
La Silla Vacía es hoy un medio que sobrevive más por credibilidad que por músculo financiero. Fundada en 2009 por Juanita León, se consolidó como la referencia del periodismo político en Colombia, pero llegó a 2025 con una herida seria: perdió cerca del 40% de sus ingresos de golpe, principalmente porque Facebook le cortó el contrato de verificación de contenidos, que representaba casi un tercio de lo que entraba. A eso se sumaron recortes en grants internacionales, incluyendo los efectos del desmantelamiento de USAID bajo el gobierno Trump, que afectó a muchos medios independientes en América Latina.
La respuesta fue la “Sillatón”, una campaña de donaciones urgente lanzada en octubre de 2025 para pedirle directamente a sus lectores que los sostuvieran. Eso dice mucho del momento que viven: un medio que antes dependía de grandes contratos institucionales ahora le pasa el sombrero a su audiencia para no apagarse antes de las elecciones de 2026.
En lo operativo, el ajuste ya era visible antes de esa crisis. No tienen un estudio grande ni oficinas corporativas. Funcionan en un coworking en Chapinero, con un equipo de unas 40 personas, y la mayoría trabaja desde casa o de forma híbrida. Sus periodistas regionales operan desde sus propias ciudades. Es un modelo austero que les permite sobrevivir, pero que también muestra sus límites cuando ves un live grabado desde un apartamento con una sola cámara.
En audiencia, el panorama es más alentador. Tienen alrededor de 844 mil usuarios únicos mensuales en su web, más de un millón trescientos mil seguidores en X, casi 700 mil en Instagram y unos 235 mil en YouTube, donde están apostando fuerte con contenido en video. Su público es pequeño comparado con los grandes canales de televisión, pero es un público que importa: mayores de 45 años, concentrado en las principales ciudades, con poder de influencia en política y empresas. Es la audiencia que lee los contratos públicos y que vota en las juntas directivas.
El problema de fondo es estructural y no es solo de ellos. El periodismo digital independiente en Colombia y en el mundo está en una encrucijada: Google cambió su algoritmo y manda menos tráfico, Facebook prácticamente abandonó las noticias, los grants internacionales se están secando y la publicidad tradicional se fue a las plataformas. La Silla Vacía lo sabe mejor que nadie porque ellos mismos lo han reportado en varios especiales sobre la crisis de los medios.
La pregunta que queda abierta es si el modelo de donaciones directas de lectores puede reemplazar lo que antes daban los grandes financiadores. Por ahora siguen publicando, siguen siendo el medio más citado en política colombiana y llegarán a las elecciones de 2026 cubriendo cada movimiento. Pero llegan más delgados, más dependientes de su comunidad y con menos margen de error.