una inversión sin compromiso. Lo que hizo fue conseguir un préstamo en el mercado internacional, pero en lugar de pedírselo a un banco, acudió a decenas de grandes inversionistas de Estados Unidos, Europa y Medio Oriente.

La respuesta fue sorprendente. La ciudad buscaba US$350 millones y recibió ofertas por más de US$1.200 millones, es decir, casi cuatro veces más de lo que necesitaba. Ese nivel de confianza no es común y demuestra que el mercado internacional ve con buenos ojos la capacidad financiera de Barranquilla.

¿Es una nueva deuda?

Aquí aparece uno de los puntos más debatidos.

El alcalde Alejandro Char ha insistido en que no se trata de una deuda nueva, sino de un refinanciamiento.

¿Eso qué significa?

Es parecido a cuando una familia cambia un crédito caro por otro con mejores condiciones. La deuda sigue existiendo, pero ahora tiene un plazo más largo y unas condiciones financieras más favorables.

En teoría, esta operación permitiría reducir la presión sobre las finanzas del Distrito al reemplazar obligaciones de corto plazo por una deuda con mayor plazo y una tasa fija.

La sostenibilidad no fue un simple discurso.

Quizás el aspecto más interesante de esta emisión es que no cualquier ciudad puede salir al mercado internacional diciendo que necesita dinero.

Los inversionistas exigieron conocer exactamente para qué se utilizarían los recursos.

Barranquilla tuvo que presentar un Marco de Financiamiento Sostenible, un documento que explica cuáles proyectos pueden financiarse y cómo se hará el seguimiento de esos recursos. Gracias a ello obtuvo la máxima calificación de sostenibilidad (SQS1) otorgada por Moody’s para este tipo de operaciones.

Entre los proyectos contemplados aparecen la recuperación de la Ciénaga de Mallorquín, iniciativas de energías renovables, mejoramiento de viviendas, recuperación de cuerpos de agua y modernización de mercados públicos.

Pero ahora vienen las verdaderas pruebas.

Conseguir el dinero fue apenas el primer paso.

Los inversionistas no desaparecen después de entregar los recursos.

La ciudad deberá presentar informes periódicos explicando cómo utilizó el dinero y demostrar que realmente se destinó a los proyectos prometidos. Si no cumple, su reputación financiera podría verse afectada y futuras emisiones serían mucho más difíciles o costosas.

En otras palabras, el éxito no se medirá por haber conseguido los US$350 millones, sino por la transparencia con la que se administren.

¿Quién terminará pagando?

Aunque el refinanciamiento busca aliviar las finanzas del Distrito, los intereses de la deuda deberán pagarse con los ingresos de Barranquilla.

Eso significa que provendrán, principalmente, del recaudo de impuestos como el Predial y el Impuesto de Industria y Comercio (ICA), además de otros ingresos municipales.

La gran pregunta es si esos ingresos crecerán lo suficiente para cubrir las obligaciones sin necesidad de aumentar la carga tributaria.

No existe evidencia de que la Alcaldía vaya a subir impuestos por esta operación. Sin embargo, como ocurre con cualquier deuda pública, si en el futuro los ingresos no alcanzan, una administración podría verse obligada a buscar nuevas fuentes de financiación o revisar las tarifas de algunos tributos.

Ese es un riesgo que siempre acompaña cualquier endeudamiento público.

Un logro financiero… y también político

Resulta inevitable observar el contexto.

La emisión se realizó en un momento de transición política nacional y cuando ya comienza a proyectarse el ambiente hacia las elecciones regionales de 2027.

Para cualquier administración, un reconocimiento internacional de esta magnitud fortalece su imagen de gestión y demuestra capacidad para atraer inversión extranjera.

Eso no significa que la operación tenga un propósito electoral. Una emisión internacional de esta complejidad requiere meses de preparación técnica, negociaciones, calificaciones y reuniones con inversionistas. Pero tampoco puede desconocerse que este tipo de logros suelen convertirse en un importante argumento político.

El verdadero reto apenas comienza.

Barranquilla acaba de abrir una puerta que ninguna otra ciudad colombiana había cruzado de esta manera.

La confianza del mercado internacional quedó demostrada.

Ahora corresponde demostrar que esa confianza fue bien depositada.

Porque al final, más allá de los titulares, lo que realmente juzgarán los ciudadanos será si dentro de algunos años la ciudad tiene unas finanzas más sólidas, mejores obras, mayor protección ambiental y una mejor calidad de vida para sus habitantes.

Solo entonces podrá decirse si estos US$350 millones fueron una de las mejores decisiones financieras en la historia de Barranquilla o simplemente una deuda que las futuras administraciones tendrán que administrar con mucho cuidado.