
El 11.º Congreso Empresarial Colombiano de la ANDI termina este viernes con una conclusión que va mucho más allá de las donaciones para los damnificados por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto.
El encuentro, que estaba pensado como un espacio para hablar de economía, inversión, tecnología, democracia y los retos del nuevo ciclo político de Colombia, terminó transformándose en una conversación mucho más urgente: cómo ayudar a reconstruir el país después de una tragedia, pero también cómo solucionar los problemas que Colombia ya tenía antes del terremoto.
Y ese cambio de enfoque fue quizá lo más importante del Congreso.
El terremoto cambió la agenda
Cuando empresarios, dirigentes y expertos llegaron a Cartagena, el país todavía estaba tratando de dimensionar los efectos del terremoto de magnitud 7,4.
La ANDI decidió entonces convertir buena parte del Congreso en un espacio de solidaridad.
Las empresas comenzaron a aportar dinero, alimentos, medicamentos, materiales de construcción y logística. Se creó además la campaña Empresas Unidas por Colombia, con la participación de diferentes organizaciones.
Pero el mensaje de los dirigentes empresariales fue más profundo:
la solidaridad no puede terminar cuando pasa la emergencia.
Reconstruir una vivienda, una escuela o un hospital puede tomar meses o incluso años. Por eso, el reto es convertir las donaciones iniciales en un verdadero proceso de reconstrucción.
Pero Colombia tiene problemas que ya estaban ahí.
Y aquí aparece el segundo gran mensaje del Congreso.
El terremoto no creó todos los problemas que enfrenta Colombia. Algunos ya estaban presentes.
La ANDI puso sobre la mesa cinco grandes preocupaciones: la seguridad energética, las finanzas públicas, la salud, la seguridad y las relaciones internacionales.
Dicho en palabras sencillas: Colombia necesita saber si tendrá suficiente energía, cómo va a pagar sus obligaciones, cómo va a mejorar su sistema de salud, cómo recuperará la seguridad en los territorios y cómo va a relacionarse con un mundo que está cambiando rápidamente.
Son problemas que afectan directamente a la gente.
Porque cuando las finanzas públicas están mal, el Estado tiene menos margen para invertir.
Cuando hay inseguridad, las empresas tienen miedo de invertir y contratar.
Cuando hay problemas en la salud, el ciudadano termina esperando meses por una atención.
Y cuando existe incertidumbre energética, también se afecta la economía y el bolsillo de los colombianos.
La salud fue uno de los debates más importantes
Uno de los momentos centrales del Congreso fue la discusión sobre el futuro del sistema de salud.
En el escenario estuvieron los exministros Alejandro Gaviria y Fernando Ruiz, junto con Bruce Mac Master.
Más allá de las diferencias políticas, apareció una coincidencia: el sistema necesita estabilizarse.
La discusión dejó una idea que debería interesarle tanto al Gobierno como a los ciudadanos: no basta con hablar de una gran reforma si el sistema que existe hoy tiene problemas que necesitan soluciones inmediatas.
Y el terremoto volvió a demostrarlo.
Cuando una emergencia golpea a un territorio, los hospitales, los médicos, los pacientes y toda la infraestructura sanitaria quedan bajo una presión enorme.
Por eso la discusión terminó siendo doble: cómo atender la emergencia y cómo construir un sistema de salud que pueda responder mejor a las próximas crisis.
Los empresarios también hablaron de democracia.
Otro de los mensajes importantes estuvo relacionado con las instituciones.
La participación de representantes de las altas cortes recibió una fuerte respuesta del público.
¿Por qué es importante esto para la economía?
Porque un empresario que quiere invertir necesita saber cuáles son las reglas del juego.
Necesita saber que un contrato será respetado, que existen jueces independientes y que las decisiones de las autoridades tienen un marco institucional.
En otras palabras:
la democracia y la economía no están separadas.
Cuando las instituciones generan confianza, es más fácil invertir. Cuando existe incertidumbre, el dinero puede quedarse quieto o buscar otros países.
Colombia también tiene que mirar hacia el futuro.
El Congreso tampoco se quedó hablando únicamente de los problemas actuales.
Se discutió sobre inteligencia artificial, energía, innovación, geopolítica y competitividad.
Y aquí aparece otra advertencia:
el mundo está cambiando rápidamente y Colombia no puede quedarse mirando.
La inteligencia artificial va a transformar empresas y empleos. La transición energética va a modificar mercados. Los conflictos internacionales pueden afectar el comercio. Y la competencia entre países por atraer inversiones será cada vez mayor.
Colombia, por lo tanto, necesita prepararse.
No solamente para resolver los problemas de hoy, sino para competir en la economía de los próximos años.
¿Cuál fue entonces la conclusión del Congreso?
Probablemente, la conclusión más importante no fue una cifra de dinero recaudado ni una propuesta específica.
Fue un llamado a trabajar juntos.
La ANDI está planteando que el país necesita un mayor nivel de cooperación entre el sector privado, el Gobierno y las instituciones.
Eso no significa que empresarios y Gobierno tengan que estar de acuerdo en todo.
Significa que existen problemas que ningún sector puede solucionar solo.
El Gobierno tiene la responsabilidad de establecer políticas públicas y garantizar derechos.
Las empresas tienen la capacidad de invertir, generar empleo, producir y aportar conocimiento.
Y las instituciones tienen que garantizar que las reglas sean claras y que exista confianza.
El verdadero desafío comienza después de Cartagena.
El Congreso termina este viernes, pero el verdadero examen comienza ahora.
El reto será saber si la solidaridad que apareció después del terremoto puede convertirse en una política permanente de cooperación.
Porque Colombia no solamente necesita reconstruir las zonas afectadas por el terremoto.
También necesita reconstruir confianza.
Confianza en las instituciones.
Confianza en la economía.
Confianza en el sistema de salud.
Confianza para invertir.
Y, sobre todo, confianza entre quienes piensan diferente.
El mensaje que sale de Cartagena puede resumirse de una manera muy sencilla: Colombia no puede vivir apagando incendios. Tiene que comenzar a construir un proyecto de país que permita enfrentar las emergencias de hoy sin abandonar los problemas del mañana.
Y esa tarea no le corresponde únicamente al Gobierno ni únicamente a los empresarios.
Le corresponde a todo el país.