Coca-Cola y Pepsi: la guerra de 40 años por quedarse con el negocio de KFC.

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Hay guerras que se libran con armas y otras que se libran con dinero, contratos y estrategias comerciales. Durante décadas, Coca-Cola y Pepsi han protagonizado una de las rivalidades empresariales más conocidas del mundo. Las dos compañías han competido por conquistar supermercados, restaurantes, tiendas y millones de consumidores que, muchas veces sin darse cuenta, terminan participando en esa batalla cada vez que piden una bebida para acompañar su comida.

Pero detrás de esa competencia existe una historia que pocos conocen y que tiene como protagonista a una de las cadenas de restaurantes más famosas del planeta: Kentucky Fried Chicken, conocida mundialmente como KFC. Lo curioso es que Pepsi no solamente logró vender sus gaseosas en esos restaurantes, sino que durante un tiempo llegó a ser propietaria de la propia cadena. Y ahora, después de tantos años, Coca-Cola ha conseguido quedarse con una parte importante de ese negocio en Estados Unidos.

El día en que Pepsi decidió que no quería vender solamente gaseosas

Para entender esta historia, hay que regresar a 1986. En aquella época, PepsiCo estaba pensando en algo mucho más grande que competir contra Coca-Cola en los supermercados. La compañía entendió que podía ganar mucho dinero si, además de fabricar bebidas, también tenía restaurantes donde millones de personas compraran comida todos los días. No se trataba solamente de vender una botella de Pepsi, sino de estar presente en el momento en que una familia salía a almorzar, un trabajador compraba su comida o un grupo de amigos se reunía a cenar.

Fue entonces cuando PepsiCo compró Kentucky Fried Chicken, una cadena que ya tenía una enorme presencia internacional y que era reconocida por su pollo frito. La operación representó una jugada estratégica porque Pepsi dejó de ser únicamente una empresa que fabricaba y distribuía bebidas para convertirse también en propietaria de uno de los grandes negocios de comida rápida. De esta manera, podía conectar dos actividades comerciales: vender la comida y, al mismo tiempo, vender la bebida que acompañaba esa comida.

Pepsi convierte a KFC en parte de su imperio

La relación entre Pepsi y KFC no fue una simple alianza para vender gaseosas. Durante años, ambas compañías estuvieron bajo el mismo techo empresarial. PepsiCo también era propietaria de Pizza Hut y Taco Bell, por lo que había construido un negocio que conectaba restaurantes, alimentos y bebidas. La estrategia tenía una lógica sencilla: si una persona entraba a uno de sus restaurantes a comer, la compañía tenía la oportunidad de venderle también sus propias bebidas. De esa manera, Pepsi podía ganar dinero en diferentes momentos de la vida cotidiana de los consumidores.

Sin embargo, en 1997 PepsiCo tomó otra decisión. La empresa decidió separarse de sus cadenas de restaurantes y creó una compañía independiente llamada Tricon Global Restaurants, que recibió los negocios de KFC, Pizza Hut y Taco Bell. Posteriormente, en 2002, esa empresa cambió su nombre por Yum! Brands, que es la compañía propietaria de esas cadenas. Lo interesante es que Pepsi dejó de ser dueña de los restaurantes, pero mantuvo durante muchos años su relación comercial como proveedor de bebidas. En otras palabras, vendió el negocio de los restaurantes, pero conservó una puerta abierta para seguir ganando dinero con ellos.

Casi 40 años después, Coca-Cola encuentra su oportunidad

Durante todo ese tiempo, Pepsi mantuvo una posición privilegiada en los restaurantes KFC de Estados Unidos. Cuando una persona pedía un menú de pollo frito y una gaseosa, era muy probable que recibiera una bebida de PepsiCo. Esto representaba mucho más que una venta individual: significaba tener presencia en miles de establecimientos, exhibir su marca frente a millones de consumidores y competir directamente con Coca-Cola en un espacio donde cada cliente podía convertirse en una venta.

Pero el 15 de octubre de 2026 llegó el anuncio que cambió esta historia. KFC comunicó que había elegido a Coca-Cola como su nuevo socio de bebidas para sus restaurantes en Estados Unidos. El cambio comenzará en enero de 2027 y se espera que para la primavera de ese año los productos de Coca-Cola estén disponibles en los aproximadamente 3.700 restaurantes estadounidenses de la cadena. Así, una relación comercial que había acompañado a KFC durante cerca de cuatro décadas llegará a su final en ese mercado.

