
El dólar en Colombia ha caído por debajo de los 3.700 pesos, alcanzando niveles que no se veían desde hace varios años. La caída responde a una combinación de factores internacionales y locales que han fortalecido al peso colombiano y generado un nuevo escenario económico para el país.
En el plano internacional, la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos reduzca sus tasas de interés en 2026 ha debilitado la moneda estadounidense frente a varias divisas emergentes. A esto se suma el repunte en los precios internacionales del petróleo, que favorece a países exportadores como Colombia, y la volatilidad en los mercados financieros de Wall Street, que ha reducido la confianza en el dólar como refugio seguro.
Dentro del país, la llegada de capitales atraídos por tasas de interés locales ha incrementado la demanda de pesos, mientras que la política monetaria del Banco de la República, enfocada en controlar la inflación y dar señales de estabilidad, ha reforzado la confianza en la moneda nacional. Aunque persisten retos fiscales, las señales de disciplina han contribuido a la apreciación del peso.
Las consecuencias de esta caída del dólar son diversas. Para importadores y consumidores, representa un alivio: los bienes y servicios importados se abaratan y la presión inflacionaria disminuye. Para exportadores, en cambio, significa menores ingresos en pesos por sus ventas internacionales, afectando sectores como el café, las flores y el banano. Las familias que reciben remesas desde el extranjero también perciben menos pesos por cada dólar enviado, y hasta la economía ilegal se ve impactada, pues sus flujos en divisa pierden valor al convertirse en moneda local. En el turismo, viajar al exterior se vuelve más accesible para los colombianos, mientras que para los visitantes extranjeros Colombia puede resultar más costosa.
La caída del dólar por debajo de los 3.700 pesos marca un cambio de tendencia que reconfigura las relaciones económicas del país. Es un escenario de contrastes: alivio para unos, golpe para otros, y un debate abierto sobre la sostenibilidad de esta apreciación del peso en el mediano plazo.