
Sicilia es la isla más grande del mar Mediterráneo y se encuentra en el sur de Italia, justo en la “punta de la bota” de la península itálica. Es una región famosa por su historia y su relieve volcánico, pero también es una de las zonas con mayor riesgo de deslizamientos en toda Europa.
¿Qué fue lo que pasó?
Durante el paso de la borrasca Harry, un tramo masivo de cuatro kilómetros de acantilado se desplomó en el municipio de Niscemi. No fue una caída limpia, sino un deslizamiento en cadena que arrastró carreteras, tendido eléctrico y dejó casas literalmente partidas a la mitad, con sus habitaciones abiertas al vacío. Más de 1.000 personas perdieron su hogar en cuestión de horas tras una orden de evacuación de emergencia.
¿Por qué pasó esto?
El desastre ocurrió por una “tormenta perfecta” de tres factores:
- Saturación de agua: El suelo siciliano tiene mucha arcilla. Al llover tanto, la arcilla absorbió el agua, se volvió pesada y se convirtió en una especie de lodo resbaladizo que ya no pudo sostener el peso de las rocas y las casas.
- Erosión marítima: El mar llevaba años golpeando la base del acantilado, debilitando los “pies” de la montaña.
- Fuerza de la naturaleza: La borrasca Harry trajo vientos y lluvias con una violencia muy superior a lo normal, golpeando un terreno que ya estaba al límite de su resistencia.
¿Por qué no se previno?
Aunque se sabía que la zona era inestable, fallaron varios niveles de protección:
- Mapas desactualizados: Los planes de emergencia no contaban con que una tormenta pudiera destruir cuatro kilómetros de costa de una sola vez; se esperaban daños menores.
- Construcción excesiva: Se permitió edificar demasiado cerca del borde del abismo en décadas pasadas, cuando no se comprendía bien el impacto del cambio climático.
- Inversión tardía: Las obras para reforzar los acantilados suelen ser extremadamente costosas y se fueron posponiendo hasta que el clima extremo se adelantó a los ingenieros.
¿Había pasado esto antes?
Sí, Sicilia tiene un historial negro con este tipo de desastres. En 2009, una tragedia similar en la zona de Giampilieri (cerca de Messina) dejó decenas de muertos por aludes de lodo tras lluvias intensas. Italia es un país joven geográficamente y está “vivo”, lo que significa que su tierra se mueve constantemente. Sin embargo, un derrumbe de cuatro kilómetros de extensión es un evento de una magnitud casi sin precedentes en la historia reciente de la isla.
Este suceso marca un antes y un después en la gestión de desastres en el sur de Italia. La magnitud de los daños, que superan los 1.500 millones de euros, demuestra que el costo de no prevenir es mucho más alto que el de invertir en infraestructuras seguras. La prioridad ahora es reubicar a las familias y tratar de salvar lo que queda del perfil costero antes de que las próximas lluvias vuelvan a golpear la región.