Nepal: crisis política, social y económica en 2025.

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Nepal atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Las protestas que comenzaron tras la prohibición de redes sociales a inicios de septiembre de 2025 se convirtieron rápidamente en una revuelta generacional contra la corrupción, la desigualdad y la falta de oportunidades.

Lo que empezó como rechazo a la censura digital desató un estallido social: miles de jóvenes salieron a las calles de Katmandú y otras ciudades exigiendo transparencia, empleo y un cambio profundo en la política. Las manifestaciones se tornaron violentas, con ataques a edificios estatales, incluyendo el incendio del parlamento, y una represión policial que dejó al menos 19 muertos.

La corrupción como raíz del descontento

El malestar social tiene raíces profundas. La población acusa a las élites políticas de nepotismo, clientelismo y desvío de fondos públicos, prácticas que han acompañado a casi todos los gobiernos en las últimas décadas.

Trámites básicos suelen implicar sobornos; grandes proyectos de infraestructura se inflan en costos y quedan inconclusos; y muchos jóvenes sienten que el acceso a oportunidades laborales depende más de contactos políticos que de méritos. Esta percepción de impunidad alimentó la ira que estalló en las calles.

El fantasma de la monarquía

En medio del caos, volvió al debate la figura del exrey Gyanendra Shah, depuesto en 2008 cuando Nepal se convirtió en república. Aunque él no lidera directamente las manifestaciones, sectores pro-monárquicos aprovecharon la coyuntura para reclamar el regreso de la corona, presentándolo como una alternativa frente a la corrupción de los partidos.

Manifestaciones con banderas reales y consignas como “Bring back the king” se sumaron a las protestas. El gobierno respondió reduciendo la seguridad del exmonarca e incluso sancionándolo por daños ocasionados en marchas de sus simpatizantes. Aunque restaurar la monarquía sería jurídicamente complejo, la sola idea evidencia el profundo desencanto con la república actual.

Una economía frágil

El trasfondo económico también alimenta la crisis. Aunque el crecimiento del PIB ronda el 4.5-4.9 % anual, la pobreza aún afecta a una de cada cinco personas, con mayor impacto en zonas rurales.

La inflación se mantiene cerca del 5 %, con fuerte presión en los precios de alimentos, y el déficit comercial sigue siendo un problema crónico: Nepal importa mucho más de lo que exporta. El empleo juvenil es precario, lo que empuja a muchos a emigrar o depender de remesas.

Así, pese a que las cifras macroeconómicas parecen estables, la mayoría de la población no percibe mejoras en su vida diaria.

La caída del primer ministro Oli y el vacío de poder

La presión social llevó a la renuncia del primer ministro K. P. Sharma Oli el 9 de septiembre de 2025. Su salida, sin embargo, dejó un vacío de poder.

El parlamento, destruido en un incendio provocado por manifestantes, no puede sesionar en su sede tradicional. Aunque los diputados siguen en funciones, la falta de infraestructura y el clima de violencia impiden un proceso normal de sucesión.

Ante el colapso institucional, el ejército ha intervenido como mediador junto con los partidos políticos y representantes de los manifestantes para definir un gobierno interino. Entre los nombres que suenan están:

  • Sushila Karki, exjueza en jefe, símbolo de integridad.
  • Kulman Ghising, reconocido por acabar con las crisis energéticas del país.
  • Balendra Shah (“Balen”), alcalde de Katmandú y figura popular entre la juventud.

Todos generan entusiasmo social, pero carecen de respaldo parlamentario claro, lo que hace incierta su designación.

Un futuro incierto

Nepal está en una encrucijada. Por un lado, los jóvenes piden un cambio real que supere la corrupción y el clientelismo. Por otro, los partidos tradicionales intentan conservar el poder en medio de la crisis. A esto se suma la presión de sectores pro-monárquicos que buscan reinstalar al rey como alternativa.

En el corto plazo, el país necesita un gobierno de transición que garantice estabilidad, convoque a elecciones y emprenda reformas anticorrupción. De lo contrario, la combinación de crisis política, debilidad económica y desconfianza ciudadana podría prolongar la inestabilidad y abrir más espacio para soluciones extremas.