Colombia gasta más de lo que recibe: déficit -7.5%.

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El panorama económico para Colombia en este 2025 ha encendido las alarmas a nivel internacional. Según el prestigioso medio The Economist, el país se encamina a cerrar el año con un déficit fiscal del -7,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Esta cifra sitúa a la nación en una posición comprometedora: somos el segundo país con el mayor hueco financiero entre 41 economías analizadas, superados únicamente por Egipto. Pero, ¿qué significa esto para el ciudadano de a pie y por qué las cuentas no cuadran?

La casa con el presupuesto roto

Para entender la gravedad del asunto, imaginemos que Colombia es un hogar. El PIB es el valor de todo lo que esa casa produce y posee en un año. Tener un déficit del -7,5% significa que, al final del año, la familia gastó 7,5 millones de pesos más de los 100 millones que tenía como base. En términos sencillos: la casa está gastando a un ritmo mucho mayor de lo que sus ingresos le permiten.

Aunque se habla de austeridad y ahorro, el problema es que el país tiene “gastos amarrados” que no puede recortar fácilmente, como las pensiones, la salud y los salarios de los empleados públicos. Es como si en un hogar se dejara de salir a comer fuera para ahorrar, pero la cuota de la hipoteca y el colegio de los hijos siguieran subiendo sin control.

La trampa de una deuda carísima

Uno de los puntos más críticos que revela el informe es que Colombia tiene hoy la cuarta deuda más cara a 10 años. Siguiendo con el ejemplo del hogar, es como si la familia tuviera una tarjeta de crédito con los intereses más altos del barrio.

Gran parte del dinero que el Gobierno logra recaudar a través de impuestos no se va para construir carreteras o mejorar hospitales, sino que se destina directamente a pagar los intereses de deudas viejas. Este círculo vicioso hace que, aunque se intente ahorrar, el hueco financiero (el déficit) siga creciendo porque el “banco” cobra cada vez más caro por el riesgo que percibe en el país.

¿Por qué esto golpea el bolsillo de los ciudadanos?

Muchos se preguntan por qué un número negativo en las cuentas del Estado debería importarles. La realidad es que el déficit es el anuncio de futuras facturas para la ciudadanía. Cuando a la “casa grande” no le alcanza el dinero, el dueño tiene pocas opciones: o pide más prestado (aumentando la deuda) o le pide más dinero a quienes viven en la casa.

Esto se traduce en la posibilidad de nuevas reformas tributarias o aumentos en el IVA. Además, la desconfianza que genera este desbalance hace que el peso pierda valor, lo que provoca que los productos importados y los insumos para el campo suban de precio, inflando el costo del mercado. Al mismo tiempo, los bancos, al ver el riesgo del país, suben las tasas de interés para los créditos de vivienda, vehículos o consumo personal.

El respaldo de las reservas

A pesar de este panorama gris, Colombia cuenta con un “paracaídas”. El país tiene reservas internacionales (ahorros en dólares y oro) y una buena reputación histórica de ser un “buen paga”. Esto es lo que permite que, aunque estemos en el segundo lugar del déficit mundial, los inversionistas sigan prestando dinero. Sin embargo, los expertos advierten que este respaldo no es infinito y que la casa necesita poner sus cuentas en orden antes de que el cupo de la tarjeta de crédito se agote.

Mantener la estabilidad requiere de un equilibrio urgente entre lo que se gana y lo que se gasta. Solo así se podrá evitar que el peso de la deuda termine por asfixiar el crecimiento y el bienestar de las familias colombianas, asegurando que los recursos lleguen a donde más se necesitan y no se queden atrapados en el pago eterno de intereses.