La impotencia de la ONU y su teatro del Consejo de Seguridad.

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La reciente sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, convocada de urgencia tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, ha dejado una sensación de vacío legal y frustración diplomática. Mientras el mundo observaba una de las operaciones militares más audaces del siglo XXI, el organismo encargado de velar por la estabilidad global se convertía, una vez más, en un escenario de parálisis institucional.

Un Sistema Diseñado para el Bloqueo

La estructura del Consejo contiene una contradicción de origen: el poder de veto. Este privilegio, otorgado a los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido), fue concebido para evitar enfrentamientos directos entre potencias nucleares, pero en la práctica funciona como un escudo de impunidad. Hoy quedó claro que, cuando el actor involucrado es quien tiene la llave de la decisión, la justicia internacional se detiene en seco.

La Diplomacia del “Retrato”

A pesar de la imposibilidad de una resolución vinculante, la reunión no careció de peso político. Sirvió para retratar el aislamiento de Washington. La intervención de Colombia fue especialmente significativa: al denunciar la operación como una violación a la soberanía, el gobierno colombiano rompió con la narrativa estadounidense de una “simple operación policial”.

Estos encuentros, aunque estériles en cuanto a acciones militares o sanciones inmediatas, cumplen funciones críticas:

  • La denuncia oficial: Obligan a las potencias a dar explicaciones públicas bajo el marco del derecho internacional.
  • La construcción de precedentes: Evitan que el silencio se interprete como una aceptación tácita de la fuerza sobre la diplomacia.
  • El traslado del conflicto: Al quedar bloqueado el Consejo, se abre la puerta para que la Asamblea General tome el relevo, donde el voto de cada nación tiene el mismo valor y el veto desaparece.

Conclusión: Entre la Realpolitik y la Esperanza

Para el ciudadano común, el Consejo de Seguridad puede parecer un “caro teatro diplomático”. Sin embargo, su existencia garantiza que, incluso en las crisis más agudas, el diálogo preceda (o al menos acompañe) al estruendo de las armas. La reunión de hoy no liberará a Maduro ni revertirá la intervención, pero ha establecido la ilegalidad del acto ante los ojos de la mayoría de las naciones, dejando a Estados Unidos con la carga política de haber actuado por fuera de la ley que él mismo ayudó a fundar.