Menos muertos, más extorsión: la tregua que preocupa a Barranquilla.

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Barranquilla hoy es el escenario de una pelea feroz que se siente en las calles y se pelea en los titulares. Por un lado, el presidente Gustavo Petro saca pecho diciendo que salvó vidas; por el otro, el alcalde Alejandro Char advierte que la ciudad está arrodillada ante los bandidos. Pero, ¿qué hay detrás de este choque de trenes?

​La “paz” que se firmó en una celda

​Todo empezó en la cárcel de La Picota. Allí, los hombres que han sembrado el terror en la ciudad —‘Castor’, Digno Palomino y el ‘Negro Ober’— aceptaron dejar de matarse entre ellos. El resultado fue inmediato: de octubre a diciembre de 2025, los sicariatos cayeron a la mitad. Para Petro, esto es la prueba de que el diálogo funciona. Para el ciudadano de a pie, es una calma que asusta, porque depende de la “buena voluntad” de quienes ayer daban las órdenes de matar.

​El juego de los números: ¿Realidad o maquillaje?

​Aquí es donde la historia se divide.

  • Petro cuenta vidas: Dice que en los últimos tres meses del año hubo un 40% menos de muertos. Y tiene razón en la foto del momento.
  • Char cuenta la tragedia completa: Recuerda que el 2025 terminó con casi 500 muertos, una cifra aterradora muy parecida a la del 2024. Para el alcalde, que bajen los muertos un par de meses no borra el baño de sangre de todo el año, ni el hecho de que el comercio sigue quebrado por la extorsión.

​La jugada maestra (y peligrosa) para el 2026

​Esto no es solo seguridad, es política pura. Estamos a las puertas de elecciones y cada bando mueve sus fichas:

  1. Votos por perdón: Al negociar con las bandas, el Gobierno entra a los barrios donde el Estado no llegaba. Los delincuentes tienen familias, amigos y un control social que mueve miles de votos. Si ellos están felices con el Gobierno, la balanza electoral se inclina.
  2. El premio al victimario: La gran pregunta que queda en el aire es: ¿Qué pasa con las víctimas? Mientras los jefes de bandas piden no ser extraditados y estar en cárceles cómodas, el tendero sigue pagando “vacuna” y la madre que perdió a su hijo ve cómo el asesino ahora es llamado “gestor de paz”.

​El veredicto de la calle

​Petro se la juega toda a que el barranquillero vote agradecido porque hay menos balas. Char apuesta a que la gente vote indignada porque siente que el crimen ahora manda más que la ley.

​Es una apuesta de alto riesgo: si la tregua se rompe antes de las elecciones, el castillo de naipes de la “Paz Urbana” se vendrá al piso. Pero si se mantiene, Petro habrá demostrado que puede pacificar una ciudad sin disparar un solo tiro, aunque el precio sea negociar con quienes más dolor han causado.

¿Qué piensas tú? ¿Vale la pena darle beneficios a los jefes de las bandas si eso significa que hoy hay 60 familias que no están llorando a un muerto en Barranquilla?

Nota de transparencia: Esta redacción fue realizada por una IA con supervisión humana para capturar el impacto político y social de la situación actual en el Caribe colombiano.