
Una rivalidad que comenzó hace más de un siglo terminó convirtiéndose en una de las historias empresariales más interesantes del mundo. Coca-Cola sigue teniendo una posición privilegiada en el mercado de las gaseosas, pero detrás de Pepsi existe una compañía que encontró una manera diferente de hacer dinero y terminó construyendo un negocio mucho más grande.
Hay una paradoja en el mundo empresarial que vale la pena contar. Cuando una persona entra a una tienda, un supermercado o un restaurante y piensa en comprar una gaseosa, Coca-Cola suele ser una de las primeras marcas que aparecen en su cabeza. Su nombre se convirtió en una referencia mundial y su presencia comercial parece difícil de superar. Pepsi, por su parte, lleva décadas compitiendo por ese mismo consumidor, pero no ha conseguido desplazar a su rival del lugar que ocupa en el mercado de las bebidas de cola.
Sin embargo, cuando dejamos de mirar las botellas y observamos las compañías que están detrás de ellas, encontramos una historia completamente diferente. PepsiCo, la empresa propietaria de Pepsi, registra ingresos anuales cercanos a los 94.000 millones de dólares, mientras que The Coca-Cola Company reporta alrededor de 48.000 millones. Esto significa que PepsiCo genera casi el doble de ingresos que Coca-Cola, aunque su marca de gaseosa no tenga el mismo liderazgo que su competidora. Y aquí aparece la pregunta que explica el corazón de esta historia: ¿cómo una empresa puede perder terreno en su producto más conocido y, al mismo tiempo, convertirse en un gigante empresarial mucho más grande?
Para entenderlo, tenemos que viajar hasta finales del siglo XIX, cuando dos farmacéuticos estadounidenses comenzaron a desarrollar bebidas que terminarían cambiando la industria mundial. Coca-Cola nació en 1886, en Atlanta, de la mano de John Pemberton, un farmacéutico que presentó una bebida que inicialmente se comercializaba en establecimientos de farmacia. Doce años después, en 1898, Caleb Bradham, otro farmacéutico estadounidense, presentó Pepsi-Cola. En ese momento ninguno de los dos podía imaginar que sus productos terminarían protagonizando una de las rivalidades comerciales más conocidas de la historia.
Coca-Cola consiguió tomar ventaja desde sus primeros años. Su estrategia de publicidad, la expansión de su distribución y la construcción de una identidad de marca reconocible le permitieron llegar a diferentes ciudades y posteriormente, a mercados internacionales. Pepsi, en cambio, tuvo que enfrentar dificultades financieras que incluso la llevaron a declararse en bancarrota en 1923. Para muchos, aquella bebida parecía destinada a desaparecer, especialmente porque tenía que competir contra una compañía que ya había conseguido posicionarse en la mente de los consumidores.
Pero Pepsi encontró una oportunidad en uno de los momentos económicos más difíciles de Estados Unidos. Durante la Gran Depresión de los años treinta, millones de familias tenían que cuidar cada centavo y buscar productos que les permitieran aprovechar mejor su dinero. Mientras Coca-Cola comercializaba una botella tradicional de 6,5 onzas por cinco centavos, Pepsi comenzó a ofrecer una presentación de 12 onzas por el mismo precio. En términos sencillos, el consumidor podía llevarse casi el doble de bebida sin pagar más.
Aquella decisión fue mucho más que una promoción comercial. Pepsi estaba entendiendo que no necesitaba convencer a todos los consumidores de que Coca-Cola era una mala bebida, sino ofrecerles una razón económica para probar otra alternativa. Su mensaje era fácil de comprender: por el mismo dinero, recibías más producto. La estrategia le permitió ganar reconocimiento y fortalecer su posición en un mercado donde Coca-Cola tenía una ventaja considerable. Esta fue una de las primeras grandes lecciones de la rivalidad: cuando no puedes competir en las mismas condiciones que el líder, necesitas encontrar una propuesta diferente que tenga valor para el consumidor.
Sin embargo, la decisión que realmente cambiaría el futuro de Pepsi no estaría relacionada con el tamaño de una botella ni con una campaña publicitaria. Llegaría en 1965, cuando la compañía tomó una determinación que transformaría su modelo de negocio. Pepsi-Cola se fusionó con Frito-Lay, una empresa dedicada a la fabricación y comercialización de alimentos empacados, especialmente productos como papas fritas y otros snacks. De esa unión nació PepsiCo, una compañía que dejó de depender exclusivamente de las ventas de gaseosas y comenzó a construir un negocio alrededor de diferentes categorías de consumo.
