
El panorama político en Estados Unidos acaba de dar un giro de 180 grados. Lo que muchos consideraban el “arma invencible” de Donald Trump —su capacidad de amenazar a otros países con impuestos a la importación (aranceles)— ha sido desactivada por el máximo tribunal del país.
Para entenderlo fácil: el Tribunal Supremo le ha dicho al presidente que él no es el dueño de la billetera de la nación.
¿Quién es el Tribunal Supremo y por qué mandan tanto?
Antes de entrar en el conflicto, es importante saber quiénes son los que le dieron este golpe a Trump. El Tribunal Supremo (o Corte Suprema) es el árbitro final de Estados Unidos. Está formado por 9 jueces que tienen el cargo de por vida; es decir, no dependen de elecciones ni de quedar bien con ningún político.
Su trabajo no es hacer leyes, sino leer la Constitución y decidir si lo que hace el presidente o el Congreso es legal o no. Lo que ellos dicen es la “palabra final”: no hay ningún jefe por encima de ellos, ni siquiera el presidente. Por eso, cuando ellos dicen “No”, el plan de Trump se detiene en seco.
1. El fin del “Chantaje” Económico
Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump ha usado los aranceles como una herramienta de presión. Si un país no frenaba la migración o no ayudaba contra el fentalinlo, la respuesta era inmediata: “Mañana tus productos pagarán un 20% más al entrar a EE. UU.”.
Esto funcionaba porque Trump usaba una “ley de emergencia” para saltarse al Congreso. Pero hoy, el Supremo decidió que esa ley no sirve para inventar impuestos. Ahora, si el presidente quiere castigar a un país con aranceles, tiene que pedir permiso a los legisladores, lo que hace que sus amenazas ya no sean tan rápidas ni tan efectivas.
2. ¿Qué se queda y qué se va?
Es importante que el público de Mayans Magazine no se confunda. No todos los castigos han desaparecido, pero los más grandes sí:
- Lo que se cae: Se anulan los aranceles generales que Trump puso a casi todos los países del mundo “por emergencia”. Esto es un gran alivio para quienes importan ropa, comida y tecnología.
- Lo que se queda: El presidente todavía puede proteger industrias específicas, como el acero, el aluminio y los autos, porque existen leyes viejas que dicen que esos materiales son clave para la seguridad del país.
3. Un desastre financiero para el Gobierno
Este fallo es también un problema de dinero. Al decir el Supremo que esos cobros fueron ilegales, muchas empresas que ya pagaron esos impuestos ahora van a exigir que se les devuelva el dinero. El gobierno de Trump podría verse obligado a devolver miles de millones de dólares que ya planeaba gastar en otras cosas.
Este histórico fallo demuestra que, aunque Trump tenga mucha fuerza política, el sistema de Estados Unidos tiene frenos. Ya no podrá gobernar a base de “sorpresas” económicas. A partir de ahora, si quiere presionar a vecinos como México o a rivales como China, tendrá que convencer primero al Congreso, donde las cosas se mueven mucho más lento y cada decisión se pelea voto a voto.