
La justicia de Pekín ha enviado un mensaje contundente a las mafias que operan en el sudeste asiático. Este jueves 29 de enero de 2026, las autoridades chinas ejecutaron a 11 miembros clave del grupo criminal de la familia Ming, un clan que durante años convirtió la región fronteriza de Kokang, en el norte de Myanmar (Birmania), en un centro global de ciberestafas y terror.
Un imperio de terror y tecnología
Desde el golpe militar de 2021 en Birmania, la familia Ming, liderada por el fallecido Ming Xuechang, aprovechó el vacío legal para establecer un complejo industrial de crimen. En centros como la infame “Crouching Tiger Villa”, miles de personas —muchas de ellas víctimas de trata— eran retenidas contra su voluntad y obligadas bajo tortura a cometer estafas telefónicas y digitales.
Las investigaciones revelaron que el clan no solo se dedicaba al fraude, sino que también gestionaba casinos ilegales, redes de prostitución y tráfico de drogas. Según el tribunal de Wenzhou, sus operaciones movieron más de 1.400 millones de dólares entre 2015 y 2023.
Cargos que llevaron al cadalso
La sentencia de muerte, dictada inicialmente en septiembre de 2025 y ratificada recientemente por el Tribunal Popular Supremo de China, no solo se basó en el fraude económico masivo. Los cargos incluyeron:
- Homicidio intencional: La banda fue responsable de la muerte de al menos 14 ciudadanos chinos.
- Lesiones graves y detención ilegal: Cientos de trabajadores reportaron palizas sistemáticas y condiciones de esclavitud moderna.
- Crimen organizado: El establecimiento de “parques de estafas” protegidos por milicias armadas vinculadas a la junta militar birmana.
Entre los ejecutados figuran nombres clave como Ming Guoping y Ming Zhenzhen, quienes ocupaban puestos directivos en la estructura criminal y la milicia local de Kokang.
El cerco de Pekín sobre las mafias regionales
La caída de los Ming comenzó a finales de 2023, cuando la presión diplomática y militar de China obligó a las autoridades de Myanmar a detener a los líderes del clan y entregarlos al gigante asiático. El patriarca, Ming Xuechang, se suicidó antes de ser extraditado, pero sus hijos y colaboradores no corrieron con la misma suerte.
Esta ejecución masiva marca un hito en la ofensiva de China contra las redes de telecomunicaciones transfronterizas. Pekín busca demostrar que su jurisdicción alcanza incluso a quienes operan fuera de sus fronteras, especialmente en zonas de Laos, Camboya y Birmania, donde las víctimas de estos “mataderos” digitales se cuentan por decenas de miles.
Este desenlace judicial refleja la política de tolerancia cero de China ante delitos que afectan la estabilidad financiera y la seguridad de sus ciudadanos en el extranjero, cerrando así uno de los capítulos más oscuros de la criminalidad organizada en el sudeste asiático.