¿Y ahora la derecha de Colombia de que va hablar?

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La política colombiana acaba de sufrir un sismo de magnitud impensable. Con la caída del chavismo y el inesperado “idilio” pragmático entre Gustavo Petro y Donald Trump, la derecha tradicional parece haber perdido su brújula narrativa. Durante años, su discurso se sostuvo sobre un trípode sólido: el miedo al modelo venezolano, la alianza incondicional con Washington y la figura de Petro como el “enemigo de la democracia”. Hoy, ese trípode tiene las patas rotas.

La Caída del Espejo Venezolano

El argumento del “Castro-Chavismo” ha muerto por sustracción de materia. Sin Maduro en el poder, la derecha ya no puede señalar hacia el otro lado de la frontera para asustar al electorado con un futuro de escasez. Se les acabó el “efecto espejo”. Al desaparecer la figura del dictador en Caracas, la oposición colombiana se ve obligada a proponer soluciones internas reales en lugar de simplemente agitar el fantasma de la “venezolanización”.

El Cortocircuito Diplomático

Lo que más ha descolocado a la oposición es ver a Petro y a Trump —dos polos supuestamente irreconciliables— hablando el lenguaje del realismo político. La derecha, que siempre se presentó como la única interlocutora válida ante la Casa Blanca, asiste con desconcierto a una escena donde Petro logra desactivar la hostilidad de Trump.

El dilema: Si la derecha critica el acercamiento, queda como enemiga de la estabilidad diplomática.

La trampa: Si lo apoya, admite que Petro tiene la astucia necesaria para negociar con el “león” en su propia cueva.

De la Ideología al “Narcotráfico”

Ante la falta de argumentos ideológicos que peguen en la opinión pública, la derecha está intentando un giro desesperado hacia la seguridad y el narcotráfico. Su nueva redacción se centra en que Petro “se arrodilló” ante Trump para evitar ser el siguiente en la lista de capturas, y que la paz con Washington vendrá al costo de retomar políticas de mano dura que Petro juró nunca usar.

En conclusión, la derecha colombiana se enfrenta a su mayor reto comunicativo en décadas: dejar de ser una oposición de miedos externos para convertirse en una de propuestas internas. El guion de “nos vamos a volver como Venezuela” ha quedado archivado en la historia; ahora deberán demostrar si tienen algo más que ofrecer que la simple sombra de un enemigo que ya no existe.