
La cultura de Barranquilla atraviesa un nuevo momento de cambios. La renuncia de Juan Carlos Ospino a la dirección de Carnaval de Barranquilla S.A.S., después del nombramiento de Jhonny Insignares como secretario encargado de Cultura del Distrito, dejó sobre la mesa una discusión que va mucho más allá de dos nombres.
La pregunta es sencilla: ¿puede una persona reconocida como influencer y creador de contenido dirigir la cultura de una ciudad como Barranquilla?
La respuesta no debería depender de si una persona es influencer, político, empresario o funcionario. Lo importante debería ser qué conocimientos tiene, qué experiencia posee y si está preparada para administrar un sector tan amplio como la cultura.
Jhonny Insignares es conocido en redes sociales como El City Lover, donde ha construido una comunidad alrededor de la historia, el turismo, el patrimonio y los lugares de Barranquilla. Precisamente, ese conocimiento de la ciudad y su capacidad para comunicar pueden haber sido parte de las razones por las que la administración de Alejandro Char decidió confiarle la Secretaría de Cultura.
Y aquí hay algo que vale la pena reconocer: las redes sociales también pueden ser una herramienta para acercar la cultura a la gente.
Durante años, muchas personas han sentido que la cultura es un tema reservado para especialistas, artistas o funcionarios. Un creador de contenido puede ayudar a que la historia de Barranquilla, sus tradiciones, sus personajes y su patrimonio lleguen a públicos que normalmente no consumen información cultural.
Pero una cosa es comunicar cultura y otra muy diferente es administrar la cultura.
Una Secretaría de Cultura tiene responsabilidades que van mucho más allá de hacer videos. Allí están los artistas, los gestores culturales, las escuelas de formación, los eventos, el patrimonio, los estímulos, los presupuestos públicos y las políticas culturales de la ciudad.
Por eso, el debate no debería ser simplemente: “¿Cómo van a poner a un influencer de secretario?”
La verdadera pregunta debería ser:
¿Tiene las capacidades necesarias para manejar la cultura de Barranquilla?
Y precisamente ahí parece estar una de las diferencias que provocaron la salida de Juan Carlos Ospino.
Ospino dejó una frase que generó bastante discusión: “La cultura y el Carnaval no se pueden administrar con modismos ni con emociones de influencer”.
No hace falta estar de acuerdo con Ospino para entender lo que está diciendo.
Su preocupación parece estar relacionada con que la cultura y el Carnaval no terminen manejándose únicamente desde la lógica de las redes sociales, las tendencias y la popularidad.
Porque el Carnaval de Barranquilla no es solamente una marca.
Es una tradición, una industria cultural, una fiesta popular y una expresión de la identidad de miles de personas.
Pero también hay que mirar la otra cara.
¿Acaso una persona con experiencia en redes, comunicación y nuevas audiencias no puede aportar precisamente lo que necesita la cultura de hoy?
Quizás el problema no sea que Jhonny Insignares sea creador de contenido.
El verdadero problema sería que su condición de creador de contenido fuera lo único que se tuviera en cuenta para darle el cargo.
Si además tiene conocimiento de patrimonio, turismo, historia, gestión y capacidad administrativa, entonces su experiencia digital puede convertirse en una ventaja.
Pero si la política cultural comienza a medirse únicamente por seguidores, likes y capacidad para generar contenido, entonces sí habría motivos para preocuparse.
¿Y qué pasa con Michelle Char?
En medio de este movimiento también ha comenzado a sonar el nombre de Michelle Char como una posible futura directora de Carnaval de Barranquilla.
Aquí también hay que hacer una aclaración: hasta ahora debe manejarse como una posibilidad y no como un nombramiento confirmado.
Michelle Char conoce el Carnaval desde otra perspectiva. Fue Reina del Carnaval 2026, tiene formación artística y una relación directa con las tradiciones de la fiesta. Además, tiene una importante presencia en redes sociales.
Y esto vuelve todavía más interesante el debate.
Porque si finalmente llegara a la dirección del Carnaval, podríamos estar viendo una nueva generación de dirigentes culturales que combinan tradición, juventud, comunicación y redes sociales.
¿Es eso malo?
No necesariamente.
Pero tampoco significa que sea automáticamente bueno.
La cultura necesita gente que entienda las nuevas formas de comunicación, pero también necesita personas que conozcan sus procesos, sus problemas y a quienes viven de ella.
El verdadero desafío
Quizás lo que está ocurriendo en Barranquilla no sea simplemente un cambio de funcionarios.
Puede ser un cambio de modelo.
Un modelo más joven, más digital y más enfocado en comunicar la ciudad hacia afuera.
El desafío será demostrar que detrás de las redes sociales también existe gestión, conocimiento, presupuesto, planificación y respeto por quienes llevan décadas construyendo la cultura barranquillera.
Porque un influencer puede ser secretario de Cultura.
Claro que puede.
Pero no debería ser secretario simplemente porque es influencer.
De la misma manera, una persona con muchos años de experiencia tampoco debería ocupar un cargo solamente porque lleva mucho tiempo en el sector.
Al final, lo que debería importar es una sola cosa:
¿Quién está mejor preparado para cuidar, administrar y proyectar la cultura de Barranquilla?
Y esa es una pregunta que no debería responder ni Instagram, ni los políticos, ni los seguidores.
La debería responder la gestión.