
Cientos de residentes del municipio de Morón, en la provincia central de Ciego de Ávila, salieron a las calles la noche del viernes 13 de marzo (extendida a la madrugada del sábado) en una de las protestas más intensas registradas en Cuba en los últimos meses. Los manifestantes, impulsados por apagones que superan las 26-30 horas consecutivas y la extrema escasez de alimentos, recorrieron varias calles con cacerolazos y consignas como “¡Libertad!”, “¡Patria y Vida!”, “¡Abajo la dictadura!” y “¡Corriente y comida!”.
La movilización, que comenzó de forma pacífica, escaló cuando el grupo llegó a la sede municipal del Partido Comunista de Cuba (PCC). Según videos difundidos en redes sociales y reportes de medios independientes, los manifestantes lanzaron piedras contra el edificio, irrumpieron en su interior, extrajeron mobiliario (muebles, computadoras, documentos y propaganda oficial), lo arrojaron a la vía pública y le prendieron fuego, generando hogueras visibles en plena calle. Algunos testimonios indican daños adicionales en unidades de la Policía Nacional Revolucionaria y vehículos oficiales.

El gobierno cubano confirmó la detención de al menos cinco personas y calificó los hechos como “actos de vandalismo” y “provocaciones contrarrevolucionarias”. El medio oficial Invasor señaló que la marcha derivó en disturbios tras un intercambio con autoridades locales, y reportó un herido trasladado al hospital provincial (atribuido inicialmente a una caída, aunque fuentes independientes y testigos hablan de una posible herida de bala en la pierna o muslo de un joven, posiblemente adolescente, quien permanece detenido e interrogado pese a su estado).
Durante los incidentes se registraron denuncias de disparos por parte de fuerzas de seguridad, uso de perros para dispersar a la multitud y cortes intencionales de internet en la zona para limitar la difusión de imágenes y videos. Muchos de los participantes eran jóvenes y adolescentes, según observadores en el terreno.

Esta protesta en Morón se enmarca en una ola de descontento que lleva al menos ocho noches consecutivas de cacerolazos y manifestaciones en barrios de La Habana (Cerro, Marianao, Arroyo Naranjo, Mantilla, entre otros), Matanzas y otras provincias. El colapso del sistema eléctrico —agravado por la falta de combustible y petróleo importado— se suma a la crisis alimentaria y humanitaria que afecta al país desde hace meses, con escasez generalizada de productos básicos.
La quema de mobiliario y símbolos del PCC en Morón representa un hecho simbólico de alto impacto, al dirigirse directamente contra una sede del poder partidista, algo poco frecuente en la historia reciente de la isla desde 1959. Observadores independientes destacan que el hartazgo ya trasciende reclamos puntuales por “corriente” o comida, incorporando demandas explícitas de libertad y cambio político.
Hasta el momento, no se reportan fallecidos confirmados, aunque persisten temores por posibles represalias y detenciones arbitrarias en las próximas horas. La situación en Morón y otras zonas del país sigue siendo de alta tensión, con llamados en redes a mantener la presión pese al riesgo de mayor represión.
