El Carnaval es para el pueblo o para los políticos? El caso del robot de Lula

Compartir

Lo que pasó en el Carnaval de Río de Janeiro con ese robot gigante de 20 metros del presidente Lula ha dado la vuelta al mundo. Ver una figura metálica enorme de un presidente que está mandando ahora mismo, y que además quiere ganar las elecciones de octubre de 2026, nos hace pensar: ¿Se nos fue la mano con el fanatismo político?

Lo que dice el mundo: “Esto parece campaña”

Los medios internacionales, como la BBC y la agencia AFP, no se quedaron callados. Muchos periodistas dicen que esto no fue un baile común, sino una “propaganda disfrazada”.

Incluso los jueces de Brasil ya están investigando si este desfile fue una trampa para ganar votos antes de tiempo. La oposición se quejó porque en el desfile también sacaron una carroza con un payaso preso que se parecía mucho al expresidente Bolsonaro. Es decir, usaron la fiesta para premiar a uno y castigar al otro.

¿Por qué esto es un peligro para la fiesta?

El Carnaval nació para que la gente común se disfrazara y se riera de los que mandan. Por ejemplo:

  • Si un político sube los impuestos, alguien se disfraza de “ladrón con corbata”.
  • Si no hay agua, alguien sale con un balde vacío a bailar.

Eso es lo divertido: burlarse del poder. Pero cuando una escuela de samba gasta millones en hacer un monumento para aplaudir al presidente, la magia se rompe. Ya no es una fiesta, parece un comercial de televisión gigante.

El espejo con Barranquilla

Traigamos esto a nuestra casa. En el Carnaval de Barranquilla, a veces sentimos que se le da demasiado protagonismo al nombre del Alcalde en los parlantes de los eventos. Da la impresión de que nos quieren “vender” una gestión pública justo en medio de la recocha, cuando lo que el barranquillero quiere es disfrutar de su tradición sin política de por medio.

Pero imaginen el escándalo si en plena Batalla de Flores, en la Vía 40, apareciera una carroza de 20 metros con la cara del presidente Gustavo Petro para rendirle “homenaje”.

¡La ciudad se caería de la crítica! ¿Por qué? Porque el barranquillero usa el disfraz para “mamarle gallo” a los políticos, no para prenderles velas. Ver una carroza así sería como si nos quitaran el Carnaval para convertirlo en una marcha política.

Conclusión: ¡Que no nos quiten la risa!

Cuando la política se mete en el Carnaval, la alegría se divide entre “los de un bando” y “los del otro”. La fiesta debería ser el único lugar donde todos somos iguales bajo la maicena.

En Mayans Magazine creemos que el Carnaval debe seguir siendo de fisteas, celebracion yunion de un pueblo quese olvida de los problema que tienen, no de los robots presidenciales. Porque en el momento en que empezamos a adorar a los políticos en los desfiles, el Carnaval deja de ser del pueblo y pasa a ser de los dueños del poder.