¿Por qué se cayó la propuesta de la Constituyente? Las posibles razones detrás del giro del Gobierno

Compartir

La decisión de retirar el proceso de recolección de firmas para convocar una Asamblea Nacional Constituyente marca uno de los cambios políticos más importantes del Gobierno de Gustavo Petro en los últimos meses.

Aunque los promotores de la iniciativa explicaron que la decisión busca abrir espacio para acuerdos nacionales y diálogos entre distintos sectores del país, detrás de este anuncio existen varias razones políticas que ayudan a entender por qué se tomó esta determinación.

La primera tiene que ver con la falta de condiciones favorables para sacar adelante la propuesta. Desde que se planteó la posibilidad de una Constituyente, surgieron fuertes críticas desde la oposición, sectores empresariales, organizaciones sociales e incluso algunos grupos que apoyaban parcialmente al Gobierno. La iniciativa nunca logró convertirse en un tema de consenso nacional y, por el contrario, aumentó la polarización política.

A esto se suma un factor práctico: convocar una Asamblea Constituyente es un proceso largo y complejo. Primero deben reunirse las firmas necesarias, luego superar distintos filtros legales y posteriormente avanzar en mecanismos electorales y políticos que pueden tardar meses o incluso años. Con el actual periodo presidencial acercándose a su etapa final, las posibilidades de completar exitosamente ese camino eran cada vez más reducidas.

Otro aspecto importante es el contexto electoral. Colombia ya comienza a moverse hacia las próximas elecciones presidenciales y legislativas. En este escenario, los partidos y movimientos políticos buscan construir alianzas y sumar apoyos. Mantener la discusión sobre una Constituyente podía dificultar acercamientos con sectores moderados o independientes que ven con preocupación cualquier propuesta de cambio constitucional profundo.

Por esa razón, varios analistas consideran que el retiro de la iniciativa representa un reconocimiento de la realidad política actual. En otras palabras, el Gobierno habría concluido que insistir en la Constituyente generaba más costos que beneficios y que era más conveniente concentrar sus esfuerzos en acuerdos que permitan avanzar en algunas reformas mediante mecanismos institucionales ya existentes.

También existe una lectura estratégica. Algunos observadores creen que el oficialismo busca proyectar una imagen más moderada en el tramo final del mandato. Al dejar de lado una propuesta que generaba controversia, el Gobierno puede presentarse como un actor dispuesto a dialogar y construir consensos con diferentes sectores del país.

Sin embargo, para los críticos del Gobierno, la decisión también puede interpretarse como una señal de debilidad política. Según esta visión, el Ejecutivo habría tenido que aceptar que no contaba con el respaldo suficiente para impulsar una transformación constitucional de gran alcance y, por lo tanto, optó por cambiar de rumbo.

Más allá de las interpretaciones, el retiro de la propuesta deja una conclusión clara: las condiciones políticas, jurídicas y sociales no parecían favorables para sacar adelante una Asamblea Constituyente en este momento. Ante ese panorama, la estrategia pasó de promover una reforma profunda de las reglas del juego a buscar acuerdos que permitan avanzar en algunos objetivos sin abrir un proceso de cambio constitucional.

El debate ahora se traslada a otro terreno. La pregunta ya no es si habrá o no una Constituyente, sino qué tan exitoso será el Gobierno en la construcción de las alianzas y consensos que dice buscar para impulsar su agenda en los meses que restan de mandato.