El vallenato entra a las aulas: 25 músicos reciben su título y buscan proteger la parranda vallenata.

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Valledupar vivió este 27 de agosto un momento que puede marcar un antes y un después para el folclor colombiano. La Fundación Cocha Molina graduó a su primera promoción de 25 técnicos instrumentistas, en una ceremonia que reunió a reconocidos maestros del vallenato y que puso sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿cómo hacemos para que esta música y las tradiciones que la rodean no se pierdan con el paso de las generaciones?

Lo interesante de esta graduación es que muchos de los estudiantes no llegaron a la música por un camino académico tradicional. Aprendieron escuchando a sus mayores, tocando en agrupaciones, acompañando parrandas y acumulando años de experiencia.

Y precisamente ahí está uno de los grandes valores de esta iniciativa: llevar ese conocimiento que durante décadas se aprendió de manera empírica al terreno académico.

Entre los graduados estuvieron figuras ampliamente reconocidas del vallenato, como el maestro Gonzalo Arturo ‘Cocha’ Molina, Hugo Carlos Granados, Chemita Ramos, Saúl Lallemand, José Juan Camilo Guerra ‘Morocho’ y el cajero Augusto Guerra, ‘Guerrita’.

Es decir, no estamos hablando simplemente de personas que están comenzando en la música. Estamos hablando de maestros con décadas de experiencia que decidieron regresar a las aulas para complementar sus conocimientos.

Y eso deja un mensaje importante: tener experiencia no significa que uno haya terminado de aprender.

El propio ‘Cocha’ Molina lo resumió de una manera sencilla: para aprender, dignificar el oficio y seguir creciendo, nunca es tarde.

Una discusión que va más allá de un diploma

Pero la graduación también sirvió para poner sobre la mesa un tema mucho más grande: la necesidad de proteger la Parranda Vallenata.

La Fundación Cocha Molina hizo un llamado público al Ministerio de las Culturas para que se estudie la posibilidad de iniciar un proceso que permita reconocer y salvaguardar la parranda como patrimonio.

¿Y por qué es importante?

Porque una parranda vallenata no es simplemente un grupo de personas reunidas a escuchar música.

Durante generaciones, la parranda ha sido un espacio para aprender, conversar, contar historias, improvisar versos, escuchar a los mayores y conocer los secretos de una música que se ha transmitido de generación en generación.

En muchos casos, la verdadera escuela del vallenato estuvo precisamente allí: en la parranda.

El problema es que las costumbres cambian. Las nuevas generaciones tienen otras formas de entretenimiento, otras tecnologías y otras maneras de consumir música. Y cuando desaparecen los espacios donde se transmitían las tradiciones, también existe el riesgo de que parte de ese conocimiento desaparezca.

Por eso la discusión sobre la parranda no debería verse solamente como un asunto de músicos.

Es una conversación sobre la memoria cultural de Colombia.

Del conocimiento empírico a la universidad

Otro de los anuncios importantes fue el acercamiento entre la Fundación Cocha Molina y la Universidad Popular del Cesar.

La idea es encontrar mecanismos para reconocer los conocimientos que los músicos ya tienen y establecer una ruta que les permita continuar su formación profesional.

Esto puede parecer un asunto académico, pero tiene una consecuencia social muy importante.

Durante mucho tiempo, un músico podía tener 20, 30 o 40 años de experiencia y, sin embargo, no contar con un título que reconociera formalmente todo ese conocimiento.

La apuesta ahora es cambiar esa realidad.

La experiencia de un músico puede tener valor académico.

Y eso puede abrir nuevas oportunidades para quienes han dedicado su vida al folclor.

El gran reto: conservar la esencia

Sin embargo, aquí también hay un desafío.

Profesionalizar el vallenato no puede significar quitarle su esencia popular.

El vallenato nació en las calles, en los pueblos, en las casas, en los patios y en las parrandas. Su fuerza está precisamente en esa capacidad de contar las historias de la gente, hablar de la vida cotidiana y reunir a las comunidades alrededor de la música.

La academia puede aportar conocimiento, disciplina y herramientas. Pero la tradición también tiene mucho que enseñarle a la academia.

Por eso, posiblemente, lo más interesante de este proyecto sea que intenta juntar esos dos mundos.

De un lado están los libros, los títulos, la teoría musical y la formación profesional.

Del otro están los maestros que aprendieron tocando, escuchando y viviendo el vallenato.

Un proyecto que apenas comienza

La primera promoción está conformada por 25 músicos, pero la Fundación anuncia que próximamente serán 50 los que recibirán este reconocimiento académico.

Además, trabaja en el proyecto para convertirse en la Fundación Universitaria Cocha Molina, con la intención de formar a jóvenes y adultos que quieran estudiar música y contribuir a mantener vivo el patrimonio cultural colombiano.

El camino apenas comienza y todavía quedan muchas preguntas por resolver.

¿Cómo se protegerá realmente la parranda vallenata? ¿Cómo lograr que los jóvenes se interesen por estas tradiciones? ¿Cómo conseguir que la profesionalización no termine alejando al vallenato de sus raíces?

Son preguntas que tendrán que responder las instituciones, los músicos y, sobre todo, las propias comunidades.

Pero hay algo que sí parece claro:

El vallenato no solamente necesita nuevos intérpretes. Necesita personas que conozcan su historia, entiendan su importancia y estén dispuestas a transmitirla.

Y que un maestro como el ‘Cocha’ Molina se siente en un salón de clases junto a otros músicos experimentados para recibir un título puede parecer, a primera vista, una simple ceremonia académica.

Pero en realidad representa algo mucho más profundo:

una tradición que busca prepararse para sobrevivir a las próximas generaciones.