
Fuente: Valora Analitik
Colombia atraviesa un momento complejo en sus finanzas públicas. El actual nivel de endeudamiento y déficit fiscal plantea un gran reto para el próximo presidente que asuma en 2026.
Hoy, el país gasta mucho más de lo que recibe en ingresos. En 2025, el déficit fiscal —es decir, la diferencia entre lo que entra a la caja del Estado y lo que sale para cubrir gastos— se estima en más del 7 % del PIB, una cifra bastante alta para una economía como la colombiana. Eso significa que buena parte del gasto público se está financiando con deuda.
La deuda del Gobierno Nacional ya supera el 61 % del PIB y, de seguir la tendencia actual, podría llegar al 63 % en 2026. Esto implica que, por cada 100 pesos que produce la economía, más de 60 ya están comprometidos en deuda. Una situación que reduce el margen de maniobra para invertir en desarrollo, programas sociales o infraestructura.
El panorama se complica porque gran parte del presupuesto nacional está amarrado a gastos fijos: salarios de funcionarios, pensiones, subsidios y, sobre todo, el pago de intereses de la deuda. Para 2026, se calcula que cerca de una quinta parte del presupuesto se destinará solo al servicio de la deuda. En otras palabras, buena parte de los recursos del país se irán a pagar créditos y no a nuevas inversiones.
A esto se suma la incertidumbre por la reforma tributaria que el actual gobierno impulsa. Si no logra aprobarse o no recauda lo esperado, las cuentas públicas quedarán aún más apretadas. Además, la suspensión temporal de la regla fiscal —el mecanismo que ponía límites al endeudamiento— genera dudas sobre la disciplina de las finanzas del Estado en los próximos años.
En este contexto, el próximo gobierno heredará en 2026 una deuda muy alta, un déficit difícil de reducir y un presupuesto con poco espacio para inversión. Será inevitable tomar decisiones impopulares: aumentar ingresos, ajustar gastos y recuperar la confianza de los inversionistas para evitar que el país caiga en un mayor riesgo financiero.
En conclusión, quien llegue a la Casa de Nariño en 2026 no solo recibirá un país polarizado en lo político, sino también unas cuentas públicas tensas, con un peso de la deuda que marcará toda su gestión.