
Cada vez que Eduardo Verano de la Rosa habla en público, hay un tema que inevitablemente vuelve a aparecer: el centralismo. Para algunos, ya es una obsesión. Para otros, es la batalla más importante que ha librado el Caribe colombiano en las últimas décadas.
Pero la verdadera pregunta es otra: ¿Verano está exagerando o realmente el centralismo sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de las regiones?
No es una pelea nueva.
Quienes creen que el gobernador del Atlántico comenzó esta discusión por motivos políticos recientes se equivocan. Verano viene defendiendo la descentralización desde que fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.
Durante más de treinta años ha repetido prácticamente el mismo discurso: Colombia continúa siendo un país donde las decisiones más importantes y el manejo de los recursos siguen concentrados en Bogotá.
Su argumento es sencillo: las regiones producen riqueza, generan impuestos y sostienen buena parte de la economía nacional, pero cuando necesitan recursos para obras de infraestructura, salud, educación o transporte, deben esperar la autorización del Gobierno nacional.
¿Tiene fundamento su reclamo?
Sí.
Colombia sigue siendo uno de los países más centralizados de América Latina en materia fiscal. La mayor parte de los ingresos públicos son administrados por el Gobierno Nacional, mientras que departamentos y municipios dependen de las transferencias que reciben desde Bogotá.
Eso significa que un gobernador muchas veces no puede ejecutar proyectos importantes simplemente porque no controla los recursos suficientes.
Desde esa perspectiva, el reclamo de Verano no es un discurso político vacío. Existe una realidad administrativa que respalda buena parte de sus críticas.
La RAP Caribe: el proyecto de su vida
Si hay una obra política que identifica a Eduardo Verano, es la RAP Caribe.
Muchos creen que la RAP es simplemente una oficina más del Estado, pero realmente fue diseñada para que los departamentos del Caribe trabajen unidos en proyectos regionales de infraestructura, energía, transporte y desarrollo económico.
Sin embargo, la RAP tiene una limitación enorme: puede planificar, pero no tiene verdadero poder de decisión ni autonomía financiera.
Por eso Verano quiere dar el siguiente paso.
Su objetivo es convertir la RAP en una Región Entidad Territorial (RET), una figura que permitiría que el Caribe tenga mayor capacidad para administrar recursos y ejecutar políticas propias sin depender completamente del Gobierno Nacional.
En otras palabras, dejaría de ser un organismo de coordinación para convertirse en un verdadero gobierno regional con mayores competencias.
¿La RAP Caribe desaparecerá cuando Verano salga del poder?
Probablemente no.
Aquí es donde muchos análisis se quedan cortos.
Es cierto que Eduardo Verano ha sido el principal impulsor del proyecto, pero la RAP Caribe ya tiene personería jurídica, presupuesto propio y respaldo legal.
Además, participan ocho departamentos de la región, no solamente el Atlántico.
Eso significa que la institución puede seguir funcionando aunque Verano termine su mandato.
Sin embargo, existe otro riesgo mucho más real.
El verdadero peligro no es desaparecer.
La amenaza no es jurídica.
La amenaza es política.
Toda gran transformación necesita liderazgo.
Si los próximos gobernadores no convierten la descentralización en una prioridad, la RAP podría seguir existiendo, pero convertirse en una entidad con poca influencia, limitada a elaborar estudios y documentos sin capacidad de transformar realmente la región.
Ese escenario sería mucho más preocupante que una eventual desaparición.
El mayor obstáculo sigue estando en Bogotá.
Aunque exista voluntad en la Costa Caribe, la transformación hacia una Región Entidad Territorial necesita reformas legales y respaldo del Congreso.
Y ahí aparece el principal desafío.
Cada avance implica que el Gobierno Nacional ceda parte del control sobre los recursos públicos.
Históricamente, ningún gobierno central ha estado dispuesto a entregar fácilmente ese poder.
Por eso la discusión trasciende a Eduardo Verano.
Lo que está en juego es el modelo de Estado que tendrá Colombia durante las próximas décadas.
¿Y qué piensa realmente la ciudadanía?
Aquí aparece otro problema.
Mientras los dirigentes hablan de descentralización, la mayoría de los ciudadanos está preocupada por temas mucho más inmediatos: el costo de la energía, el empleo, la inseguridad o el estado de las vías.
Si la gente no logra entender cómo una mayor autonomía regional puede mejorar esos problemas cotidianos, cualquier intento de referendo o reforma corre el riesgo de fracasar por falta de apoyo ciudadano.
La autonomía no puede venderse únicamente como una reforma constitucional; debe traducirse en beneficios concretos para la población.
Conclusión
Eduardo Verano puede parecer insistente cuando habla del centralismo, pero su discurso tiene bases históricas, técnicas y constitucionales.
La verdadera discusión no es si el gobernador está obsesionado con el tema.
La pregunta que Colombia debería hacerse es mucho más profunda: ¿puede un país seguir desarrollándose cuando la mayoría de las decisiones económicas continúan concentradas en una sola ciudad?
El futuro de la RAP Caribe dependerá menos de Eduardo Verano que de la capacidad de la nueva generación de líderes costeños para mantener viva esa visión y demostrar que una mayor autonomía regional puede traducirse en mejores oportunidades para millones de colombianos.