¿A Bukele le quedó grande el manejo económico de El Salvador?

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Imagina un país donde ya no hay miedo de salir a la calle por las pandillas, pero donde muchas familias aún luchan para llegar a fin de mes. Eso es El Salvador hoy. Bajo el presidente Nayib Bukele, el país se ha vuelto uno de los más seguros de América Latina y el mundo. Las calles están tranquilas y el turismo crece. Sin embargo, la economía no acompaña ese cambio. ¿Por qué? Vamos a explicarlo paso a paso, con números simples y ejemplos claros, para que cualquiera lo entienda.

La seguridad es un gran logro, pero no basta para vivir mejor

Antes, El Salvador era conocido por la violencia de las pandillas. Hoy, encuestas muestran que más del 80% de la gente se siente segura. Eso ha ayudado al turismo, que ya representa el 11% de toda la riqueza del país (lo que se llama PIB). Pero la seguridad sola no pone comida en la mesa. El crecimiento económico es bajo: en 2025 se espera que sea el más bajo de la región, alrededor del 2.5%. Mientras países vecinos crecen más rápido, aquí la gente común no ve mejoras grandes en su bolsillo.

La pobreza: mejor que vecinos, pero aún alta

El Salvador tiene unos 6.4 millones de habitantes en 2026. De ellos, cerca de 1.8 millones viven en pobreza, es decir, ganan menos de lo necesario para cubrir lo básico como comida, casa y salud. Eso es el 27.7% de la población. La pobreza extrema, donde no alcanza ni para comer, afecta al 9.3%, unos 600 mil personas.

Comparado con otros países de Centroamérica, no está tan mal:

País% en pobreza general% en pobreza extrema
El Salvador27.79.3
Honduras4815
Guatemala5516
Nicaragua4214
Costa Rica236

Fuente: Datos del Banco Mundial y BCR hasta 2024-2025.

Es mejor que Honduras o Guatemala, pero peor que Costa Rica o Panamá. Además, hay una pobreza “invisible”: el 53% de la gente no tiene buen acceso a escuelas, hospitales o agua limpia. Las remesas que mandan los salvadoreños desde afuera (unos 8 mil millones de dólares al año) ayudan, pero no resuelven todo.

¿Por qué la economía no crece? Deudas y problemas viejos

El problema principal es que el país debe mucho dinero. La deuda pública pasa el 80% del PIB, como si una familia ganara 100 dólares pero debiera 80. Eso deja poco para construir carreteras, escuelas o fábricas nuevas. Hay una desigualdad grande: el 1% más rico tiene el 25% de toda la riqueza, mientras el resto se reparte lo poco que queda.

Otros frenos son:

  • Dependencia de remesas: Cubren el déficit comercial (lo que se importa es más caro que lo que se exporta), pero no crean empleos locales.
  • Falta de inversión: Aunque hay seguridad, los inversionistas dudan por reglas fiscales que cambiaron (más impuestos y controles) y riesgos como huracanes que destruyen todo.
  • Economía informal: Mucha gente trabaja en la calle sin contratos, sin crecer.

Bukele ha intentado cosas nuevas, como usar Bitcoin o bajar sueldos mínimos en algunos casos, pero no han dado el salto grande. La gente lo aprueba mucho (nota 8.39 de 10 en encuestas de 2026) por la seguridad, pero el 45% dice que la economía es su mayor preocupación.

Nuevos esfuerzos para atraer plata de afuera

Hay esperanza. En enero de 2026, aprobaban una ley que da descuentos de impuestos del 10% al 30% a empresas que ya están en el país y quieren crecer. También firmaron un acuerdo con Estados Unidos para vender sin aranceles. Grupos como ASI esperan más inversión en energía de la región. Pero para que funcione, hace falta arreglar lo básico: menos deuda, más carreteras y reglas claras que no cambien de un día para otro.

En resumen: seguridad sí, prosperidad a medias

El Salvador es como una casa limpia y segura, pero con goteras en el techo y sin muebles nuevos. Bukele ha ganado la batalla contra el crimen, y eso es enorme. Pero para que la economía levante, necesita menos deudas, más trabajos estables y atraer empresas grandes. Con 6.4 millones de habitantes esperando un futuro mejor, el reto es pasar de la calma en las calles a dinero en los bolsillos. Si logran invertir en gente y no solo en cárceles, el país podría brillar de verdad. La pregunta es: ¿lo harán a tiempo? El mundo mira.