¿Por qué Rodrigo Lara no representa la “politiquería” que criticó Abelardo De La Espriella?

Compartir

El primer nombramiento del gabinete del presidente electo Abelardo De La Espriella sorprendió a muchos. La elección de Rodrigo Lara Restrepo como ministro del Interior despertó una pregunta inmediata: ¿cómo un mandatario que hizo campaña prometiendo acabar con la “politiquería” termina nombrando a un político con amplia trayectoria en el Congreso?

A primera vista, la decisión puede parecer una contradicción. Sin embargo, al analizar el papel que desempeña el Ministerio del Interior y la relación que Lara ha construido con el proyecto político de De La Espriella, la explicación resulta más compleja.

Política y politiquería no son lo mismo.

Durante toda su campaña, Abelardo De La Espriella insistió en una idea: “política sí, politiquería no”.

La diferencia radica en la forma de ejercer el poder.

La política consiste en construir acuerdos institucionales, presentar reformas, debatir proyectos y gobernar dentro de las reglas democráticas.

La politiquería, por el contrario, se asocia al intercambio de favores, la repartición de cargos para conseguir votos, el clientelismo y las alianzas basadas en cuotas burocráticas antes que en principios.

Desde esa perspectiva, nombrar a un político con experiencia no significa automáticamente caer en la politiquería. Lo determinante es la razón por la cual llega al cargo y la forma como ejerza sus funciones.

¿Por qué Rodrigo Lara?

El Ministerio del Interior probablemente sea la cartera más política del Gobierno.

Su principal responsabilidad es servir como puente entre el presidente y el Congreso, coordinar la agenda legislativa, buscar consensos y garantizar que las reformas puedan convertirse en leyes.

Abelardo De La Espriella llega a la Presidencia sin experiencia previa en cargos de elección popular y con un movimiento político que no cuenta con mayorías propias en el Congreso. Eso hace indispensable tener a alguien que conozca el funcionamiento del Legislativo.

En ese escenario, Rodrigo Lara reúne varias características difíciles de encontrar en una sola persona.

Fue representante a la Cámara, presidente de esa corporación, senador y además se desempeñó como zar anticorrupción. Conoce el procedimiento legislativo, las dinámicas entre los partidos y el funcionamiento interno del Estado.

No llega como cuota de un partido.

Uno de los argumentos que pueden sostener quienes defienden este nombramiento es que Lara no aparece como resultado de una negociación con Cambio Radical o con otra colectividad política.

Su respaldo a Abelardo De La Espriella comenzó antes de la victoria electoral y fue uno de los dirigentes que acompañó públicamente el proyecto político durante la campaña.

Eso marca una diferencia frente a los gobiernos donde los ministerios se entregan para pagar apoyos electorales después de las elecciones.

En este caso, la lectura del nuevo Gobierno es que Lara no representa una cuota burocrática, sino un aliado político con experiencia.

Un símbolo de institucionalidad

También existe un componente simbólico.

Rodrigo Lara es hijo del exministro Rodrigo Lara Bonilla, asesinado en 1984 por enfrentar al narcotráfico.

Durante el anuncio oficial, Abelardo resaltó precisamente esa historia familiar, su trayectoria pública y su trabajo en la lucha contra la corrupción, presentándolo como un hombre comprometido con las instituciones y el Estado de Derecho.

Ese mensaje busca reforzar la idea de que el Gobierno priorizará perfiles con experiencia institucional antes que simples operadores políticos.

El ministro que más necesita Abelardo

Paradójicamente, el Ministerio del Interior era probablemente el cargo donde menos podía improvisarse.

Un ministro sin conocimiento del Congreso habría dificultado la aprobación de las reformas que el nuevo Gobierno pretende presentar desde el primer día.

Lara combina tres elementos que resultan estratégicos para Abelardo De La Espriella:

  • Experiencia legislativa para negociar proyectos.
  • Conocimiento del funcionamiento del Estado.
  • Cercanía política y confianza con el presidente electo.

En otras palabras, es un perfil técnico-político, no únicamente político.

El verdadero examen apenas comienza.

Que Rodrigo Lara tenga experiencia no significa automáticamente que el Gobierno esté libre de críticas.

Los sectores de oposición sostienen que sigue siendo un dirigente tradicional y consideran que su nombramiento contradice el discurso de renovación.

Sin embargo, la verdadera diferencia entre política y politiquería no se medirá por la hoja de vida del ministro, sino por su forma de actuar.

Si el Ministerio del Interior logra construir mayorías mediante acuerdos transparentes, debates públicos y respeto por las instituciones, Abelardo podrá sostener que cumplió su promesa de hacer política sin politiquería.

Pero si las reformas terminan dependiendo del reparto de cargos, cuotas burocráticas o favores políticos, la crítica de sus opositores cobrará fuerza.

Más que el nombre del ministro, será la manera como ejerza el cargo la que determinará si este nombramiento representa una nueva forma de hacer política o simplemente la continuidad de las prácticas que el propio presidente prometió dejar atrás.