
El Gobierno nacional acaba de firmar el Decreto 0264 de 2026, que sube el arancel al 35% en 14 tipos específicos de productos de acero y metal (como barras, perfiles, tubos, alambres y clavos) que vienen de países sin tratado de libre comercio con Colombia, principalmente China, Rusia, Turquía e India. La medida entra en vigor el 1 de abril y dura un año (con posibilidad de revisión).
El objetivo oficial es claro: proteger la industria siderúrgica nacional frente a importaciones muy baratas (hasta 42% más económicas en algunos casos), que según el Ejecutivo desplazan la producción local y amenazan alrededor de 50.000 empleos directos e indirectos en siderúrgicas y metalmecánica. Es parte de la política de reindustrialización del presidente Gustavo Petro, y gremios como Fenalcarbón (productores de carbón y coque para hacer acero) la aplauden porque mantiene viva la demanda de sus insumos y protege miles de puestos en zonas mineras.
Pero no todos celebran. La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) lanzó una alerta fuerte: esta decisión podría encarecer la vivienda y golpear aún más a un sector ya en crisis.
¿Por qué Camacol dice que es un problema?
- El acero representa cerca del 16% de los costos directos en una obra de construcción.
- Con el alza del 35% en algunos insumos importados, los costos totales de construcción podrían subir alrededor del 3-4%, lo que se traduce en un aumento aproximado del 2-2,5% en el precio final de las casas (y más si se suma el arancel del 25% a cerámicos del Decreto 0265).
- El sector ya lleva 33 meses seguidos cayendo en ventas e iniciaciones de proyectos (niveles parecidos a 2012), con más de 136.000 empleos perdidos en construcción (un sector que genera más de 1 millón de puestos directos).
- Esto choca con las metas del Gobierno de bajar precios de la Vivienda de Interés Social (VIS) y reducir el déficit habitacional (cerca de 2,5 millones de hogares urbanos sin solución adecuada, y se esperan 4 millones más en la próxima década).
Camacol pregunta: “¿Cómo se bajan los precios de la vivienda si al mismo tiempo se encarecen sus materiales?”. Argumentan que no hay pruebas claras de “dumping” (venta por debajo del costo) en las importaciones, y que los precios bajos vienen de la oferta global, no de trampas.
Un detalle clave: no todo el acero se encarece igual
El arancel del 35% solo aplica a países sin TLC. El acero de México, por ejemplo, entra con arancel cero gracias al tratado comercial vigente desde hace décadas (y reforzado en la Alianza del Pacífico). Lo mismo pasa con Estados Unidos, Europa, Perú o Chile. Las constructoras podrían comprar más de esos orígenes para evitar el golpe, pero Camacol advierte que el acero mexicano o europeo no siempre resuelve todo: hay límites en volúmenes, tiempos de entrega, costos de flete y especificaciones técnicas para proyectos masivos de VIS.
El dilema en pocas palabras
- Ganadores (según el Gobierno y Fenalcarbón): la siderurgia nacional y la minería asociada ganan competitividad y protegen unos 50.000 empleos.
- Perdedores (según Camacol): la construcción, las familias que buscan casa propia y el empleo masivo en obras (mucho más grande que el de siderurgia).
Es un clásico trade-off en economía: proteger un sector industrial (upstream) puede costarle caro a otro (downstream) como la vivienda. El Gobierno defiende que es necesario para la reindustrialización y contra la competencia desleal asiática. Camacol ya evalúa acciones jurídicas y pide revisar la medida para no contradecir las políticas de vivienda digna y reactivación económica.
En los próximos meses se verá si el impacto en precios de casas y arriendos es tan fuerte como alertan los constructores, o si las importaciones de México y otros TLC mitigan el efecto. Por ahora, el debate está servido: ¿priorizar empleos en fábricas de acero o en la construcción de hogares?