Indalecio Dangond llega al Ministerio de Agricultura: la apuesta por un campo con más crédito, agua y oportunidades.

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El nuevo Gobierno comenzó a conformar su equipo y uno de los nombramientos que más expectativa genera en el sector productivo es el de Indalecio Dangond Baquero como ministro de Agricultura.

No se trata de un político tradicional. Su trayectoria ha estado ligada durante casi cuatro décadas al financiamiento agropecuario y al desarrollo rural, dos áreas que muchos consideran fundamentales para transformar el campo colombiano.

Además, su origen barranquillero representa la llegada de un profesional de la región Caribe a una de las carteras más importantes para la economía nacional.

Un ministerio que necesita resultados

Durante muchos años, Colombia ha hablado de la necesidad de fortalecer el campo. Sin embargo, los problemas siguen siendo prácticamente los mismos: dificultades para acceder a créditos, falta de títulos de propiedad, escasez de sistemas de riego y baja productividad.

Por eso, el éxito de Indalecio Dangond no dependerá de los anuncios, sino de su capacidad para convertir las promesas en resultados medibles.

La bancarización: el mayor desafío

Uno de los objetivos más ambiciosos es incorporar a 2,5 millones de campesinos al sistema financiero.

Esto significa que miles de productores podrían acceder a créditos, seguros, cuentas bancarias y otros servicios que hoy les resultan prácticamente imposibles de obtener.

El problema es que la bancarización no depende únicamente de abrir cuentas. También exige educación financiera, acceso a internet, presencia de entidades bancarias en zonas rurales y, sobre todo, generar confianza entre los productores.

Si este objetivo se cumple, podría convertirse en una de las transformaciones más importantes del campo colombiano en los últimos años.

La tierra sigue siendo un problema

Otro de los pilares será avanzar en la formalización de la propiedad rural.

Miles de campesinos trabajan tierras que no cuentan con títulos legalmente registrados. Esta situación limita el acceso al crédito porque, sin documentos que acrediten la propiedad, es muy difícil ofrecer garantías a las entidades financieras.

Formalizar la propiedad no solo brinda seguridad jurídica, sino que también abre la puerta a mayores inversiones y desarrollo económico en las zonas rurales.

“La agricultura se escribe con agua”

Quizá una de las frases que más resume la visión del nuevo ministro es que “la agricultura se escribe con agua”.

El anuncio de construir más distritos de riego apunta directamente a uno de los principales problemas del agro colombiano: la dependencia del clima.

Cuando hay sequías, las cosechas disminuyen. Cuando llegan las lluvias intensas, aparecen las inundaciones.

Una infraestructura hídrica adecuada permitiría mejorar la productividad y reducir los riesgos que hoy enfrentan miles de agricultores.

Apostarle a las nuevas generaciones

Otro anuncio importante es la creación de 700 Escuelas de Emprendimiento Rural.

El objetivo es incentivar que los jóvenes permanezcan en el campo y encuentren oportunidades de negocio sin verse obligados a migrar hacia las grandes ciudades.

El relevo generacional es uno de los mayores desafíos de la agricultura colombiana. Muchos jóvenes ya no consideran rentable trabajar la tierra, y eso amenaza la producción de alimentos en el futuro.

El reto de sustituir cultivos ilícitos

Dentro del plan también aparece la sustitución de 50.000 hectáreas de cultivos ilícitos mediante proyectos productivos como palma en Tumaco y cacao en otras regiones.

La experiencia demuestra que estos programas solo funcionan cuando vienen acompañados de vías, asistencia técnica, comercialización y mercados estables.

Cambiar un cultivo ilegal por uno legal requiere garantizar que las familias puedan vivir dignamente de esa nueva actividad económica.

El censo que hace falta

Otro de los anuncios es la realización de un nuevo Censo Nacional Agropecuario.

Contar con información actualizada permitirá tomar mejores decisiones sobre inversión, productividad, necesidades regionales y planificación del desarrollo rural.

Sin datos confiables es muy difícil diseñar políticas públicas efectivas.

Un nombramiento que genera expectativas

La llegada de Indalecio Dangond representa la apuesta por un perfil técnico con amplia experiencia en el sector financiero agropecuario.

Sin embargo, administrar el Ministerio de Agricultura implica enfrentar problemas históricos que ningún gobierno ha logrado resolver completamente.

Las metas anunciadas son ambiciosas y podrían transformar el campo colombiano si logran ejecutarse con eficiencia, recursos suficientes y continuidad en el tiempo.

A partir de ahora, el verdadero reto será pasar del discurso a los resultados. Porque el éxito de este ministerio no se medirá por el número de anuncios, sino por la cantidad de campesinos que realmente mejoren su calidad de vida, accedan al crédito, legalicen sus tierras y produzcan más alimentos para el país.

En un país donde el agro ha sido durante décadas una promesa pendiente, la gestión de Indalecio Dangond podría convertirse en una oportunidad para demostrar que el desarrollo rural también puede ser una política de Estado y no únicamente una promesa de gobierno.