
Durante una breve intervención antes de su partida hacia el Foro de Davos, Trump calificó las imágenes como un ataque orquestado por sus opositores políticos y los medios de comunicación. “Están usando Inteligencia Artificial para crear una narrativa de caos que no existe. Yo no publiqué ese mapa, es una invención de la izquierda radical para dañar nuestras negociaciones”, afirmó el presidente.
Sin embargo, el desmentido ha generado escepticismo en las cancillerías europeas por varias razones:
• Contexto de presión real: A pesar de negar el mapa, Trump ha mantenido hoy mismo su retórica sobre Groenlandia, afirmando que Dinamarca “no puede protegerla” y que EE. UU. la necesita por “seguridad nacional”.
• Posturas previas: Figuras de su círculo cercano, como Katie Miller, ya habían publicado mensajes crípticos semanas atrás (incluyendo la palabra “SOON” sobre un mapa de Groenlandia), lo que para muchos analistas indica que el mapa, sea “fake” o no, refleja las ambiciones actuales de la Casa Blanca.
El fenómeno de la negación plausible
Expertos en comunicación política sugieren que podríamos estar ante un caso de negación plausible. En este escenario, la administración permitiría la filtración de contenido generado por IA para medir la reacción internacional y de los mercados, para luego retractarse oficialmente si la presión se vuelve insostenible.
Este incidente marca un hito en 2026: es la primera vez que un conflicto de soberanía nacional se pelea casi exclusivamente en el terreno de las imágenes sintéticas, donde la verdad parece depender más de quién controla la narrativa digital que de los documentos oficiales.
Mientras el presidente niega la autoría de los gráficos, el daño diplomático parece estar hecho. La Unión Europea y Canadá han reforzado sus posturas de soberanía, dejando claro que, independientemente de quién haya creado el mapa, cualquier intento de redibujar las fronteras del continente se encontrará con una resistencia comercial y diplomática sin precedentes.
En un giro inesperado que añade más leña al fuego de la ya tensa relación entre Washington y sus aliados, el presidente Donald Trump ha denunciado como “completamente falsas” las publicaciones que lo vinculaban con un mapa expansionista de los Estados Unidos. Aunque las imágenes (que muestran a Venezuela, Groenlandia y Canadá bajo control estadounidense) circularon masivamente en plataformas como Truth Social y X, el mandatario ha negado ser el autor detrás de la “provocación cartográfica”.
Desmentido oficial y teoría del “Montaje de IA”
Durante una breve intervención antes de su partida hacia el Foro de Davos, Trump calificó las imágenes como un ataque orquestado por sus opositores políticos y los medios de comunicación. “Están usando Inteligencia Artificial para crear una narrativa de caos que no existe. Yo no publiqué ese mapa, es una invención de la izquierda radical para dañar nuestras negociaciones”, afirmó el presidente.
Sin embargo, el desmentido ha generado escepticismo en las cancillerías europeas por varias razones:
• Contexto de presión real: A pesar de negar el mapa, Trump ha mantenido hoy mismo su retórica sobre Groenlandia, afirmando que Dinamarca “no puede protegerla” y que EE. UU. la necesita por “seguridad nacional”.
• Posturas previas: Figuras de su círculo cercano, como Katie Miller, ya habían publicado mensajes crípticos semanas atrás (incluyendo la palabra “SOON” sobre un mapa de Groenlandia), lo que para muchos analistas indica que el mapa, sea “fake” o no, refleja las ambiciones actuales de la Casa Blanca.
El fenómeno de la negación plausible
Expertos en comunicación política sugieren que podríamos estar ante un caso de negación plausible. En este escenario, la administración permitiría la filtración de contenido generado por IA para medir la reacción internacional y de los mercados, para luego retractarse oficialmente si la presión se vuelve insostenible.
Este incidente marca un hito en 2026: es la primera vez que un conflicto de soberanía nacional se pelea casi exclusivamente en el terreno de las imágenes sintéticas, donde la verdad parece depender más de quién controla la narrativa digital que de los documentos oficiales.
Mientras el presidente niega la autoría de los gráficos, el daño diplomático parece estar hecho. La Unión Europea y Canadá han reforzado sus posturas de soberanía, dejando claro que, independientemente de quién haya creado el mapa, cualquier intento de redibujar las fronteras del continente se encontrará con una resistencia comercial y diplomática sin precedentes.