
Este domingo, más de 3,7 millones de costarricenses están convocados a una de las elecciones presidenciales más decisivas de su historia reciente. El país, reconocido mundialmente por su paz y estabilidad democrática, hoy se enfrenta a una encrucijada: elegir al sucesor de Rodrigo Chaves y definir los 57 nombres que ocuparán las sillas de la Asamblea Legislativa para el periodo 2026-2030. Con 20 candidatos en la papeleta, el ambiente está cargado de una mezcla entre esperanza y tensión.
Laura Fernández: La apuesta por el modelo oficialista
La figura que lidera las encuestas es Laura Fernández, del partido Pueblo Soberano. Politóloga de 39 años y exministra de la Presidencia, Fernández se presenta como la heredera natural del estilo de Rodrigo Chaves. Su campaña se ha centrado en la promesa de “limpiar el país” y profundizar las reformas del gobierno actual.
Fernández ha sabido capitalizar el descontento popular frente al aumento de la inseguridad, proponiendo medidas drásticas que incluyen la construcción de megacárceles y una reforma profunda del Estado. Para muchos, ella representa la continuidad de un estilo confrontativo pero popular que busca romper con la política tradicional de las últimas décadas.
El “Efecto Bukele” sobre la papeleta presidencial
Uno de los temas más comentados en esta jornada es la influencia del presidente salvadoreño, Nayib Bukele. Aunque no es costarricense, su sombra planea sobre toda la elección. Tras su reciente visita oficial al país, donde junto a Chaves promovió modelos de seguridad de “mano dura”, la narrativa de Bukele se ha convertido en el eje central de los debates.

Curiosamente, existe un vínculo familiar directo en la contienda: el candidato José Aguilar Berrocal está casado con una prima hermana de Bukele. Sin embargo, en un giro pragmático, la influencia y simpatía del líder salvadoreño parecen estar más volcadas hacia Laura Fernández. Esto se debe a la estrecha relación de “hermandad” que Bukele mantiene con el actual presidente Chaves, prefiriendo apostar por la continuidad de un aliado político probado antes que por un vínculo sanguíneo en un partido emergente.
Una Asamblea Legislativa fragmentada
Más allá de la silla presidencial, los ciudadanos también eligen hoy a los 57 diputados que conformarán la Asamblea Legislativa. Este punto es vital, ya que en Costa Rica el Congreso tiene un poder considerable para bloquear o impulsar las propuestas del Ejecutivo. Las proyecciones indican que ninguna fuerza política logrará una mayoría absoluta, lo que obligará al próximo gobierno a un ejercicio constante de negociación para poder gobernar.
La regla del 40%: ¿Habrá ganador esta noche?
El gran suspenso de la jornada recae en una regla particular de la Constitución costarricense. A diferencia de otros países de la región donde se requiere el 50% más uno de los votos para ganar, en Costa Rica la meta es el 40% de los votos válidos.
Dada la enorme fragmentación política actual, lograr ese porcentaje es una tarea titánica. Los ojos del mundo están puestos en el conteo de esta noche: si el candidato más votado no logra alcanzar ese 40%, Costa Rica tendrá que ir a una segunda vuelta el próximo 5 de abril. El país decidirá hoy si resuelve su futuro de inmediato o si la moneda sigue en el aire por dos meses más.
Los centros de votación cerrarán al final de la tarde, dando paso a un conteo histórico que marcará el rumbo de la nación centroamericana hasta el año 2030.