¿Qué hace una experta en seguridad al frente del Ministerio de Cultura?

Compartir

El presidente electo Abelardo de la Espriella sorprendió al país con el nombramiento de Paola Holguín como ministra de Cultura. No porque la exsenadora carezca de experiencia en el servicio público, sino porque su hoja de vida parece estar construida para dirigir un ministerio completamente distinto.

Durante más de dos décadas, Holguín ha desarrollado una carrera ligada a la seguridad, la defensa nacional, la geopolítica y la política internacional. Fue asesora del expresidente Álvaro Uribe Vélez, consultora en asuntos de seguridad, trabajó con organismos internacionales y construyó su liderazgo político desde la Comisión Segunda del Senado, dedicada precisamente a temas de defensa, relaciones exteriores y Fuerza Pública.

Su nombre siempre estuvo asociado al combate contra el terrorismo, la seguridad democrática y la oposición a la política de Paz Total del gobierno Petro. Nadie la identificó como una dirigente vinculada al teatro, la música, el patrimonio, las bibliotecas, la danza o las industrias culturales.

Por eso la pregunta surge de manera natural: ¿qué llevó al presidente electo a confiarle precisamente el Ministerio de Cultura?

No se trata de cuestionar su capacidad como administradora pública. Holguín ha demostrado disciplina, preparación académica y experiencia en el Estado. El debate es otro: la ausencia de una trayectoria reconocida en el sector cultural.

El Ministerio de Cultura no administra únicamente eventos artísticos. Es la entidad encargada de proteger el patrimonio histórico del país, fortalecer las expresiones culturales de las regiones, impulsar el cine colombiano, respaldar las bibliotecas públicas, apoyar a los artistas y promover manifestaciones como el Carnaval de Barranquilla, la Feria de las Flores, el Festival Vallenato, el Petronio Álvarez y cientos de expresiones culturales que hacen parte de la identidad nacional.

Quienes pertenecen al sector cultural esperaban un perfil con experiencia en gestión cultural, patrimonio, economía creativa o administración de proyectos artísticos. En cambio, recibieron a una de las dirigentes más representativas del uribismo político.

La decisión inevitablemente alimenta la percepción de que el nombramiento responde más a un cálculo político que a un criterio técnico.

Sin embargo, reducir el nombramiento únicamente a un “pago de favores” también sería simplificar la realidad.

Paola Holguín representa uno de los liderazgos más sólidos del Centro Democrático. Su lealtad con Álvaro Uribe, su disciplina política y su experiencia en la administración pública la convierten en una funcionaria acostumbrada al manejo institucional y a la toma de decisiones.

Desde esa perspectiva, Abelardo de la Espriella podría estar enviando un mensaje claro: quiere ministras de absoluta confianza política para ejecutar su programa de gobierno, incluso en carteras donde tradicionalmente predominaban perfiles técnicos.

Además, Holguín posee experiencia coordinando equipos, gestionando políticas públicas y relacionándose con diferentes niveles del Estado. Esas habilidades pueden ser valiosas para administrar un ministerio, aunque no sustituyen el conocimiento específico del sector cultural.

El verdadero examen comenzará cuando tenga que dialogar con artistas, gestores culturales, comunidades indígenas, pueblos afrodescendientes, productores audiovisuales, escritores, músicos, bailarines, artesanos y organizaciones culturales de todo el país.

La cultura exige sensibilidad, conocimiento del territorio y capacidad para comprender la diversidad de expresiones que conforman la identidad colombiana. No basta con administrar recursos; también es necesario entender el lenguaje del sector y construir confianza con quienes lo integran.

En ese sentido, la controversia no gira alrededor de si Paola Holguín es una buena política. Lo que hoy se discute es si una de las figuras más fuertes en materia de seguridad y defensa es la persona indicada para liderar una de las carteras más simbólicas para la identidad cultural del país.

Quizás Abelardo de la Espriella vea en ella una gerente eficiente capaz de ejecutar políticas públicas con rigor. Pero también es cierto que tendrá que demostrar, desde el primer día, que puede comprender un universo completamente distinto al que marcó su carrera política.

Porque administrar la cultura de un país no consiste únicamente en manejar un presupuesto. Significa proteger la memoria, fortalecer la diversidad y acompañar a quienes, desde el arte y las tradiciones, construyen la identidad de Colombia.

Y esa será, sin duda, la prueba más difícil de Paola Holguín.