Abelardo no quiere funcionarios que le lleven la contraria: la salida del director del DANE deja un mensaje político.

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La salida de Ricardo Valencia Ramírez de la dirección del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, es mucho más que el relevo de un funcionario que llevaba poco más de un mes en el cargo.

El presidente Abelardo de la Espriella decidió declarar insubsistente a Valencia y poner en su lugar a Juan Manuel Alvarado Nivia, en una decisión que ocurre después de varios episodios que habían generado tensión entre la dirección del DANE y la Casa de Nariño.

Y aunque el Gobierno tendrá sus razones administrativas para justificar la decisión, políticamente el mensaje es difícil de ignorar: Abelardo de la Espriella parece dispuesto a dejar claro, desde el comienzo de su administración, que sus funcionarios tienen que alinearse con las directrices de la Presidencia.

Valencia llegó al DANE en agosto. Pero rápidamente apareció una diferencia que terminó siendo mucho más grande de lo que parecía.

En su primera rueda de prensa al frente de la entidad, cuando presentó los resultados del mercado laboral de julio, Valencia aseguró que no había encontrado evidencia de manipulación de las cifras del DANE durante la administración anterior.

Ese detalle es importante.

Porque buena parte del discurso político que acompañó la llegada del nuevo Gobierno estuvo construido alrededor de la necesidad de revisar qué había recibido de la administración anterior y de señalar posibles problemas heredados.

Por eso, que el nuevo director del DANE dijera públicamente que no había encontrado evidencia de manipulación de las estadísticas podía resultar políticamente incómodo para una administración que busca construir su propio relato sobre la situación que recibió.

Pero después vino otro episodio.

La Presidencia impartió una directiva para restringir las declaraciones de funcionarios a los medios sin autorización previa. Esa decisión terminó afectando al DANE y provocó la cancelación, apenas media hora antes, de una rueda de prensa en la que se iban a explicar los resultados de inflación de agosto.

El dato, eso sí, fue publicado.

Lo que se restringió fue la explicación pública ante los medios.

Y ahí apareció nuevamente Valencia.

Aunque no realizó la rueda de prensa prevista, publicó un video explicando los resultados, algo que, según reportes periodísticos, también generó molestia en la Casa de Nariño.

Entonces, lo que inicialmente podía parecer una diferencia administrativa comenzó a adquirir otra dimensión.

El mensaje es: aquí manda la Presidencia

La salida de Valencia puede leerse como una advertencia al resto del Gobierno.

Abelardo de la Espriella está comenzando su administración con una idea muy marcada de autoridad, disciplina y control político. Su discurso público ha insistido en recuperar el orden y la autoridad como prioridades de su Gobierno.

Y en ese contexto, la salida de un director que llevaba apenas unas semanas en el cargo puede interpretarse como una demostración de poder.

El mensaje podría resumirse así:

el funcionario que no siga la línea del Gobierno puede salir.

Eso no significa necesariamente que Valencia haya sido despedido exclusivamente por haber hablado de las cifras del DANE. Sería irresponsable afirmarlo como un hecho sin una prueba directa.

Pero sí existe una coincidencia temporal difícil de pasar por alto: primero aparecen las diferencias sobre la comunicación de las estadísticas, luego la controversia por las ruedas de prensa y ahora llega la salida del director.

Y ahí está el verdadero análisis.

¿Datos técnicos o datos políticamente incómodos?

El DANE tiene una característica que lo diferencia de un ministerio: produce información que debe servirle al país, independientemente de quién ocupe la Presidencia.

Inflación, desempleo, crecimiento económico, pobreza y otros indicadores no deberían ser buenos o malos dependiendo de quién gobierne.

Sin embargo, en política los números tienen consecuencias.

Una cifra positiva puede convertirse en argumento para defender una administración. Una cifra negativa puede convertirse en munición para la oposición.

Y precisamente por eso la independencia estadística resulta tan importante.

Exdirectores del DANE como Juan Daniel Oviedo y César Caballero han cuestionado la intervención del Gobierno en la forma como la entidad comunica sus resultados. Caballero, por ejemplo, sostuvo que las estadísticas del DANE no pertenecen al presidente ni al Gobierno, sino a toda la sociedad colombiana.

La discusión, entonces, va mucho más allá de Ricardo Valencia.

La pregunta es si el Gobierno de Abelardo de la Espriella quiere un DANE que produzca y explique sus estadísticas con autonomía técnica, o un DANE cuya comunicación tenga que pasar políticamente por la Casa de Nariño.

Y aquí aparece el factor Petro

Hay otro elemento político que tampoco se puede ignorar.

El Gobierno de De la Espriella llegó al poder prometiendo revisar y cuestionar buena parte de la herencia recibida del gobierno de Gustavo Petro.

Por eso, para la nueva administración resulta políticamente útil encontrar irregularidades, errores o decisiones cuestionables del gobierno anterior.

Pero Valencia hizo exactamente lo contrario en uno de los primeros asuntos que podía convertirse en una bandera política: dijo que no había encontrado evidencia de manipulación de los datos del DANE.

Eso no significa que Valencia estuviera defendiendo a Petro.

Significa que, desde su posición técnica, estaba reportando lo que había encontrado.

Y precisamente ahí aparece el choque entre la lógica técnica y la lógica política.

El técnico está obligado a decir lo que encuentra. El político necesita construir un relato sobre lo que recibió.

Cuando esas dos cosas coinciden, no hay problema.

Cuando chocan, aparece el conflicto.

Abelardo está marcando territorio

La salida de Ricardo Valencia también puede entenderse como una de las primeras demostraciones de cómo funcionará el poder durante el Gobierno De la Espriella.

El Presidente parece querer una administración mucho más vertical, en la que las decisiones y la comunicación pública tengan una línea definida desde la Casa de Nariño.

Eso puede ser eficiente para gobernar.

Pero también tiene un riesgo.

Si el Gobierno termina confundiendo lealtad política con obediencia institucional, puede terminar debilitando precisamente las entidades que necesita para demostrar que sus decisiones están respaldadas por datos.

Porque el problema no es que un Gobierno quiera defenderse.

Todos los gobiernos lo hacen.

El problema aparece cuando las instituciones empiezan a sentirse obligadas a acomodar la forma de presentar la realidad para que esa realidad no afecte políticamente al Gobierno.

Y ahí el caso del DANE se vuelve especialmente sensible.

La verdadera noticia no es solamente que Valencia salió

La noticia de fondo es el mensaje que queda después de su salida.

Abelardo de la Espriella está diciendo que no llegó a la Presidencia para permitir funcionarios que se aparten de su línea de Gobierno.

La pregunta ahora es hasta dónde llegará esa política.

Porque una cosa es exigir disciplina administrativa y coordinación institucional.

Y otra muy diferente sería que los funcionarios tengan que cuidar los datos, los informes o las explicaciones públicas para evitar que una cifra pueda dejar mal parado al Gobierno.

Ahí comienza una discusión mucho más profunda sobre la independencia de las instituciones.

Y el DANE es quizás uno de los peores lugares para abrir esa pelea.

Porque al final, un Gobierno puede cambiar funcionarios.

Pero no puede cambiar los números simplemente porque los números no le gusten.

Ese es el verdadero debate que deja la salida de Ricardo Valencia.