¿Un tercer mandato? La decisión de Bukele reabre el debate sobre los límites del poder

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El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dio un nuevo paso que marcará la historia política de su país al inscribir oficialmente su precandidatura para buscar un tercer mandato consecutivo en las elecciones de 2027. La postulación, respaldada por el partido oficialista Nuevas Ideas, llega después de una reforma constitucional que abrió la puerta a la reelección indefinida y amplió el período presidencial de cinco a seis años.

Aunque para millones de salvadoreños Bukele sigue siendo el presidente que derrotó a las pandillas y devolvió la seguridad a las calles, su decisión de buscar permanecer más tiempo en el poder también revive una pregunta que ha acompañado a América Latina durante décadas: ¿en qué momento un líder popular comienza a parecerse a los gobernantes que nunca quieren dejar el poder?

La historia de la región demuestra que muchos mandatarios llegaron al poder mediante elecciones democráticas, pero poco a poco modificaron las reglas para permanecer en el cargo. En la mayoría de los casos, el argumento fue el mismo: “el pueblo quiere que continúe el proyecto”.

Ese mismo discurso ha sido utilizado por distintos líderes latinoamericanos que impulsaron reformas constitucionales para ampliar su permanencia en el poder. Sus defensores sostienen que, mientras exista respaldo popular y elecciones, la democracia sigue funcionando. Sus críticos responden que la democracia no solo consiste en ganar elecciones, sino también en respetar límites institucionales y garantizar la alternancia.

En el caso salvadoreño, la reforma constitucional fue aprobada gracias a la amplia mayoría que el oficialismo posee en la Asamblea Legislativa. Legalmente, la candidatura de Bukele cuenta con el respaldo de las nuevas normas. Sin embargo, el debate ya no es únicamente jurídico, sino político.

La gran preocupación de diversos sectores nacionales e internacionales es que la concentración de poder termine debilitando los controles democráticos. Cuando un mismo proyecto político domina la Presidencia, el Congreso y buena parte de las instituciones del Estado, los contrapesos pueden perder fuerza.

La pregunta que surge entonces es inevitable: si un presidente tiene un enorme respaldo ciudadano, ¿debería poder reelegirse indefinidamente? Para algunos, la respuesta es sí, porque consideran que debe gobernar quien tenga el apoyo de la mayoría. Para otros, precisamente por eso existen límites constitucionales: para evitar que el poder se concentre durante demasiado tiempo en una sola persona.

La historia también enseña que muchos gobiernos considerados autoritarios no comenzaron mediante golpes de Estado. En numerosos casos, iniciaron con líderes elegidos democráticamente que, aprovechando su alta popularidad, fueron modificando las reglas para permanecer en el poder durante años o décadas.

Eso no significa que todo presidente que busque reelegirse sea automáticamente un dictador. Sin embargo, la búsqueda de reelecciones sucesivas suele ser una de las características que los analistas identifican en procesos de concentración del poder, especialmente cuando vienen acompañadas de reformas constitucionales impulsadas desde el oficialismo.

Bukele mantiene uno de los niveles de aprobación más altos de América Latina gracias a sus resultados en materia de seguridad. Ese respaldo explica por qué pocos dudan de que será el gran favorito en las elecciones de 2027.

No obstante, la discusión ya no gira únicamente alrededor de su popularidad, sino del futuro institucional de El Salvador. Porque las democracias no solo se miden por quién gana las elecciones, sino también por la existencia de reglas capaces de limitar el poder, incluso cuando quien gobierna cuenta con el respaldo de la mayoría.

La inscripción de Nayib Bukele para un tercer mandato abre un debate que trasciende las fronteras salvadoreñas. ¿Se trata simplemente de la continuidad de un proyecto exitoso respaldado por las urnas? ¿O es el inicio de un modelo donde un mismo líder puede permanecer indefinidamente en el poder? Esa será la discusión que acompañará a El Salvador durante los próximos meses.