
La ciudad de Minneapolis vive días de alta tensión y disturbios tras el segundo tiroteo fatal en operativos de inmigración en lo que va del mes. El sábado 24 de enero, agentes de la Patrulla Fronteriza abatieron a tiros a Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años y ciudadano estadounidense, durante una intervención migratoria. El incidente, captado parcialmente en videos de testigos, ha contradicho la versión oficial de las autoridades federales y ha avivado protestas que ya venían gestándose desde la muerte de otra ciudadana estadounidense a manos de ICE el 7 de enero.
El segundo tiroteo fatal: el caso de Alex Pretti
Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, trabajaba como enfermero en la unidad de cuidados intensivos del hospital VA de Minneapolis. Según sus familiares y colegas, era un profesional dedicado sin antecedentes penales, que había participado activamente en manifestaciones contra las redadas migratorias tras la muerte de Renée Nicole Good semanas antes.
El sábado por la mañana, durante un operativo federal en el sur de la ciudad, Pretti se acercó a los agentes —armado legalmente con una pistola 9 mm que portaba con permiso—. Las autoridades del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Patrulla Fronteriza afirmaron que Pretti representó una amenaza inmediata: resistió órdenes, brandió el arma y obligó a los agentes a disparar en defensa propia.
Sin embargo, videos difundidos por testigos y analizados por medios como The New York Times, NBC News y BBC muestran una secuencia diferente: Pretti sostenía su teléfono grabando el operativo, fue rociado con gas pimienta, tackleado por varios agentes y desarmado antes de recibir disparos letales. Sus padres han calificado las declaraciones oficiales como “mentiras repugnantes”, y un juez ha emitido una orden de restricción contra el DHS para preservar evidencia.

Antecedentes: la muerte de Renée Nicole Good y el detonante de la indignación
El 7 de enero de 2026, Renée Nicole Good, también de 37 años y ciudadana estadounidense, madre de tres hijos y poeta, fue abatida por un agente de ICE en circunstancias similares. Ese caso ya había generado marchas masivas y críticas al uso de fuerza letal en operativos migratorios bajo la administración Trump.
La acumulación de estos incidentes ha convertido a Minneapolis en epicentro de la resistencia contra las políticas de deportación masiva (como la “Operation Metro Surge”).

Protestas masivas y disturbios en pleno invierno glacial
A pesar de temperaturas bajo cero (-20 °F o menos), miles de personas han salido a las calles en los últimos días. El viernes 23 de enero se realizó una huelga general (“ICE Out”) con cientos de comercios cerrados en solidaridad. Las manifestaciones incluyen bloqueos de vías, choques con agentes federales (uso de gas pimienta y balas de goma reportados), quema de contenedores y enfrentamientos entre grupos pro y anti-ICE.
El gobernador Tim Walz (demócrata) ha exigido la retirada inmediata de “agentes no entrenados” federales, mientras que el alcalde Jacob Frey y líderes comunitarios llaman a la desescalada y a una investigación independiente. Incluso figuras republicanas han expresado preocupación por posibles abusos. El DHS, por su parte, defiende las operaciones y atribuye la violencia a la “retórica radical” de políticos locales.
¿Se salió de control la situación?
La respuesta es sí, según la mayoría de observadores: dos muertes controvertidas en menos de tres semanas, protestas diarias con disturbios nocturnos, activación temporal de la Guardia Nacional y llamados bipartidistas a investigar han generado una crisis de confianza entre el gobierno federal y el estado de Minnesota. La tensión sigue en aumento, con potencial para más confrontaciones en las próximas horas o días.