La decisión también significa que los clientes comenzarán a encontrar productos como Coca-Cola, Sprite y Fanta en lugar de las bebidas de PepsiCo que tradicionalmente acompañaban los menús de KFC en Estados Unidos. Para Coca-Cola, no se trata simplemente de colocar sus botellas en algunos restaurantes: es conseguir un espacio privilegiado en una cadena con miles de puntos de venta. Para Pepsi, por el contrario, representa perder un cliente de gran tamaño y una relación comercial que había sobrevivido incluso después de dejar de ser propietaria del negocio.

¿Por qué una gaseosa puede provocar una guerra empresarial?

Para entender la importancia de esta decisión, hay que imaginar lo que sucede detrás del mostrador de un restaurante. Cuando una persona compra un almuerzo, no solamente está pagando por el pollo, las papas o el acompañamiento. También puede comprar una bebida, y esa bebida forma parte de un negocio que se repite miles de veces al día. Si una cadena tiene miles de restaurantes y recibe millones de clientes, el proveedor de gaseosas tiene acceso a un mercado enorme sin necesidad de convencer individualmente a cada consumidor para que entre a una tienda a comprar su producto.

Además, estos acuerdos pueden incluir dispensadores, equipos, publicidad, promociones, apoyo comercial y condiciones especiales de suministro. Por eso, cuando Coca-Cola consigue un contrato con una cadena como KFC, no está ganando únicamente un lugar en el menú: está entrando en el funcionamiento cotidiano de miles de restaurantes. Y cuando Pepsi pierde ese espacio, no pierde solamente la oportunidad de vender gaseosas, también pierde exposición de marca y una relación comercial que podía generar ventas durante muchos años.

¿Pepsi perdió toda su relación con KFC?

No. Y este es un detalle fundamental para entender correctamente la noticia. El cambio anunciado corresponde a los restaurantes de KFC en Estados Unidos, no a todos los establecimientos que la cadena tiene en el mundo. PepsiCo conservará sus acuerdos para suministrar bebidas a los restaurantes internacionales de KFC y también mantendrá su relación comercial con Taco Bell. Por lo tanto, no estamos hablando de una ruptura mundial entre las dos compañías, sino de un cambio de proveedor en uno de los mercados más importantes para la industria de las bebidas.

Tampoco se han divulgado públicamente las cifras económicas del contrato entre Coca-Cola y KFC. Esto significa que no es posible afirmar cuánto dinero pagó Coca-Cola, cuánto recibirá KFC o cuánto representa exactamente el negocio para cada compañía. Lo que sí se conoce es el cambio de proveedor y su calendario de implementación. La importancia económica se entiende por la cantidad de restaurantes involucrados y por la oportunidad de vender sus productos a los clientes de la cadena.

La verdadera lección detrás de la pelea entre Coca-Cola y Pepsi

Esta historia deja una enseñanza que va mucho más allá de dos marcas de gaseosas. En los negocios, no siempre gana quien fabrica el producto más conocido o quien tiene más publicidad. También tiene una enorme importancia conseguir los lugares donde los consumidores toman sus decisiones de compra. Una empresa puede gastar millones en comerciales para convencer a una persona de que compre su bebida, pero conseguir un contrato que le permita estar presente en miles de restaurantes puede abrirle una puerta directa a millones de consumidores.

Pepsi tuvo la oportunidad de controlar KFC durante más de una década y consiguió mantener una relación comercial con la cadena durante casi 40 años. Coca-Cola, por su parte, esperó su oportunidad y ahora ocupará ese espacio en Estados Unidos. Es una historia que demuestra que las grandes empresas no solamente compiten por vender productos: compiten por contratos, distribución, presencia y acceso a los consumidores.

Al final, el pollo seguirá siendo de KFC, los restaurantes seguirán atendiendo a sus clientes y las personas podrán continuar comprando sus menús favoritos. Lo que cambiará será la bebida que acompaña la comida. Pero detrás de ese simple cambio de vaso hay una disputa empresarial que comenzó hace décadas y que demuestra cuánto puede valer un contrato comercial para dos de las compañías más reconocidas del planeta.