No cesan los halagos de Trump hacia Delcy.

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Donald Trump, desde el Foro Económico Mundial de Davos, no escatimó en halagos hacia Delcy Rodríguez, la presidenta interina de Venezuela. En entrevista con DW Español, soltó sin filtros: “Delcy Rodríguez está haciendo un gran trabajo”. Lo repitió como mantra: “Está haciendo un muy buen trabajo”, “Venezuela está funcionando muy bien”, “Tenemos una muy buena relación”. Incluso la describió como “una persona fantástica” tras una llamada que calificó de “larga y productiva”.

El discurso business-friendly de Trump

Trump promete que Venezuela ganará más dinero en los próximos seis meses que en los últimos 20 años gracias a acuerdos petroleros con Estados Unidos. Ya entraron cientos de millones por ventas de crudo, y el presidente vaticina prosperidad: “Podrán cuidar a su gente”. La Casa Blanca confirma que Rodríguez visitará pronto Washington —un hito tras más de 25 años de aislamiento—.

Lo que nadie esperaba: el silencio sobre la democracia

A primera vista parece un giro diplomático audaz. Pero miremos más allá. Este respaldo llega en un momento delicado para Venezuela: muchos esperaban un apoyo firme a la oposición democrática liderada por figuras como María Corina Machado. En cambio, Trump opta por elogiar y negociar con una figura clave del chavismo histórico —sancionada por EE.UU. por corrupción y lavado—, ignorando las demandas de transición plena hacia elecciones libres.

La decepción de la oposición y los analistas

Críticos en la oposición venezolana y analistas internacionales no ocultan su decepción. Hablan de traición velada a la lucha por la democracia: Trump prioriza el petróleo barato, la estabilidad inmediata y el control migratorio sobre cualquier agenda de derechos humanos o cambio estructural. Mientras promete millones por barriles, deja en segundo plano a quienes arriesgaron todo por un verdadero relevo democrático.

¿Realpolitik o cálculo electoral?

El pragmatismo de Trump es evidente: acceso garantizado a recursos energéticos, menos caos en fronteras y un “deal” que le permite presumir victorias rápidas. Pero para millones de venezolanos que soñaron con un país sin autoritarismo enquistado, estos elogios suenan a validación de lo viejo disfrazado de nuevo. Rodríguez coopera, sí, pero ¿a qué costo? El “gran trabajo” que Trump celebra podría ser, en realidad, la perpetuación de un sistema que cambió de cara pero no de esencia.

El sabor amargo que deja este giro

El tiempo dirá si esta “luna de miel” trae prosperidad real o solo más de lo mismo con mejor marketing. Por ahora, las palabras de Trump en Davos dejan un sabor amargo: cuando el petróleo pesa más que la libertad, la democracia venezolana pierde otra ronda.