
El momento que encendió las alarmas
En un acto público en Caracas el 23 de enero de 2026, Diosdado Cabello, ministro del Interior y uno de los pesos pesados del chavismo, soltó una frase que ha dado la vuelta al mundo: “Acá no va a haber más traición”. Pronunciada ante una multitud convocada para exigir la liberación de Nicolás Maduro —detenido en una prisión federal de Estados Unidos desde principios de mes—, esas palabras no fueron un simple eslogan. Muchos las interpretaron como una confesión velada: Maduro no cayó solo por la mano del “imperialismo”, sino por una puñalada por la espalda desde dentro del propio movimiento bolivariano.
La captura que cambió todo
A inicios de enero de 2026, una operación encubierta —anunciada con bombos y platillos por Donald Trump— llevó a la detención de Maduro. Trasladado a una cárcel en Brooklyn, Nueva York, enfrenta cargos graves: narcotráfico, lavado de dinero y supuestos lazos con grupos como las FARC y el ELN. Para el chavismo, fue un golpe devastador; para la oposición y gran parte del mundo, el fin simbólico de una era. Pero el vacío dejado por Maduro abrió la puerta a preguntas incómodas: ¿quién falló en protegerlo? ¿O quién lo entregó?
Las palabras de Cabello: ¿Confesión o advertencia?
En videos virales que circulan en X, Instagram y TikTok —compartidos por cuentas como @AlertaMundoNews, @HCHTelevDigital y otros—, Cabello dice textualmente que Maduro fue “traicionado” y que por eso está donde está. Luego remata: “Hoy el pueblo sabe que aquí no va a haber más traición, que aquí estamos todos con el mismo proyecto, el proyecto de Chávez”. No nombra culpables, pero el mensaje es claro: hubo una “última traición”, y él promete que no se repetirá. En el discurso completo, habla de “tristeza, rabia y dolor”, pero también de “celebrar la lealtad absoluta” con Maduro y Cilia Flores. Es un llamado a la unidad, pero también una advertencia interna.
¿Quiénes son los sospechosos?
Las miradas apuntan rápido a figuras cercanas al poder:
- Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, quienes manejaron negociaciones y contactos internacionales durante años.
- Algunos analistas sugieren que pudieron priorizar su supervivencia política o incluso facilitar información a cambio de garantías. Cabello, en cambio, se presenta como el leal inquebrantable. Curiosamente, él —quien también tiene acusaciones pendientes en EE.UU. y una recompensa de 10 millones de dólares— no fue tocado en la operación. Reportes hablan de conversaciones previas entre funcionarios estadounidenses y Cabello, pidiéndole mantener el orden y evitar una represión masiva. ¿Coincidencia o cálculo?
El chavismo fracturado en 2026
Este episodio desnuda lo que muchos veían venir: el chavismo ya no es el bloque monolítico de la era Chávez. Las ambiciones personales, la crisis económica y la presión externa han creado fisuras. Cabello, con su control sobre las fuerzas de seguridad y los colectivos armados, emerge como el nuevo hombre fuerte. Pero en redes sociales y entre la oposición lo llaman “Judas moderno”. Sus palabras, lejos de calmar, alimentan especulaciones: ¿está limpiando su imagen o preparando una purga interna?
¿Qué significa para Venezuela y la región?
Para millones de venezolanos —cansados de crisis, migración y represión—, esto podría ser un punto de inflexión hacia una transición real. Pero también hay riesgo: si las facciones chavistas se enfrentan, el país podría caer en más caos. En el plano internacional, Trump refuerza su narrativa de lucha contra el “narcoterrorismo” en América Latina. Sin embargo, queda la pregunta ética: ¿EE.UU. solo aprovechó divisiones existentes, o las incentivó activamente?
El cierre de un ciclo (¿o el inicio de otro?)
Las palabras de Cabello no son solo un lamento por Maduro. Son un espejo de las contradicciones del chavismo hoy: lealtad proclamada a gritos mientras el poder se redistribuye en silencio. Si la traición fue interna —como todo indica—, podría marcar el fin definitivo de una era. Pero si Cabello logra reagrupar al movimiento bajo su mando, Venezuela podría enfrentar un autoritarismo renovado, ahora con otro rostro. En política, las traiciones suelen ser el preludio de nuevos reyes. Y este capítulo, definitivamente, aún no ha terminado.