
En lo que representa la mayor movilización civil desde el quiebre institucional de enero, miles de venezolanos, liderados por el movimiento estudiantil, inundaron las avenidas de la capital para marcar un hito: la primera gran marcha antichavista tras la caída de Nicolás Maduro.
Bajo el lema de la “libertad plena”, la manifestación del Día de la Juventud no solo conmemoró la gesta histórica de los estudiantes, sino que sirvió como un termómetro social para medir el pulso de una nación que intenta sacudirse años de parálisis por temor.
El fin del miedo y la exigencia de libertad
Tras la captura de Maduro el pasado 3 de enero y su posterior traslado a los Estados Unidos, el aparato de represión del Estado ha mostrado fisuras evidentes. Los jóvenes, protagonistas de la jornada, aseguraron de forma unánime que “el miedo se quedó en el pasado”.
La demanda central de la marcha es innegociable: la liberación inmediata de los presos políticos. Según organizaciones de derechos humanos y el Foro Penal, todavía permanecen tras las rejas cientos de ciudadanos, a pesar de las promesas de apertura del gobierno interino de Delcy Rodríguez.
Entre la transición y la presión internacional
La marcha ocurre en un momento de extrema sensibilidad diplomática. Mientras el país se acerca cautelosamente a una normalización de relaciones con la administración de Donald Trump, la calle envía un mensaje claro: no habrá estabilidad sin justicia.
- La Ley de Amnistía: El Parlamento venezolano se encuentra hoy bajo la lupa, con la expectativa de que se concrete la liberación masiva de detenidos este viernes 13 de febrero.
- El factor petrolero: Las negociaciones sobre el control del crudo avanzan en paralelo, pero la ciudadanía exige que los recursos del país se traduzcan en libertades civiles inmediatas.
Un nuevo capítulo para la prensa libre
Para medios como Mayans Magazine, este escenario presenta el desafío de documentar no solo la noticia del día, sino el proceso de reconstrucción de una democracia que apenas comienza a respirar. La narrativa ha dejado de ser sobre la resistencia para enfocarse en la fiscalización de quienes hoy sostienen las riendas de la transición.
La jornada de ayer cerró sin incidentes mayores, un síntoma de que las fuerzas de seguridad, antes implacables, parecen estar recalculando su lealtad en una Venezuela que ya no reconoce a su antiguo líder.