¿Es Trump un “genio estratégico” o solo caos controlado?

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Las decisiones de Donald Trump en su segundo mandato están generando un intenso debate internacional. Mientras algunos las ven como improvisaciones arriesgadas, otros interpretan que forman parte de una estrategia deliberada y de largo plazo: crear un “caos controlado” en el mundo para fortalecer la posición dominante de Norteamérica en recursos energéticos, minerales y rutas comerciales.

La tesis central de esta interpretación

Según analistas que siguen esta línea, Trump estaría ejecutando un plan con tres pilares claros:

  1. Disrupción del suministro de petróleo desde Oriente Medio Las tensiones con Irán y el cierre parcial o amenazas sobre el Estrecho de Ormuz (por donde circula cerca del 30% del petróleo mundial) están complicando el acceso al crudo barato para Europa, China, Japón, India y Corea del Sur. Esto eleva los precios globales y genera escasez relativa.
  2. Fortalecimiento de un “Gran Norteamérica” autosuficiente Estados Unidos busca convertirse en el principal proveedor de energía y recursos para el mundo. Con el control efectivo de las exportaciones de petróleo venezolano tras la intervención de enero de 2026, la producción doméstica récord y el interés en minerales del Ártico (Groenlandia), Canadá y rutas clave como el Canal de Panamá, Norteamérica ganaría una posición de ventaja estratégica. México aportaría manufactura cercana y mano de obra, mientras que presiones sobre Canadá y Groenlandia buscarían mayor integración económica y de seguridad.
  3. Convertir la deuda estadounidense en una herramienta de poder Países como Japón (principal tenedor con más de 1.2 billones de dólares) y China (alrededor de 694 mil millones) mantienen enormes cantidades de bonos del Tesoro de EE.UU. Si estos países necesitan urgentemente petróleo, fertilizantes y minerales norteamericanos, les resultará muy difícil usar esa deuda como presión (vendiendo bonos o exigiendo condiciones). La dependencia energética los “ataría” al dólar y al sistema financiero estadounidense.

Esta visión compara la aproximación de Trump con la de Vladimir Putin en Ucrania: generar desorden global mientras se construye una fortaleza regional fuerte en recursos y producción militar-industrial.

Lo que está ocurriendo en la práctica

  • Venezuela: Tras la operación militar del 3 de enero de 2026, EE.UU. capturó a Nicolás Maduro y su esposa. El gobierno interino ha entregado entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, y Trump ha afirmado que Washington “administrará” el país temporalmente para estabilizarlo y reactivar su industria petrolera.
  • Irán y Ormuz: Hay un conflicto activo. Estados Unidos está despejando minas en el estrecho y presionando a Irán. Trump ha advertido que otros países compren petróleo americano o enfrenten las consecuencias de la inestabilidad.
  • América del Norte ampliada: Trump ha mencionado abiertamente el interés en Groenlandia por razones de seguridad nacional, ha amenazado con aranceles altos a Canadá (y bromeado con integrarla como “estado 51”), y ha exigido mayor influencia en el Canal de Panamá. También mantiene presión comercial sobre México.

Evaluación equilibrada

Elementos que dan credibilidad a la estrategia:

  • Trump ha sido consistente en su doctrina “América Primero”. El control de recursos energéticos cercanos reduce la dependencia externa y da poder de negociación.
  • Históricamente, controlar rutas marítimas clave (Ormuz, Panamá) y reservas de petróleo ha sido una táctica clásica de las grandes potencias.
  • La economía estadounidense se beneficia de precios del petróleo volátiles y de que aliados y competidores dependan más de sus suministros.

Los riesgos y limitaciones:

  • Muchas de estas acciones parecen más bien tácticas de negociación agresiva (estilo Trump) que un plan maestro perfectamente coordinado de décadas.
  • Intervenciones militares y amenazas generan costos reales: condenas internacionales, posibles represalias y erosión de la confianza en EE.UU. como socio estable.
  • En un mundo globalizado, aislarse completamente o convertir a todo el planeta en dependiente es extremadamente difícil. Europa y Asia están diversificando fuentes de energía y acelerando la transición a renovables.

Las políticas de Trump en 2026 están redefiniendo el orden geopolítico con rapidez. Hay una clara intención de consolidar el dominio energético y estratégico de Norteamérica, aprovechando la debilidad de adversarios como Irán y Venezuela. Si esto resulta en un “nuevo imperio americano” más fuerte o en un aumento innecesario de inestabilidad global, solo el tiempo lo dirá.

Para países de América Latina como Colombia, esto representa tanto oportunidades (mayor demanda de petróleo, carbón, alimentos y minerales) como desafíos (presión migratoria, posibles aranceles y mayor inestabilidad regional). La clave será navegar con pragmatismo entre los nuevos vientos de poder.