
Durante su reciente visita a Barranquilla, el presidente Gustavo Petro lanzó fuertes críticas contra la administración de Alejandro Char, cuestionando el manejo de recursos para educación, la cobertura universitaria y los problemas de inseguridad que enfrenta la ciudad.
Pero más allá de los discursos políticos, vale la pena preguntarse: ¿realmente Barranquilla debería estar agradecida con el Gobierno Petro?
La respuesta no es tan sencilla como quiere hacer creer el presidente.
Es cierto que el Gobierno nacional ha aumentado algunas transferencias y programas sociales. Sin embargo, cuando se observan las grandes transformaciones que ha vivido Barranquilla durante las últimas dos décadas, resulta difícil atribuirlas al actual gobierno nacional.
El Malecón, la recuperación de la ciudad, la modernización de colegios, los parques, la infraestructura vial y gran parte del crecimiento económico de Barranquilla han sido impulsados principalmente por administraciones locales lideradas por Alejandro Char y otros gobiernos distritales, junto con la inversión privada.
Uno de los errores más evidentes del presidente Petro es reducir el debate educativo únicamente a la cantidad de recursos girados desde Bogotá. Barranquilla no solo financia una parte significativa de sus programas educativos con recursos propios, sino que además lidera indicadores de calidad educativa que la ubican entre las mejores ciudades del país.
Mientras Petro habla de cobertura, la ciudad exhibe resultados concretos en calidad, bilingüismo y rendimiento académico.
Tampoco resulta convincente que el presidente responsabilice exclusivamente a la Alcaldía por los problemas de inseguridad. La expansión de bandas criminales, el narcotráfico y las redes de extorsión son fenómenos que dependen también de la política de seguridad nacional.
De hecho, la llamada “Paz Total” ha sido objeto de fuertes críticas en distintas regiones del país por no producir los resultados esperados frente al crimen organizado.
Además, muchos barranquilleros recuerdan decisiones y episodios que han generado molestia durante este gobierno.
La pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos 2027 fue un golpe para la ciudad y para Colombia. Aunque las responsabilidades fueron compartidas entre distintos niveles del Estado, el episodio dejó la sensación de una falta de liderazgo nacional para salvar un proyecto estratégico para Barranquilla.
También existe frustración por proyectos que no avanzaron al ritmo esperado y por la percepción de una relación conflictiva entre la Casa de Nariño y las autoridades locales.
Por eso resulta difícil sostener que Barranquilla le deba un agradecimiento especial al presidente Petro.
La ciudad ha demostrado durante años una capacidad de gestión propia que trasciende los gobiernos nacionales de turno.
Y quizás allí está el verdadero fondo de la discusión.
Mientras Petro insiste en señalar las fallas de la administración local, muchos barranquilleros observan una ciudad que sigue avanzando gracias a sus propias instituciones, sus empresarios y sus ciudadanos.
La crítica al Gobierno Nacional no significa desconocer los recursos que han llegado desde Bogotá. Pero tampoco se puede aceptar la narrativa de que los logros de Barranquilla son consecuencia exclusiva de la actual administración presidencial.
La realidad es otra: Barranquilla creció antes de Petro, sigue creciendo durante Petro y probablemente continuará haciéndolo después de Petro.
El debate no debería ser quién se lleva el crédito político, sino quién está ayudando realmente a resolver los problemas de los ciudadanos.
Y en esa comparación, muchos consideran que la administración de Alejandro Char tiene más resultados concretos para mostrar que los discursos pronunciados desde la Plaza de la Paz.