Pensemos en algo que ocurre todos los días en cualquier supermercado. Una familia llega a comprar algunos productos para la casa y termina llevando una gaseosa, unas papas fritas, unos nachos, una bebida deportiva y otros alimentos para compartir. Lo interesante es que varios de esos productos pueden pertenecer a una misma compañía. Eso fue precisamente lo que PepsiCo entendió: podía ganar dinero en diferentes momentos de consumo, no solamente cuando alguien decidiera comprar una botella de Pepsi. Con el paso de los años, la compañía amplió su portafolio con marcas y negocios como Lay’s, Doritos, Cheetos, Gatorade y Quaker.
Esta transformación es fundamental para entender por qué PepsiCo tiene ingresos superiores a los de Coca-Cola. No estamos hablando únicamente de dos marcas de gaseosas que compiten por el espacio en las neveras de los supermercados. Estamos hablando de dos compañías con modelos empresariales diferentes. Coca-Cola también tiene una amplia oferta de bebidas, que incluye agua, jugos, café, té y bebidas deportivas, pero su actividad continúa concentrada principalmente en ese sector. PepsiCo, por su parte, tiene una presencia muy importante en el mercado de alimentos empacados, además de su negocio de bebidas.
Los resultados financieros permiten observar la dimensión de esta diferencia. En el ejercicio fiscal 2025, PepsiCo registró aproximadamente 93.900 millones de dólares en ingresos, mientras que The Coca-Cola Company reportó alrededor de 47.900 millones. La diferencia es cercana al doble, una cifra que puede sorprender a quienes están acostumbrados a pensar que Coca-Cola es más grande simplemente porque su gaseosa tiene una posición más fuerte en el mercado. Pero hay algo que debemos aclarar: estos ingresos no representan las ganancias netas de las compañías, sino el dinero que reciben por sus operaciones antes de descontar los costos y gastos correspondientes.
Tampoco significa que Pepsi venda el doble de gaseosas que Coca-Cola, ni que haya ganado la competencia por el liderazgo de las bebidas de cola. Lo que muestran esos números es que PepsiCo tiene una estructura empresarial más diversificada y participa en mercados adicionales que generan ingresos importantes. Mientras una persona puede preferir Coca-Cola sobre Pepsi, esa misma persona podría comprar unas papas Lay’s o unos Doritos pertenecientes a PepsiCo. La compañía consigue participar en el consumo de ese cliente sin necesidad de que este tenga que elegir su gaseosa.
Y aquí es donde esta historia deja de ser solamente una rivalidad entre dos marcas y se convierte en una lección para cualquier persona que tenga un negocio. Pensemos en un pequeño comerciante que depende exclusivamente de vender un producto. Si ese producto deja de tener demanda, aparece un competidor más económico o cambia el comportamiento de los consumidores, sus ingresos pueden verse seriamente afectados. En cambio, si consigue desarrollar otros productos relacionados con las necesidades de sus clientes, puede construir diferentes fuentes de ingresos y reducir su dependencia de una sola actividad.
Eso no significa que una empresa tenga que vender de todo para crecer. La clave está en entender a sus consumidores, identificar qué otros productos necesitan y desarrollar una oferta que tenga sentido comercial. PepsiCo no se convirtió en una compañía de casi 94.000 millones de dólares simplemente porque vendiera más Pepsi. Su crecimiento estuvo relacionado con una decisión empresarial que le permitió entrar en otros mercados y aprovechar su capacidad de distribución, sus marcas y su presencia comercial.
Más de un siglo después de que Coca-Cola y Pepsi aparecieran en el mercado, la rivalidad continúa. Las dos marcas siguen compitiendo por la preferencia de los consumidores y cada una conserva una identidad comercial muy poderosa. Pero la historia de sus compañías demuestra que el éxito empresarial no siempre se mide por quién tiene la marca más conocida o quién vende más unidades de un producto específico. También importa la capacidad de construir negocios que puedan crecer en diferentes sectores y generar ingresos por distintas vías.
Al final, esta es la paradoja que hace tan interesante la historia de Pepsi y Coca-Cola: Pepsi puede no ocupar el primer lugar en el mercado de las gaseosas, pero la empresa que está detrás de esa marca encontró una manera de competir mucho más allá de las bebidas. Mientras millones de personas siguen discutiendo cuál de las dos gaseosas tiene mejor sabor, PepsiCo construyó un imperio que también está presente en las comidas y los snacks que millones de familias compran todos los días. Y esa es quizás la enseñanza más importante: no siempre necesitas ser el número uno en tu producto más famoso para construir una de las empresas más grandes de tu industria.