
Venezuela ha iniciado un proceso de transformación estructural sin precedentes. Esta “gran reforma”, presentada ante la Asamblea Nacional, no es solo un plan de ajuste interno, sino la respuesta directa a las condiciones impuestas por la administración de Donald Trump para evitar el colapso total del mando y gestionar la crisis humanitaria.
A continuación, se sintetiza el alcance de esta nueva etapa política y económica:
1. El Eje Energético: Petróleo por Estabilidad
El pilar fundamental de la reforma es la capitulación en materia de hidrocarburos. Bajo la supervisión del secretario de Estado, Marco Rubio, se ha establecido que la industria petrolera pase a un modelo de control compartido:
- Suministro Estratégico: El compromiso de enviar entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos bajo condiciones de mercado, pero con ingresos administrados externamente.
- Modernización Eléctrica: La reforma legal del sistema eléctrico busca facilitar la entrada de capital y tecnología extranjera, reconociendo que sin energía estable no hay producción petrolera viable.
2. Desmantelamiento del Eje Geopolítico de Maduro
Una de las condiciones más inflexibles de Washington ha sido la ruptura total con los aliados tradicionales del chavismo. La reforma de Rodríguez incluye protocolos para la salida inmediata de personal militar y de inteligencia proveniente de Irán, Rusia, China y Cuba, reorientando la política exterior de Venezuela hacia una alineación exclusiva con el hemisferio occidental.
3. Marco Legal y Seguridad Jurídica
Para incentivar el regreso de multinacionales (con Chevron a la cabeza), se han introducido cambios legislativos orientados a la protección de la propiedad:
- Ley de Propiedad Industrial: Una actualización profunda para garantizar patentes y derechos de inversión.
- Apertura del Mercado: Se busca transitar hacia una economía “no rentista” donde el sector privado tenga un rol más activo bajo un nuevo esquema de seguridad jurídica.
4. El Destino Político: Estabilidad antes que Elecciones
A pesar de la presión de la oposición interna liderada por María Corina Machado, el esquema de transición acordado con EE. UU. prioriza la estabilización sobre la consulta popular. El gobierno de Rodríguez opera bajo una hoja de ruta de “fases de saneamiento”, donde las elecciones se han postergado indefinidamente hasta que las reformas económicas surtan efecto y se logre el desarme de las estructuras de control social del gobierno anterior.
Conclusión: El gobierno de Delcy Rodríguez se enfrenta al desafío de implementar una agenda de “soberanía” que, en la práctica, está dictada por las necesidades energéticas y de seguridad de los Estados Unidos, marcando el fin de la era de confrontación y el inicio de una tutela económica externa.