
La Plaza de la Paz no fue anoche un simple escenario; fue un estallido de color. En el marco del Fin de Semana de la Tradición, la Fiesta de Comparsas se tomó el corazón de la ciudad para demostrar por qué el Carnaval de Barranquilla es Patrimonio de la Humanidad. Las imágenes capturadas durante la jornada narran una historia de disciplina, herencia y desbordante creatividad.

Un festín para los sentidos
Desde el primer redoblante, la atmósfera se transformó. Las fotografías revelan la meticulosidad de los atuendos: lentejuelas que desafían la oscuridad, plumas que cobran vida con el viento y maquillajes artísticos que convierten a los hacedores en personajes de leyenda.
- La Tradición en primer plano: Las Comparsas de Tradición Popular mantuvieron el pulso de la identidad, con movimientos que evocan el sentir del barrio y la herencia de las danzas centenarias.
- El brillo de la Fantasía: Por otro lado, las Comparsas de Fantasía elevaron la apuesta visual con coreografías de alto impacto y diseños vanguardistas que transformaron la plaza en un teatro a cielo abierto.

El alma de la fiesta
Más allá del espectáculo, las cámaras lograron captar la esencia humana: el sudor de los bailarines, la sonrisa inagotable de las reinas y el rigor de los directores que, tras bambalinas, coordinan a más de cien colectivos. Es un despliegue de diversidad donde convergen todas las edades, unidos por un mismo fin: mantener viva la llama de la festividad.

La música, que parece emanar de las mismas imágenes, guio una noche impecable donde la coreografía fue la gran protagonista, reafirmando que el Carnaval no solo se baila, sino que se esculpe con cada gesto.