
La tragedia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto dejó una pregunta que va mucho más allá de la emergencia inicial: ¿de dónde va a salir el dinero para reconstruir las casas, los negocios y la infraestructura de las regiones afectadas?
En medio de la 60ª Convención Bancaria de Asobancaria, que se realiza en Cartagena, el presidente del gremio, Jonathan Malagón, puso sobre la mesa una respuesta desde el sector financiero: la banca está dispuesta a asumir parte del costo de la reconstrucción y a darle un respiro a quienes quedaron afectados por el sismo.
Y esto es importante porque detrás de las grandes cifras hay algo muy sencillo: una familia que perdió su casa, un comerciante que perdió su negocio o un trabajador que quedó sin ingresos no puede seguir pagando un crédito como si nada hubiera ocurrido.
No se trata simplemente de “dejar de pagar”
Uno de los anuncios más importantes es la posibilidad de otorgar periodos de gracia de hasta 12 meses, dependiendo del nivel de afectación de cada persona.
En términos sencillos, significa que una persona damnificada podría tener hasta un año para recuperar su estabilidad económica antes de volver a enfrentar normalmente el pago de su obligación.
Pero hay un segundo elemento todavía más importante: durante ese periodo los bancos asumirán los intereses, según lo anunciado por Malagón.
El gremio calcula que el costo de esta medida podría rondar los 1,1 billones de pesos.
Esto cambia completamente la discusión.
No estamos hablando únicamente de aplazar una deuda para cobrarla después. El planteamiento es que, durante el periodo de alivio, los intereses no se conviertan en una nueva carga para la persona afectada.
¿Y qué pasa con el historial crediticio?
Para muchas familias existe otro temor: que una emergencia termine dañando su vida financiera durante años.
Por eso también se anunció protección del historial crediticio para los afectados. La intención es evitar que una persona que dejó de pagar como consecuencia directa de la emergencia termine con un reporte negativo en las centrales de riesgo o enfrentando cobros jurídicos.
Esto puede parecer un detalle técnico, pero no lo es.
Una persona con un mal historial crediticio puede tener dificultades posteriormente para conseguir un préstamo, comprar una vivienda, financiar un vehículo o recuperar su negocio.
Por eso, proteger el historial significa también proteger la posibilidad de que esa persona pueda volver a acceder al crédito cuando termine la emergencia.
La vivienda es otro de los puntos centrales
La banca también anunció tasas preferenciales del 8 % efectivo anual para créditos hipotecarios y leasing habitacional en las zonas afectadas.
La importancia de esta medida está en que reconstruir una vivienda cuesta mucho dinero y, para una familia de ingresos bajos o medios, conseguir ese dinero de contado prácticamente es imposible.
La única alternativa muchas veces es el crédito.
Una tasa más baja puede significar una cuota más manejable y hacer posible que una familia vuelva a construir o adquirir una vivienda.
Pero aquí aparece un reto fundamental: el crédito por sí solo no reconstruye una región.
Para que una casa vuelva a levantarse se necesitan vías, servicios públicos, colegios, hospitales, empleo, seguridad y actividad económica.
Por eso el anuncio de la banca debe entenderse como una pieza dentro de un rompecabezas mucho más grande.
Los $81 billones muestran el tamaño del problema
Asobancaria ha señalado que la cartera de crédito en los departamentos más afectados ronda los 81 billones de pesos.
La cifra permite entender la dimensión económica de la tragedia.
Detrás de esos 81 billones están las deudas de familias, empresarios, comerciantes y trabajadores que tenían compromisos con el sistema financiero antes de que ocurriera el terremoto.
Si la economía local se paraliza, muchas de esas personas podrían dejar de tener ingresos y, por lo tanto, capacidad para pagar.
Ahí es donde aparece uno de los mayores riesgos de una tragedia de esta naturaleza: el desastre natural puede convertirse también en una crisis económica.
Un negocio cerrado significa menos empleo. Menos empleo significa menos ingresos. Menos ingresos significan menos consumo y mayor dificultad para pagar las deudas.
Por eso los alivios financieros pueden ayudar a evitar que el terremoto termine provocando una segunda tragedia: una crisis económica en las regiones afectadas.
El banco también tiene que entender que primero está la recuperación
El mensaje de Asobancaria puede interpretarse de una manera sencilla: no sirve de mucho cobrar una deuda hoy si mañana el cliente pierde completamente su capacidad de pago.
Para los bancos también es importante que sus clientes vuelvan a producir, trabajar, consumir y generar ingresos.
Por eso, apoyar la recuperación no necesariamente debe verse solamente como un acto de solidaridad. También existe una lógica económica.
Una familia que recupera su vivienda vuelve a consumir.
Un comerciante que reconstruye su negocio vuelve a vender.
Una empresa que recupera su infraestructura vuelve a contratar trabajadores.
Y una región que recupera su economía vuelve a generar impuestos y movimiento comercial.
En otras palabras, ayudar a reconstruir también puede ser una forma de proteger el propio sistema financiero.
Pero hay una pregunta que todavía falta responder
El anuncio de Asobancaria es importante, pero no resuelve por sí solo el problema de la reconstrucción.
El país todavía tendrá que determinar cuánto costará reconstruir las zonas afectadas y quién asumirá cada parte de esa factura.
El Estado tendrá que poner recursos. Los gobiernos territoriales tendrán responsabilidades. Los empresarios tendrán que participar. La cooperación internacional puede jugar un papel y ahora la banca está anunciando que también quiere ser parte de la solución.
La verdadera prueba será lograr que todos esos esfuerzos estén coordinados.
Porque una familia puede recibir un crédito barato para reconstruir su casa, pero si la carretera sigue destruida, si no hay agua potable o si perdió su fuente de empleo, el problema continúa.
La banca está poniendo dinero, pero también está apostando por la recuperación
El anuncio de Jonathan Malagón tiene entonces una lectura que va más allá de los números.
La banca colombiana está diciendo que no quiere quedarse mirando desde afuera la reconstrucción después del terremoto.
Los periodos de gracia, la condonación de intereses, la protección del historial crediticio y las tasas preferenciales pueden convertirse en herramientas importantes para que miles de personas tengan tiempo de levantarse nuevamente.
Pero ahora viene la parte más difícil: que esos anuncios lleguen realmente a las personas que más los necesitan.
Porque en Colombia muchas veces una medida puede ser anunciada con grandes cifras, pero la pregunta que finalmente importa para el ciudadano es mucho más sencilla:
¿Cómo me ayuda esto a mí?
Si una familia damnificada logra conservar su historial, dejar de pagar intereses durante la emergencia y acceder posteriormente a un crédito barato para reconstruir su vivienda o recuperar su actividad económica, entonces el anuncio habrá cumplido su propósito.
La reconstrucción del terremoto no será responsabilidad de un solo sector. Pero la banca acaba de dejar claro que quiere jugar un papel importante.
Y en una emergencia de estas dimensiones, cada peso que ayude a que una familia vuelva a ponerse de pie cuenta.