
La captura de Nicolás Maduro a principios de este 2026 ha sido presentada por muchos como un triunfo de la democracia o una estrategia de seguridad. Sin embargo, para entender la verdadera razón por la cual Donald Trump puso todo el peso de Estados Unidos sobre Venezuela, no hay que mirar los mapas militares, sino los libros de contactos de los años 80 y 90.
Para Trump, Venezuela no es solo un país con petróleo; es una propiedad que, según su visión, fue “vandalizada” por malos inquilinos.
Un negocio que se arruinó
En los años 90, mucho antes de que el chavismo llegara al poder, Caracas era el patio de recreo de los grandes empresarios del mundo. Trump, como el magnate inmobiliario que siempre ha sido, estaba rodeado de la élite venezolana. Sus socios y amigos eran los dueños de los bancos, las constructoras y los medios de comunicación en Venezuela.
Estos empresarios no solo hacían negocios con él; eran quienes compraban sus apartamentos de lujo en Nueva York y llenaban sus casinos. Cuando el modelo político cambió en Venezuela y estas familias fueron expulsadas o expropiadas, Trump no vio una revolución: vio cómo le destruían su círculo de negocios más rentable.
El factor de la amistad y el Respeto
Para el presidente Trump, los negocios son personales. Él creció viendo a una Venezuela rica, elegante y, sobre todo, dispuesta a gastar dinero en sus proyectos. Ver el deterioro del país bajo el mando de Maduro fue para él una ofensa personal.
Se dice en los pasillos de Washington que Trump siente que tiene una “deuda de honor” con aquellos viejos amigos venezolanos que lo apoyaron cuando él estaba construyendo su imperio. Recuperar el control de Venezuela no es solo política exterior; es devolverle el poder a la clase empresarial con la que él se siente identificado.
La visión del “remodelador”
Si algo define a Trump es su mentalidad de constructor. Él mira a Venezuela y no ve un problema social, ve un edificio en ruinas que puede ser un hotel de cinco estrellas.
Su enfoque en controlar el petróleo y los recursos naturales tras la caída de Maduro tiene un mensaje claro: “Ustedes rompieron el país, ahora yo me cobro el arreglo”. Es la mentalidad de un inversionista que recupera una propiedad después de un largo pleito legal y decide administrarla a su manera para que vuelva a dar ganancias.
Lo que estamos viviendo este año no es una simple transición política. Es el acto final de un hombre que nunca olvida una deuda y que ha decidido, finalmente, poner orden en lo que él considera su antiguo vecindario de lujo. El objetivo nunca fue solo quitar a Maduro, sino restaurar el tablero de juegos donde Trump y sus aliados solían ganar.