¿Jhonny Insignares se vendió? De crítico de Char a secretario de Cultura.

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Hay nombramientos que generan aplausos, otros que generan críticas y hay algunos que, sencillamente, dejan a mucha gente preguntándose: ¿qué pasó aquí?

El nombramiento de Jhonny Insignares como nuevo secretario de Cultura de Barranquilla, por decisión del alcalde Alejandro Char, pertenece a esta última categoría.

Y no porque Insignares no tenga conocimientos sobre Barranquilla. Por el contrario, su trabajo alrededor de la historia urbana, la memoria de la ciudad, sus tradiciones y su patrimonio es precisamente uno de los argumentos que pueden explicar por qué llegó a ese cargo.

El problema está en otro lado.

Durante años, Jhonny Insignares fue una de las voces críticas frente a la administración distrital y, particularmente, frente a la familia Char. Desde sus redes sociales cuestionó decisiones del gobierno, criticó la forma como se manejaba la ciudad y utilizó un lenguaje fuerte contra quienes hoy representan el poder político de Barranquilla.

Por eso, cuando aparece de repente dentro del mismo gobierno que antes cuestionaba, es inevitable que mucha gente se pregunte: ¿qué cambió?

Y aquí aparece una palabra que seguramente muchos están utilizando: ¿se vendió?

Yo creo que esa pregunta hay que hacerla, pero también hay que entender qué significa realmente.

Porque una cosa es cambiar de opinión después de analizar las cosas con el paso del tiempo y otra muy diferente es convertirse en funcionario de aquello que durante años se criticó sin explicar públicamente por qué se cambió de posición.

Ese es precisamente el problema político que tiene este nombramiento.

¿Qué le pasa a Alex Char?

También hay que mirar al alcalde Alejandro Char.

Porque Char perfectamente podía haber nombrado a una persona cercana a su administración, alguien que ya estuviera dentro de su círculo político o alguien que nunca hubiera cuestionado su gobierno.

Pero decidió hacer algo diferente: poner en una posición importante a una persona que fue crítica de su administración.

Y eso puede tener dos lecturas.

La primera es positiva: quizás Char está demostrando que no le tiene miedo a las críticas y que está dispuesto a incorporar a su gobierno a personas que piensan diferente.

Pero existe una segunda lectura, mucho más política.

También puede ser una manera muy inteligente de absorber a un antiguo crítico.

Porque cuando alguien critica al poder desde afuera, tiene libertad para decir prácticamente lo que quiera. Pero cuando esa misma persona entra al gobierno, acepta un cargo y empieza a recibir un salario de la administración que antes cuestionaba, la situación cambia completamente.

Ya no está mirando el poder desde la calle.

Ahora hace parte del poder.

Y ahí es donde comienza el verdadero examen para Insignares.

El problema no es aceptar el cargo.

Quiero ser claro en algo: aceptar un cargo público no convierte automáticamente a nadie en vendido.

Una persona puede criticar a un gobierno, posteriormente cambiar de opinión y decidir trabajar con ese mismo gobierno.

Eso hace parte de la democracia.

El problema aparece cuando no se explica el cambio.

Si durante años usted dijo que los Char representaban un modelo político que no compartía, cuestionó sus decisiones y fue duro contra la administración, pero después acepta un cargo dentro de esa misma administración, la ciudadanía tiene todo el derecho de preguntar:

¿Qué cambió?

¿Cambió Char?

¿Cambió Insignares?

¿Cambió la realidad de Barranquilla?

¿O simplemente cambió la oportunidad?

Esa explicación es necesaria porque la política también se trata de coherencia.

De crítico a funcionario

Aquí está la parte más delicada.

Insignares tenía algo que muchos funcionarios no tienen: credibilidad entre personas que no necesariamente están de acuerdo con el gobierno distrital.

Su voz crítica le permitió construir una audiencia y una identidad propia.

Pero al convertirse en funcionario, esa independencia queda inevitablemente bajo sospecha.

Cada decisión que tome como secretario de Cultura será observada con una pregunta de fondo:

¿Está defendiendo la cultura de Barranquilla o está defendiendo al gobierno que lo nombró?

Y esa diferencia es enorme.

Porque si comienza a justificar absolutamente todo lo que haga la administración, sus antiguos seguidores pueden sentir que perdieron a aquel crítico que conocían.

Pero si dentro del gobierno empieza a cuestionar decisiones que considere equivocadas, entonces podría demostrar que aceptar un cargo no significa entregar la conciencia.

Ahí estará la verdadera prueba.

¿Y qué gana Alex Char?

Char también gana algo con este nombramiento.

Incorporar a un antiguo crítico puede enviar un mensaje: “Aquí caben incluso quienes antes estuvieron en contra de nosotros.”

Pero también puede ser una estrategia para quitarle oxígeno a una voz incómoda.

Porque el poder tiene una característica: muchas veces no necesita silenciar a su crítico.

A veces simplemente necesita incorporarlo.

Cuando el crítico entra al gobierno, deja de estar afuera señalando los problemas y empieza a tener responsabilidades que le impiden mirar las cosas desde la misma posición.

Eso, políticamente, puede ser mucho más efectivo que enfrentarlo.

¿Entonces Insignares se vendió?

Yo no puedo afirmar como un hecho que Jhonny Insignares “se vendió”, porque eso implicaría conocer sus verdaderas motivaciones personales.

Pero sí puedo decir algo:

La percepción de que se vendió es completamente entendible.

Y es entendible porque existe una contradicción evidente entre el personaje que durante años vimos en redes sociales y el funcionario que hoy aparece dentro de la administración que antes criticaba.

Ahora le corresponde a él explicar ese cambio.

No con discursos políticos.

No diciendo simplemente que ahora tiene una responsabilidad con la ciudad.

Sino explicando con sinceridad qué pensaba antes, qué piensa ahora y qué ocurrió en el camino para que terminara aceptando precisamente el cargo que le ofrece uno de los sectores políticos que durante tanto tiempo cuestionó.

Porque si realmente cambió de opinión, debe poder explicarlo.

Y si considera que los Char no son como pensaba anteriormente, también debería decirlo.

Y si sigue pensando exactamente lo mismo de algunas de las cosas que criticaba, entonces tendrá que demostrar que puede trabajar dentro de ese gobierno sin convertirse en un simple defensor de la administración.

La cultura será la prueba.

Al final, más que sus publicaciones antiguas, lo que terminará hablando será su gestión.

Barranquilla necesita una Secretaría de Cultura que proteja su patrimonio, impulse a los artistas, fortalezca las expresiones culturales de los barrios y preserve la memoria de una ciudad que ha cambiado muchísimo.

Si Insignares logra hacer eso y además conserva una voz independiente, podrá demostrar que no llegó al cargo para acomodarse.

Pero si termina convirtiéndose en uno más de los funcionarios que antes criticaba, entonces la ciudadanía tendrá una conclusión mucho más dura.

Porque en política hay algo que cuesta muchísimo recuperar:

la credibilidad.

Y esa será precisamente la moneda con la que Jhonny Insignares tendrá que trabajar a partir de ahora.

Porque pasar de crítico a funcionario es fácil.

Lo difícil es demostrar que no se convirtió en aquello que durante años criticó.