
En un movimiento coordinado que marca un giro notable en la diplomacia internacional, el Reino Unido, Canadá y Australia han anunciado el reconocimiento formal del Estado de Palestina. Esta decisión, aunque en gran medida simbólica, se presenta como un intento de reavivar la esperanza de una solución de dos estados en la región, una vía que muchos consideran cada vez más amenazada por la escalada del conflicto y la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania.
El reconocimiento por parte de estos tres aliados occidentales se suma a la creciente lista de más de 140 países que ya han dado este paso. Canadá se convierte en el primer miembro del G7 en hacerlo, seguido de cerca por el Reino Unido y Australia. Los líderes de estas naciones han justificado la medida como un paso crucial para preservar la viabilidad de un Estado palestino. Sin embargo, también han dejado claro que continuarán trabajando con la Autoridad Palestina para apoyar reformas en su gobernanza y garantizar que grupos como Hamás no tengan un papel en el futuro del país.
Este reconocimiento ha generado diversas reacciones. Mientras que para muchos es un gesto en favor de la paz y la autodeterminación del pueblo palestino, ha sido fuertemente criticado por el gobierno de Israel. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha calificado la creación de un Estado palestino como “un absurdo premio al terrorismo” y ha advertido que pondría en peligro la seguridad de Israel. La decisión se produce en un momento de gran tensión en la zona, con la ofensiva militar israelí en Gaza y la Asamblea General de la ONU en marcha, donde el futuro de Palestina es un tema central de debate.